Una demanda por etiquetado de calorías y grasa en las barras de proteína David es retirada y cierra sin sentencia; el artículo explica qué se alegaba, qué pruebas se mencionan y qué significa para el consumidor.
Una historia que parecía incómoda para cualquier marca de alimentos terminó de forma inesperada: la demanda contra la barra de proteína de la marca David se ha desestimado y los demandantes han retirado el caso por completo.
En resumen, tres personas presentaron una queja en la Corte Federal del Sur de Nueva York a principios de año, alegando que las calorías y la grasa que figuran en las etiquetas no coincidían con lo que contenían realmente las barras.
Los demandantes eran Daniella López, de Los Ángeles; David Frefield, de Vernon Hills (Illinois); y Crystal Patterson, de Nueva York. Su demanda, presentada el 23 de enero, decía que la empresa engañaba a los consumidores al presumir bajas calorías y poca grasa, cuando en realidad las barras tenían más calorías y grasa de la anunciada.
Lo que sostiene la demanda no era un capricho: citaba pruebas de laboratorio para señalar que, según los análisis, las barras podían contener más calorías de las anunciadas.
Se decía que el recuento de calorías estaba por encima de las 150 indicadas y que el contenido de grasa superaba de forma notable el máximo declarado de 2,5 gramos.
En concreto, se aseguraba que las barras podrían oscilar entre 263 y 275 calorías por unidad, dependiendo del sabor, y que la grasa superaba los 10 gramos en algunas versiones.
Este tipo de discrepancias, según la demanda, violaría normas federales que regulan la información nutricional que deben proporcionar las empresas a los consumidores.
Para entender el tema, hay que saber un poco de historia de la nutrición. Las etiquetas de calorías y grasa que vemos en los envases se calculan con métodos estandarizados, como el sistema Atwater, desarrollado a finales del siglo XIX y principios del XX.
Este método estima cuántas calorías aporta cada alimento a partir de los macronutrientes: carbohidratos, proteínas y grasas. A la hora de las pruebas, algunas empresas han utilizado dispositivos como el bomb calorimeter para medir la energía liberada al quemar un alimento; la idea intuitiva es medir “cuánto calor sale” de la comida, pero la realidad es más compleja: el cuerpo humano no funciona como un horno y la cantidad de calorías que realmente podemos metabolizar puede diferir.
Todo ello explica por qué algunas etiquetas se han puesto en cuestión cuando las pruebas independientes dan resultados diferentes a los publicados por la marca.
En su defensa, la firma David negó las acusaciones y sostuvo que sus productos se etiquetan de forma correcta y conforme a las normas de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos).
En una carta publicada por USA TODAY, la empresa afirmó que las afirmaciones de la demanda eran infundadas y que estaban confiados en la exactitud de sus etiquetas nutricionales.
Además, argumentó que el caso no debe entenderse como una censura a la ciencia, sino como un malentendido sobre cómo se calculan y presentan las calorías y la grasa en las etiquetas.
El proceso dio un giro cuando, de forma voluntaria, los demandantes retiraron la demanda el 30 de marzo, más de dos meses después de haberla presentado.
En su comunicado, David declaró estar satisfecho de que el asunto quedara resuelto y señaló que seguirían centrados en sus clientes y en su negocio.
Aseguró también que mantiene la confianza en la precisión de sus etiquetas nutricionales. Los abogados de los demandantes no han hecho públicos comentarios definitivos, y la razón de la retirada no se explicó de forma detallada.
Un detalle curioso que circuló en redes fue la mención a una escena de la película Mean Girls: la firma David hizo referencia, en tono de broma, a no “que nadie reciba un trato de Regina George” en este caso sobre barras de proteína.
Aunque el episodio tenía un toque de humor, no debe confundirse con una trivialidad: hablamos de una disputa sobre datos que afectan a millones de consumidores cuando compran alimentos procesados.
Para el consumidor medio, ¿qué relevancia tiene esto? En primer lugar, subraya la importancia de las etiquetas claras y verificables. Si una empresa anuncia 150 calorías por barra y, en la práctica, una prueba independiente encuentra cifras sensiblemente diferentes, surge la necesidad de revisión y transparencia.
En segundo lugar, recuerda que, aunque algunas disputas lleguen a su fin sin una resolución judicial, existen mecanismos de control y regulación para garantizar que la información nutricional se presente de forma precisa y útil para quien toma decisiones de compra.
Y, por último, muestra que la gente puede exigir explicaciones cuando la percepción pública es que una etiqueta no refleja la realidad, incluso si, al final, el proceso legal se cierra sin sentencia definitiva.
En definitiva, este episodio enfatiza la vigencia de un debate que, a día de hoy, sigue siendo relevante para todos los que compran y consumen productos en el día a día.