Un estudio de Modern Health revela que una parte importante de la plantilla recurre a alcohol, cannabis y fármacos sin receta para sobrellevar la jornada, con mayor incidencia entre los más jóvenes, y alerta sobre riesgos para la salud y la productividad.
El estrés en el trabajo está dejando huellas en la vida de millones de trabajadores. Un informe reciente de Modern Health, la plataforma de salud mental en el trabajo, señala un fenómeno que pocos imaginaban: la automedicación para afrontar la jornada.
Según el estudio, casi dos tercios de los empleados dicen haber recurrido al alcohol, al cannabis o a fármacos sin receta en los últimos 12 meses para desconectar al terminar la jornada.
Y más de la mitad admite haber usado estas sustancias incluso durante la jornada laboral. En otras palabras: la presión de la oficina, la fábrica o la tienda está empujando a atajos que pueden salir caros a la salud y a la productividad.
Entre los datos que destacan, el informe subraya que la generación Z utiliza THC durante el día de trabajo en un 51%, y un 59% lo hace después de salir.
Esto demuestra que la ansiedad, el cansancio y la necesidad de aguantar el ritmo se han instalando desde muy pronto. Los expertos señalan que el alivio que proporcionan estas sustancias es corto, y que a la larga no resuelven las causas del estrés. La directora clínica de Modern Health señala que lo importante es la magnitud del fenómeno y advierte del riesgo de convertir el uso durante el periodo laboral en una práctica normal para una generación que ya está lidiando con un entorno laboral extremadamente desafiante.
El informe también enfatiza que el estrés no solo afecta a los que trabajan; en los últimos 30 días, el 51% de los trabajadores ha llorado por el estrés laboral y el 52% ha mostrado síntomas de ansiedad o ataques de pánico en el trabajo.
Además, casi el 90% dicen que el agotamiento ha dañado su productividad. Por si eso fuera poco, el temor a la inteligencia artificial está añadiendo una capa adicional de presión: casi 7 de cada 10 empleados esperan despidos por IA y casi la mitad dice estar preocupado por perder su empleo ante la tecnología.
Para entender el contexto, conviene mirar datos históricos. Durante décadas, la salud mental en el trabajo recibió poca atención; la norma era trabajar más y rendir sin mirar las señales de cansancio. Con la globalización y la revolución digital, el estrés se ha convertido en un fenómeno estructural. La pandemia aceleró el cambio en el tejido laboral: más demandas, más horarios irregulares, más incertidumbre. En los últimos años, las empresas han empezado a reconocer la necesidad de cuidar la salud mental, pero la solución no debe ser simplemente favorecer la beneficencia laboral; se trata de fomentar hábitos sostenibles y un entorno de trabajo que permita apoyo real fuera de las horas de oficina.
El informe advierte que la dependencia de soluciones rápidas podría agravar el problema si no se combate las causas subyacentes.
En resumen, Modern Health dibuja un mapa claro: el estrés laboral está impulsando a muchos a buscar un respiro inmediato con sustancias, sin abordar las causas.
No se trata de moralizar, sino de buscar un equilibrio entre la productividad y el bienestar. Frente a ello, los analistas sostienen que lo fundamental es invertir en apoyo real, políticas de salud mental en las empresas y fomentar redes de apoyo fuera del trabajo para que las personas puedan desconectar sin depender de atajos.
Si la presión sigue, los costes para la salud y para la economía serán mayores; la solución pasa por corregir las condiciones que generan ese estrés y por promover hábitos que fortalezcan la resiliencia de los trabajadores.