Un ambulatorio de Barakaldo consigue la máxima calificación energética tras sustituir la caldera de gas por una de biomasa y optimizar instalaciones. La inversión, casi 500.000 euros, forma parte de la estrategia de Osakidetza para una sanidad más sostenible y eficiente.
Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, que se conmemora cada 5 de junio, Euskadi suma un ejemplo práctico de sostenibilidad en el ámbito sanitario.
En el ambulatorio Zaballa, perteneciente a la OSI Barakaldo-Sestao, Osakidetza ha culminado una renovación energética que ha cambiado por completo la manera de abastecer de calor y agua caliente al edificio.
La gran estrella de la reforma es la sustitución de la antigua caldera de gas por una caldera de biomasa, alimentada con pellets. Este cambio no solo reduce el consumo de combustibles fósiles, sino que, al considerar el balance de emisiones, la biomasa se presenta como una opción de emisiones netas neutras: se liberó CO2 durante la combustión, pero la planta que produce la biomasa había absorbido esa misma cantidad de CO2 durante su crecimiento.
Así, a lo largo del ciclo de vida, no se añade CO2 adicional a la atmósfera.
La implementación de la caldera de biomasa viene acompañada de una serie de mejoras que refuerzan la eficiencia energética del centro. Se ha optimizado la producción de agua caliente sanitaria (ACS), se han introducido equipos de bombeo más eficientes y se han instalado sistemas de control y monitorización para vigilar y ajustar el consumo en tiempo real.
Todo ello contribuye a una reducción notable de las pérdidas energéticas y a un uso más inteligente de la energía disponible. En conjunto, estas actuaciones han permitido no solo una notable mejora en la comodidad y fiabilidad de los servicios, sino también la obtención de la calificación de eficiencia energética de nivel A, la más exigente y alta dentro de los estándares vigentes.
La inversión total se sitúa alrededor de los 500.000 euros. En el marco de un plan estratégico de Osakidetza, estas medidas forman parte de un esfuerzo más amplio para cumplir criterios de sostenibilidad energética en los centros de salud: reducir consumos, aumentar la producción de renovables y avanzar hacia un modelo más sostenible y autosuficiente.
El objetivo corporativo incluye, además, la posibilidad de autoabastecer, al menos de forma parcial, la demanda eléctrica de los centros y disminuir las emisiones de CO2 asociadas a la actividad sanitaria.
Este proyecto se enmarca en una trayectoria más amplia de Osakidetza hacia la eficiencia energética que, en Euskadi, se ha ido consolidando a lo largo de los años con distintas actuaciones: mejora de infraestructuras, sustitución de equipamientos por tecnologías de menor consumo y una creciente integración de fuentes renovables en la red sanitaria.
Aunque cada centro enfrenta particularidades, la lógica común es clara: pasar de soluciones tradicionales basadas en combustibles fósiles a sistemas más limpios, con mayor control y menor consumo.
Para los ciudadanos y profesionales que usan este ambulatorio, el resultado es tangible: menos ruidos, menos vibraciones, menos polvo y, sobre todo, un edificio que funciona con menos impacto ambiental y con mayor confianza en la continuidad del servicio.
Es una muestra más de que la salud y el cuidado del entorno pueden ir de la mano, y de que, cuando se prioriza la eficiencia energética, los beneficios no se limitan a las facturas, sino que se traducen en una atención médica más sostenible y resiliente.
En resumen, este paso en Barakaldo no es un caso aislado, sino una pieza de un rompecabezas más amplio que pretende convertir a Osakidetza en una organización sanadora tanto para las personas como para el planeta.