La leyenda del Auxerre cuestiona la espectacularidad y la esencia del fútbol practicado por mujeres. Este artículo reexpone sus argumentos y contextualiza la reacción pública, además de incorporar datos históricos relevantes.
La figura histórica del Auxerre, Guy Roux, vuelve a estar en el centro del debate futbolístico tras una entrevista con L'Est Éclair en la que, a sus 87 años, habló sin filtro sobre el fútbol femenino.
Aunque reconoce el esfuerzo y la dedicación de las jugadoras, el veterano entrenador cuestiona la espectacularidad y la esencia del deporte practicado por mujeres.
En su lectura, los partidos femeninos no alcanzan la vistosidad de algunos encuentros de primera división que, según él, se disputan ante audiencias modestísimas, como 800 espectadores.
Este marco de referencia, dice, invita a reflexionar sobre la convicción de que lo femenino no llega a la altura de lo masculino en el ámbito competitivo.
Para reforzar su argumento, Roux argumentó que existen diferencias físicas entre hombres y mujeres que, desde su punto de vista, resultan insalvables para el alto rendimiento.
Afirmó que la mujer, según su experiencia y convicción, está hecha para dar a luz y que esa condición conlleva una complexión con caderas más anchas.
En esa línea, sostuvo que el fútbol no está diseñado para ese tipo de biomecánica. Estas consideraciones, que vienen acompañadas de una comparación con la estructura corporal típica de los hombres, generaron un debate inmediato sobre la objetividad de sus juicios.
Como apoyo a su tesis, Roux relató una anécdota personal sobre una atleta de élite en atletismo de 100 metros, con la idea de ilustrar diferencias de rendimiento: supuestamente, incluso con un entrenamiento extremo, un rival masculino podría cubrir la distancia con una ventaja que, según su relato, varía entre 12 y 14 metros.
Estas afirmaciones han sido interpretadas por críticos y aficionados como una reducción de las capacidades de las jugadoras a factores biológicos.
La polémia se ha intensificado porque, en la realidad del fútbol francés, el equipo femenino del Auxerre se encuentra liderando la Segunda División, en un contexto en el que la entidad y su historia se asocian a una imagen de institución.
Su opinión sobre la viabilidad de enfrentamientos entre categorías femeninas y masculinas ha sido recibida con escepticismo por parte de observadores, que señalan que la comparación entre equipos de diferentes géneros y niveles no es simple ni justa desde el punto de vista de la competencia.
En cualquier caso, la conversación ha puesto de relieve una vez más el choque entre tradición y cada vez mayor reconocimiento del fútbol femenino en Francia.
La trayectoria de Roux, quien ha pasado más de cuatro décadas al frente del banco técnico del Auxerre, añade una capa histórica a este episodio: su figura simboliza una era del fútbol francés que se ve ahora confrontada con un movimiento social y deportivo que empuja por la equiparación de oportunidades.
Aunque la opinión del entrenador puede discutirse y ser interpretada de múltiples maneras, el episodio coincide con un momento de creciente visibilidad para las futbolistas francesas y, en sentido amplio, para el deporte femenino a escala global.
Supuestamente, el debate no está cerrado y podría seguir alimentándose en las próximas semanas, alimentando una conversación que cruza límites entre tradición, ciencia y la percepción pública del fútbol femenino.