Paráfrasis de la noticia original sobre la preparación de Argentina para los Qualifiers de la Copa Davis 2026 frente a Corea del Sur, con Tirante y Trungelliti como singlistas y Andreozzi-Gómez en dobles, incluyendo contexto histórico de la Davis Cup de Argentina.
Argentina encara la serie de Qualifiers de la Copa Davis 2026 con una planificación basada en la lógica del capitán Javier Frana. No hubo sorpresas en la elección de los singlistas ni en la pareja de dobles: la cita se disputará en Busan, en la superficie dura y rápida del Gimnasio Gijang, y será la oportunidad para que el conjunto albiceleste marque el inicio de un camino que puede abrir las puertas a la fase final del torneo.
La decisión táctica apunta a aprovechar el estado de forma de los mejores jugadores disponibles y a rescatar la experiencia necesaria para competir en un formato de alta presión.
La nota no detalla precios de entradas o premios, por lo que no se realizaron conversiones a euros en esta cobertura.
Los encargados de iniciar la serie serán Thiago Tirante y Marco Trungelliti. Del lado surcoreano, la experiencia estará representada por Soonwoo Kwon, un ex jugador que en su mejor momento estuvo entre los Top 60 del mundo y que, por el servicio militar obligatorio, tuvo periodos de menor actividad; y por Hyeon Chung, ex número 19 del mundo y semifinalista del Abierto de Australia 2018, que ha atravesado distintas lesiones a lo largo de su trayectoria.
El dúo de dobles coreano está conformado por Jisung Nam y Uisung Park, que llega con un reciente logro en el Challenger de Phan Thiet, lo que añade ritmo competitivo a la visita argentina.
La jornada dominical estará cubierta por la dupla de dobles designada para cerrar la serie: Guido Andreozzi y Federico Gómez, la pareja de dobles natural más sólida entre los citados, con la misión de asegurar un punto si el desarrollo de los singles así lo requiere.
Este detalle subraya la idea de Frana de apostar por un equilibrio entre juventud y experiencia en una serie que pinta como exigente.
Tirante, el platense de 22 años, llega con una personalidad marcada y una agresividad controlada que ha sido una de sus señas de identidad. En la gira australiana anterior, dejó constancia de su potencia al registrar uno de los saques más veloces del torneo, alcanzando 228 km/h, y su drive mostró una progresión notable junto a un revés que también ha ganado en contundencia.
Su juego se adapta con facilidad a diferentes superficies, lo que le da un valor estratégico para enfrentarse a un rival que podría intentar quitarle tiempo.
Trungelliti, con 36 años, es el jugador de mayor experiencia en la convocatoria y porta una madurez que suele marcar la diferencia en momentos decisivos.
Su trayectoria en el circuito y su capacidad para gestionar la presión lo convierten en un ancla emocional para el equipo. Aunque su debut en esta Davis 2026 será reciente, trae recuerdos de campañas históricas y la certeza de poder abordar el reto con soltura. En 2016, cuando Argentina conquistó la Davis Cup en Zagreb, el capitán de aquel equipo, Daniel Orsanic, lo describió como alguien muy positivo para el grupo y como un ejemplo de liderazgo.
Esa referencia sirve de guía para este plantel que busca mantener la frialdad necesaria ante la adversidad y los ritmos variados de los rivales.
Entre los 95 argentinos que figuran en el ranking mundial, Trungelliti es el de mayor edad, mientras Tirante continúa ganando rodaje en el circuito y acumula experiencia en canchas duras.
La convocatoria para este cruce enfatiza la mezcla de juventud y experiencia, y refleja la confianza del cuerpo técnico en la capacidad de los dos singlistas para imponer su propio tempo en el inicio de la serie.
El equipo también se apoya en la solidez de Andreozzi y Gómez para aportar consistencia en la discusión de dobles, un aspecto que podría decantar la balanza si el cruce se mantiene parejo.
Desde el punto de vista técnico, la clave será traducir el ritmo de juego en presión constante sobre el rival. Si Tirante logra trasladar su agresividad a la altura del Gimnasio Gijang y si Trungelliti mantiene la calma para leer las trayectorias coreanas, Argentina podrá sumar un triunfo en los singles y financiar una posible esperanza de encarrilar la serie a su favor.
Frana ha dejado claro que no busca complicaciones innecesarias: su objetivo es extraer el máximo rendimiento de los componentes del equipo y, si corresponde, ajustar el plan para afianzar la victoria.
El contexto histórico de la Copa Davis ayuda a entender la motivación de este grupo. Argentina disputó años de altibajos hasta conquistar la Davis Cup de 2016 en Zagreb, un logro que dejó una huella profunda en la cultura tenística del país y que sirve como faro para las nuevas generaciones.
Aquel triunfo, liderado por un equipo que combinó talento y carácter, se convirtió en un símbolo de superación frente a las grandes potencias del tenis.
El presente cruce con Corea del Sur no pretende reproducir exactamente aquella hazaña, pero sí pretende revivir la idea de trabajar con unidad, disciplina y fe en las propias capacidades para hacer frente a rivales exigentes y, sobre todo, para dejar una señal de que Argentina continúa siendo protagonista en la historia de la Copa Davis.