Análisis sobre cómo la expresión facial puede influir en la percepción profesional de las mujeres y qué hacer ante el sesgo en la oficina.
Una pregunta que surge en muchas oficinas es si la forma de sonreír de una mujer puede afectar la seriedad con la que se la toma en su puesto. En una columna publicada originalmente en USA TODAY bajo el formato Ask Johnny, se aborda el caso de una profesional que afirma haber recibido una observación de liderazgo: su sonrisa frecuente hace que algunas personas la perciban como menos seria.
La idea central no es trivial: la percepción en el entorno laboral puede marcar diferencias en la forma en que se evalúa su desempeño, su autoridad y su capacidad de tomar decisiones.
Este tema, que combina lenguaje, comportamientos y normas de género, merece un análisis cuidadoso y herramientas prácticas para enfrentarlo.
La cuestión clave es distinguir entre retroalimentación constructiva y sesgo. Como señala el asesor, comentarios como “eres demasiado dulce” o “pareces poco seria” suelen reflejar más la sesgación del que habla que la aptitud de la persona evaluada.
Cuando estas observaciones cruzan una línea y están ancladas en estereotipos de género, es razonable involucrar a recursos humanos o a la alta dirección para su revisión.
Sin embargo, la realidad es más compleja: la percepción importa en el día a día, y no siempre es posible ignorarla por completo. En el trabajo, a veces hay que leer la sala, adaptar el tono y decidir cuándo la calidez puede ser una fortaleza y cuándo podría percibirse como falta de firmeza.
El asesor propone varias pautas prácticas. En primer lugar, distinguir entre comentarios que aportan claridad para mejorar el rendimiento y simples juicios de valor, que pueden estar cargados de sesgo.
En segundo lugar, entender que ser afable no es lo mismo que desestimar responsabilidades: la amabilidad y la accesibilidad son fortalezas, pero hay que acompañarlas de una presencia y una comunicación que transmitan confianza.
En tercer lugar, si no está claro, buscar retroalimentación de colegas de confianza o un mentor para obtener una visión externa y equilibrada. Este enfoque ayuda a separar la señal útil del ruido discriminatorio.
Además, conviene considerar el contexto y el puesto. A veces, la diferencia entre “ser simpática” y “ser tomada en serio” depende del entorno, del rol y de las expectativas que circulan en una organización.
Presuntamente, entornos con mayor diversidad y estructuras de liderazgo más transparentes tienden a corregir este tipo de sesgos al priorizar resultados y habilidades, además de promover políticas claras de feedback.
Supuestamente, la cultura de una empresa puede favorecer que las percepciones sobre la actitud personal no interfieran con las evaluaciones de desempeño si se establecen criterios objetivos y se fomenta la comunicación abierta.
La historia de las mujeres en el mundo laboral ofrece contexto: durante décadas se ha discutido cómo normas sociales y estereotipos condicionan la forma en que se valoran rasgos como la amabilidad o la sociabilidad.
En las últimas décadas, diversos programas de desarrollo de talento y recursos humanos han puesto el foco en la equidad y en la necesidad de separar la competencia real de las impresiones subjetivas.
En este sentido, presuntamente, la atención a la diversidad en liderazgo busca evitar que la empatía o la cordialidad se conviertan en obstáculos para el ascenso o la credibilidad profesional.
Es fundamental entender que el objetivo no es cambiar quién eres, sino gestionar la presencia profesional de manera estratégica y auténtica.
En conclusión, la recomendación es clara: mantén la profesionalidad, sé consciente de cómo te perciben y, cuando sea necesario, busca el apoyo adecuado para ajustar la comunicación sin perder tu esencia.
No se trata de encajar un molde rígido, sino de equilibrar calidez con confianza y claridad. En un mundo laboral que evoluciona hacia la inclusión, lo importante es demostrar que el rendimiento y el carácter son compatibles y que la sonrisa, bien canalizada, puede coexistir con la autoridad y la competencia.