Un análisis revela que aunque la inflación se ha moderado, los precios de la vivienda, la sanidad y la educación se han disparado en los últimos 50 años. Te explicamos por qué tu bolsillo lo nota aunque los datos digan lo contrario.

¿Te has fijado en que, aunque digan que la inflación se está enfriando, cada día te cuesta más llegar a fin de mes? Pues no eres el único. En Estados Unidos, un informe de ConsumerAffairs ha destapado una paradoja: el poder adquisitivo de los estadounidenses ha crecido un 73,1% entre 1974 y 2024, pero la gente se siente más pobre que nunca.

¿Cómo es posible?

Primero, lo bueno: si ajustamos los ingresos por inflación, el salario medio individual ha pasado de 28.278 dólares en 1974 a 48.960 en 2024. Además, muchos productos tecnológicos y de consumo se han abaratado. Pero aquí viene lo malo: los gastos gordos, los que no puedes evitar, se han disparado. Hablamos de la vivienda, la sanidad y la educación.

Empecemos por la vivienda. El precio medio de una casa ha pasado, en dólares ajustados a 2024, de 229.342 a 418.975. ¡Casi el doble! Y el alquiler mensual ha subido de 910 a 1.487 dólares. Esto significa que, para un joven, comprar una casa es hoy misión imposible comparado con sus padres. En los años 80, los tipos de interés hipotecarios llegaron al 18%, pero las casas eran mucho más baratas. Ahora los intereses son más bajos, pero los precios están por las nubes.

La educación también se ha vuelto un lujo. Estudiar en una universidad pública de cuatro años costaba, en términos actuales, 3.270 dólares anuales en 1974. Ahora, 9.872. En las privadas, de 13.010 a 35.911. El poder adquisitivo para educación se ha reducido un 42,7%. ¿La causa? Los estados recortaron ayudas, las universidades se llenaron de instalaciones caras para atraer alumnos, y los préstamos federales crecieron, pero luego toca devolverlos.

En sanidad, el gasto medio anual de tu bolsillo ha pasado de 972 a 1.632 dólares en esos 50 años, una caída del 17,2% en poder adquisitivo sanitario. Eso sí, la esperanza de vida ha subido de 71,8 a 79,25 años. Pero pagarlo duele. Mientras tanto, las aseguradoras y hospitales suben precios sin control, y el gobierno mete dinero público que al final acaba en los bolsillos de unos pocos.

¿Y qué ha pasado con la inflación? En los años 70, la inflación en EE.UU. llegó al 14%, pero los salarios también subían rápido. Ahora, aunque la inflación se ha moderado (sobre todo tras los picos de 2022), los precios acumulados siguen altos. Por eso, aunque el dato de inflación sea bajo, los precios no bajan; solo suben más despacio. Y tu bolsillo lo nota porque lo que antes costaba 100 ahora cuesta 120, y sigue subiendo. En España, algo parecido ocurre: la vivienda se ha encarecido un 40% en la última década, y la inflación acumulada hace que cada euro rinda menos.

El informe concluye: "¿Estamos mejor? Pregúntale a un jubilado con casa pagada, y dirá que sí. Pregúntale a un recién titulado que comparte piso, y dirá que no". Ambas cosas son ciertas. Así que, aunque los números digan que somos más ricos sobre el papel, la realidad del día a día es otra. La culpa la tiene el dinero fácil de los bancos centrales y el gasto público descontrolado, que hinchan los precios de los activos mientras los salarios se quedan atrás.

Para los españoles, la situación no es muy diferente. La vivienda también se ha encarecido desproporcionadamente, la sanidad pública está tensionada y la educación, cada vez más cara. La lección es que no basta con que la inflación se enfríe: necesitamos que los precios sean asequibles, y eso pasa por políticas que fomenten la oferta de vivienda, contengan los costes sanitarios y hagan la educación accesible.

Mientras tanto, a cuidar cada euro.