La cadena de comida rápida está moviendo el servicio de refrescos desde las fuentes de autoservicio hacia un sistema en el que el personal llena las bebidas en mostrador y se introducen nuevas bebidas para atraer al público. Todo ello, con un plan que se fue anunciando hace años y que sigue desplegándose.
McDonald’s está ajustando, otra vez, la forma en que te sirven las bebidas en sus restaurantes. El cambio no es menor: la cadena está avanzando hacia un modelo en el que ya no se utilizarán las fuentes de refrescos de autoservicio dentro de la sala.
En su lugar, el personal será el responsable de rellenar las bebidas a petición del cliente, manteniendo la consistencia entre todos los puntos de compra: desde el McDelivery o la app, hasta el quiosco, el drive-thru y, sí, la propia sala.
Este movimiento, que ya se venía anunciando desde 2023, se está desplegando poco a poco y se espera completar la transición en todo el país en los próximos años.
La idea de fondo es clara: que la experiencia sea igual de simple y fiable, independientemente de dónde se pida. Si el cliente quiere un refresco con su pedido, tendrá que hacerlo en mostrador o a través del personal de la mesa; no habrá máquinas de autoservicio para rellenar por cuenta propia.
Según McDonald’s, el objetivo es crear una experiencia homogénea para clientes y trabajadores, sin importar si pides desde la app, en la ventanilla o en la caja dentro del restaurante.
Esto ya había generado cambios en algunas tiendas de Illinois en años anteriores, donde algunos locales fueron elegidos para probar el sistema llamado “crew pour” (literalmente, “sirve el equipo”).
En esas operaciones, los trabajadores asumían la responsabilidad de rellenar las bebidas, una labor que, según los gerentes, representaba una ligera adaptación para clientes y personal, pero sin provocar grandes quejas.
A pesar de que la información inicial de este proceso se comunicó hace años, la implementación continúa avanzando de forma gradual. En foros y redes sociales, muchos usuarios han ido notando que el cambio se extiende poco a poco a distintas regiones, a veces apareciendo primero en unidades grandes o en rutas de transporte donde la demanda de bebidas es más alta.
Y, de cara al cliente, la experiencia de pedir un refresco sigue siendo rápida, pero con la tarea de rellenar reposiciones gestionada por el personal, no por la máquina.
La empresa, cuando se le preguntó en mayo, no aportó novedades sustanciales sobre el avance del proyecto.
Junto al cambio en el servicio, McDonald’s ha presentado una renovación de su oferta de bebidas. La cadena anunció una nueva línea de seis bebidas especiales para refrescos y “dirty sodas” (refrescos turbio, con capas de sabor y espuma), que se añadirán a su menú.
Entre ellas están tres refrescos a base de limón con fresa y sandía (Strawberry Watermelon Refresher), mango y piña (Mango Pineapple Refresher) y una mezcla de mora y fruta de la pasión (Blackberry Passion Fruit Refresher).
También llega una opción llamada Sprite Berry Blast, que combina Sprite con jarabe de arándano y una capa de espuma fría, y dos variantes más: Orange Dream, que junta Hi-C Orange con vainilla y espuma fría, y Dirty Dr Pepper, que mezcla Dr Pepper con vainilla y espuma.
El objetivo de estas incorporaciones es ofrecer bebidas más novedosas y atractivas para un público que cada vez valora más las opciones de personalización y sabor.
La responsable de marketing y experiencia del cliente de McDonald’s USA, Alyssa Buetikofer, destacó que los aficionados a las bebidas siempre buscan algo más que un refresco; para muchos, las bebidas son ya casi un motivo en sí mismas para acudir a la cadena.
Dijo que, pronto, las bebidas podrían convertirse en “la razón” para elegir McDonald’s, no solo un acompañamiento. A partir de mayo, estas seis bebidas especiales estarán disponibles en los restaurantes de todo el país.
Este movimiento se enmarca dentro de una estrategia más amplia de estandarizar la experiencia del cliente en todos los canales. Aunque el foco inicial fue el formato de autoservicio de bebidas, la idea es que, sin importar si haces el pedido en la app, en un quiosco o en la ventanilla, el manejo de las bebidas sea coherente y eficiente.
En términos históricos, la transición de refrescos desde fuentes de autoservicio a un modelo gestionado por el personal no es nueva en la industria de la comida rápida: muchas cadenas han intentado, a lo largo de las décadas, simplificar procesos para reducir pérdidas, mejorar la seguridad alimentaria y evitar robos de bebidas.
En el caso de McDonald’s, el objetivo parece ser, además, ofrecer una experiencia de marca más uniforme y menos dependiente de máquinas que, en ocasiones, pueden fallar o ensuciar.
En resumen, McDonald’s continúa consolidando un cambio que ya dio sus primeros pasos hace años: mover el control de las bebidas desde las máquinas hacia el mostrador y el personal, reforzando al mismo tiempo la carta de bebidas con novedades que buscan captar a un público cada vez más exigente y curioso.
Aunque a simple vista pueda parecer un detalle menor, la forma en que se sirve la bebida forma parte de la experiencia general de comer fuera de casa, especialmente para quienes buscan rapidez, consistencia y una oferta que invite a probar cosas nuevas.
Si estas novedades se consolidan, en los próximos años podría verse un McDonald’s aún más dependiente de su capacidad para innovar en sabor y en servicio, manteniendo una promesa de rapidez sin complicaciones para el cliente y un flujo de trabajo más claro para el personal.