Crónica de la exhibición de Roger Federer en Melbourne Park frente a Casper Ruud, con un repaso a su carrera, sus comentarios sobre Messi y su mirada a la nueva generación del tenis.
Más de una década y media después del anuncio de su retirada, Roger Federer volvió a saltar a una pista, aunque fuera en una exhibición, para dejar constancia de que su talento no se ha desvanecido.
A los 44 años, el suizo demostró que conservó la muñeca, la precisión y la elegancia que le valieron un lugar entre los grandes de todos los tiempos.
La cita tuvo lugar en Melbourne Park, escenario del Abierto de Australia, y enfrentó a Federer con Casper Ruud, quien en ese momento ocupaba el puesto 13 del ranking mundial.
Fue un duelo breve, pero significativo: un tie-break que Federer ganó por 7-2 tras algo menos de quince minutos de acción, suficiente para encender de nuevo la admiración de la afición y para dejar claro que no ha perdido su visión de la pelota ni su juego de mano suave y precisa.
El encuentro fue apenas un aperitivo de la historia que rodea a este regreso. Federer ha acumulado 103 títulos en el circuito ATP y conquistó 20 torneos de Grand Slam, un palmarés que lo sitúa entre los atletas más influyentes del siglo XXI.
Su presencia en Rod Laver Arena fue, para muchos, una señal de que la pasión por el tenis puede coexistir con un retiro ya definido, y que la clase se mantiene en la cancha, incluso cuando la competencia oficial no está en marcha.
Durante la jornada, el suizo se mostró receptivo a las preguntas de los medios y dejó entrever que, más allá de su vínculo con el deporte, su curiosidad por las historias y las personas sigue intacta.
En lo que respecta a Messi, Federer confesó ser un gran admirador del astro argentino. Recordó que lo conoció en un viaje relacionado con Del Potro y, si bien señaló que no lo conoce como persona íntimamente, destacó la magnitud de su figura y lo que representa para el fútbol.
“Me inspira lo que ha aportado al juego y la forma en la que ha llevado su carrera”, afirmó, dejando en claro que Messi no es solo un compañero de deporte, sino un referente global.
También dejó entreverse su interés por el Mundial: coincidió en afirmar que Suiza clasifica para la competencia y que seguirá con atención el devenir del torneo; por supuesto, deseó lo mejor para Messi mientras celebraba su propio modo de entender la competición.
En un marco más amplio, Federer no esquivó preguntas sobre la nueva élite del tenis, compuesta por Carlos Alcaraz y Jannik Sinner. El suizo elogió a ambos, aunque admitió sentirse más identificado con el estilo ofensivo de Alcaraz, con esa capacidad para crear ángulos y acciones que desequilibran a los rivales.
Sobre Sinner, reconoció que su juego ofrece matices distintos y que, si bien hay un interés natural en comparar generaciones, cada uno ha de escribir su propia historia.
En otro tramo de sus reflexiones, el suizo comentó que, a su juicio, los organizadores a veces priorizan la “final” entre estos jóvenes para el negocio del tenis, pero él quisiera ver pruebas en superficies extremadamente rápidas y extremadamente lentas para evaluar verdaderamente la adaptabilidad de cada jugador.
Con la experiencia de una carrera que dejó huella, Federer señaló que aquello que parecía escrito desde el inicio de su era deportiva podría no repetirse tan pronto, y que lo emocionante del tenis actual reside en ver a Alcaraz y Sinner disputando finales de los grandes torneos.
A modo de cierre, dejó una pregunta para el futuro: ¿quién será el siguiente capaz de desafiar el orden establecido y de convertir cada encuentro en una exhibición de talento? La respuesta, como todo en el tenis, llegará con el tiempo, pero lo que está claro es que la figura de Federer sigue generando inspiración y dejando huellas incluso fuera de la competencia profesional.