La tradicional regla del 4% para retirar dinero en la jubilación podría no funcionar con rendimientos actuales y longevidad creciente. Este artículo explica los riesgos y propone enfoques prácticos para una planificación más flexible.
La idea que muchos llevaban como manual para la jubilación era simple y tranquilizadora: retira el 4% de tu ahorro en el primer año de la jubilación y ajusta esa cantidad cada año por la inflación.
Durante años, esa regla sirvió como brújula para millones de personas que buscaban que su dinero durara lo suficiente sin sorpresas. Pero la realidad financiera de hoy no es la de hace décadas. Los rendimientos de bonos siguen bajos y la bolsa ha mostrado ciclos de alta y baja que, en conjunto, cambian las reglas del juego. Por eso muchos expertos dicen que la regla del 4% podría quedarse corta para las nuevas generaciones.
Para entenderlo, pongámonos en números simples. Si te jubilas con un ahorro de 1 millón de dólares, la regla te proponía retirar 40.000 dólares el primer año y luego ajustar esa cifra con la inflación anual. Suena razonable, pero hay dos frentes que complican esa matemática: el rendimiento real de las inversiones y el momento en que comienzas a gastar.
En primer lugar, la coyuntura de hoy no garantiza que una cartera conservadora de bonos, combinada con acciones, aporte suficiente rendimiento para sostener el 4% año tras año.
Si los bonos no pagan lo esperado durante años y la bolsa también tiene periodos de rendimiento más bajo de lo previsto, el saldo puede agotarse antes de lo previsto, especialmente si las retiradas se producen en una fase temprana de la jubilación cuando el mercado está débil.
Esa es la llamada “risgo de secuencia de rendimientos”: sacar dinero justo cuando el mercado cae genera pérdidas que tardan mucho en recuperarse.
En segundo lugar, la vida no es un camino estable. Los gastos pueden subir por motivos de salud, viajes o cuidados, o bien bajar conforme cambia el estilo de vida. La regla que asume la necesidad de retirar la misma proporción cada año, salvo inflación, no refleja estas variaciones. Si preparas un presupuesto de forma más rígida, podrías quedarte corto de dinero cuando más lo necesitas o, al contrario, gastar de forma innecesaria en etapas tempranas cuando podrías permitírtelo más adelante.
Y, aunque la longevidad ha aumentado, esa mayor duración deja más tiempo expuesto tu capital a la volatilidad de los mercados y a la inflación real, que a veces erosiona el poder de compra más de lo esperado.
Lo que sí se sabe con claridad es que la regla fue una guía útil en su momento, basada en estudios de finales del siglo XX, como el famoso marco de la “regla del 4%” propuesto tras el análisis de portafolios históricos.
Con el paso del tiempo, pocos empresarios y asesores la recomiendan como única estrategia: muchos sostienen que es mejor verla como punto de partida, no como destino final.
En otras palabras, conviene ser más flexible y adaptar la retirada al contexto económico y a las circunstancias personales.
Una forma de enfrentarlo es combinar la regla con un enfoque práctico y dinámico. Esto implica: 1) mantener un presupuesto anual claro y revisarlo cada año, 2) guardar un colchón de liquidez para contingencias, 3) diversificar y ajustar la mezcla de activos de forma que el portafolio pueda resistir shocks sin comprometer el objetivo de gasto, 4) coordinar las distintas fuentes de ingresos (seguridad social, pensión, ingresos de trabajo o consultoría) para reducir la dependencia de la cartera, 5) considerar escalonar retiros según el rendimiento de los mercados y las necesidades de gasto de cada etapa de la vida.
En este contexto, también hay noticias sobre el ahorro para la jubilación que pueden favorecer a las personas que buscan una planificación más realista.
En Estados Unidos, por ejemplo, las autoridades fiscales han anunciado un aumento en los límites de aportación a planes 401(k) para 2026, permitiendo a los trabajadores ahorrar hasta 32.500 dólares para la jubilación (incluyendo aportaciones de recuperación). Esta subida facilita acumular más dinero con el que luego gestionar las retiradas, siempre dentro de un plan que combine prudencia y responsabilidad personal.
Es un recordatorio de que, si quieres independencia financiera en la vejez, conviene aprovechar estos márgenes para fortalecer el ahorro, sin depender de una única fórmula rígida.
En resumen, la regla del 4% no está descartada como punto de partida, pero su valor está en ser una guía inicial, no un mandato. Ante rendimientos más modestos, inflación variable y una mayor longevidad, lo sensato es adoptar un enfoque flexible: planificar con números, revisar con regularidad y ajustar en función de la situación económica y de las necesidades reales.
La clave es combinar ahorro disciplinado con retirada prudente y, sobre todo, mantener la libertad de adaptar el plan cuando el mercado cambie o cuando podamos disfrutar de nuestra jubilación con mayor seguridad y tranquilidad.