La vicelehendakari Ibone Bengoetxea subraya que el uso del euskera debe sumar y no enfrentar a la gente, en el marco de la polémica sobre Korrika; se contextualiza la historia de la lengua y este evento en la convivencia vasca.
En Euskadi, la polémica desatada por Korrika ha llevado a la vicelehendakari Ibone Bengoetxea a subrayar una idea sencilla pero crucial: el euskera no debe servir para dividir, sino para sumar.
En una entrevista, la dirigente política afirmó que cualquier interpretación del idioma que segregue a la gente es contraproducente para el futuro de la convivencia.
Según su lectura, Korrika, más allá de ser un simple acontecimiento, ha sido históricamente un gran espacio social donde convergen personas de distintas sensibilidades en torno al euskera.
Explicó que hay que cuidar que siga siendo un lugar que sume, que evite muros y trincheras. “El euskara necesita puentes”, dijo, para abrir alianzas amplias y espacios compartidos que fortalezcan la convivencia en las localidades vascas. Sus palabras llegan en un momento en que el debate sobre la normalización del euskera sigue activo en los distritos, municipios y en el Parlamento vasco.
Contexto histórico: Esta discusión no es nueva. Durante años, el euskera fue relegado y su uso quedó vinculado a conflictos políticos. Con la transición a la democracia y la creación de la autonomía, el proceso de normalización del euskera se ha ido fortaleciendo a través de leyes y políticas públicas que buscan garantizar el uso del idioma en la educación, la administración y la vida cotidiana.
En ese marco, iniciativas como Korrika han formado parte de ese proceso: nace a principios de los años 80 como una campaña de apoyo a la enseñanza del euskera y se convierte en una marcha que atraviesa pueblos y ciudades, uniendo voluntarios, familias y estudiantes.
Cada edición suele recaudar fondos para escuelas y proyectos lingüísticos, y se impone como un barómetro de la salud de la lengua en la sociedad.
En este marco, la vicelehendakari ha pedido que el debate público se haga desde la colaboración y el reconocimiento de la diversidad de identidades que coexisten en la comunidad.
Aunque el lenguaje es un tema sensible, su enfoque se centra en crear puentes entre quienes hablan euskera y quienes lo aprenden, para que el uso del idioma sea un patrimonio común y no una fuente de exclusión.
Con esa visión, se espera que las alianzas entre fuerzas y entidades sociales que apoyan la normalización del euskera se fortalezcan. Korrika, como símbolo de esfuerzo compartido, puede ser recordada no solo por sus kilómetros, sino por su capacidad para reunir a gente de distinto origen en nombre de una convivencia plural.
Este discurso llega en un momento en que la política lingüística busca incorporar a la sociedad en proyectos de futuro comunes, en una Euskadi que quiere caminar unida a través del lenguaje.
En resumen, estas declaraciones subrayan la idea de que el idioma es una baza colectiva para el desarrollo y la cohesión social.