Osakidetza instalará en octubre el equipo de protonterapia en el Hospital Universitario Donostia, con primeros pacientes en enero de 2028. Una inversión de 61 millones de euros que sitúa a Euskadi a la vanguardia del tratamiento oncológico.

Si hay algo que da miedo del cáncer, aparte de la enfermedad en sí, son los tratamientos. La quimioterapia y la radioterapia tienen fama de ser agresivas, de dejar secuelas. Pero la ciencia avanza, y una de las técnicas más prometedoras para combatir tumores sin dañar tanto el tejido sano es la protonterapia. Y lo mejor: Euskadi va a tener su propia unidad, en el Hospital Universitario Donostia.

Osakidetza, el servicio vasco de salud, ha anunciado que las obras del nuevo edificio que albergará el equipo de protonterapia están a punto de terminar.

De hecho, la instalación del aparato está prevista para octubre de este mismo año, y se espera que los primeros pacientes puedan empezar a recibir tratamiento en enero de 2028.

Todo esto con una inversión de más de 61 millones de euros, una cantidad que demuestra la apuesta por la innovación en la sanidad pública vasca.

Pero, ¿qué es exactamente la protonterapia? A grandes rasgos, es un tipo de radioterapia que utiliza protones en lugar de los rayos X tradicionales.

Los protones son partículas cargadas que se pueden dirigir con mucha precisión sobre el tumor, liberando la mayor parte de su energía justo en el punto exacto.

Así, se daña menos el tejido sano que rodea al cáncer. Es como si en lugar de disparar a lo loco, usáramos un láser de precisión. Esto es especialmente útil cuando el tumor está cerca de órganos vitales, como el cerebro, los ojos o la médula espinal.

La nueva unidad de protonterapia de Euskadi no solo beneficiará a pacientes vascos, sino también a los de comunidades cercanas. Se convertirá en un centro de referencia para tratar tumores complejos, sobre todo en niños. De hecho, la protonterapia está especialmente indicada para tumores pediátricos del sistema nervioso central, retinoblastomas, sarcomas y otros cánceres infantiles.

En adultos, también se utiliza para tumores oculares, de base de cráneo, cabeza y cuello, y ciertos tumores cerebrales y de partes blandas.

El edificio que albergará la unidad es impresionante: 8.287 metros cuadrados distribuidos en cuatro plantas, con un búnker para el acelerador de protones, salas de tratamiento, áreas de diagnóstico, resonancias magnéticas, escáneres y espacios para pacientes y profesionales.

Todo diseñado para ofrecer la mejor atención posible.

Pero este proyecto no sería posible sin la colaboración de la Fundación Amancio Ortega, que ha donado 280 millones de euros para adquirir diez aceleradores de protones en diferentes comunidades autónomas.

Euskadi es una de las afortunadas. La fundación ya ha colaborado en otras iniciativas oncológicas, y esta vez ha querido impulsar la protonterapia a nivel nacional.

La protonterapia no es nueva: se lleva usando desde los años 90 en países como Estados Unidos, Japón o Alemania. Pero en España todavía es poco común. De hecho, solo hay unas pocas unidades, principalmente en centros privados. Que Osakidetza apueste por esta tecnología en la sanidad pública es un gran paso adelante.

Los responsables del proyecto, Unai Zulueta y Txema Urraca, han explicado que la unidad se integrará plenamente en la actividad del Hospital Donostia y trabajará coordinada con los servicios de oncología radioterápica, radiofísica y protección radiológica.

Además, se participará en redes estatales de protonterapia para fomentar la investigación y la formación de profesionales.

En resumen, la Unidad de Protonterapia de Euskadi es una gran noticia para los pacientes con cáncer de la región. Ofrece tratamientos más precisos, con menos efectos secundarios y con la mejor tecnología disponible. Y todo dentro del sistema público de salud, lo que garantiza el acceso a todos, independientemente de su situación económica. Un avance que sitúa a Euskadi a la vanguardia de la oncología radioterápica en Europa.

Y ahora, toca esperar a que las obras terminen y que los primeros pacientes empiecen a beneficiarse de esta técnica revolucionaria. La cuenta atrás ha comenzado.