La Albiceleste selló su pase a la final de la Copa América de futsal al derrotar 2-0 a Venezuela, en un partido marcado por la consolidación de una generación que ha llevado al país a nuevos hitos continentales y mantiene vivas sus aspiraciones de título.

La renovación generacional que atraviesa la selección argentina de futsal no ha frenado su rendimiento en el escenario internacional. Bajo la conducción técnica de Diego Giustozzi y, en etapas posteriores, con Matías Lucuix al mando, el equipo ha dejado huellas en cada competencia importante y suma, con este fallo, un nuevo logro histórico: ha llegado a la final de la Copa América por sexta vez consecutiva.

Este sábado, en Luque, Paraguay, la Albiceleste superó 2-0 a Venezuela para obtener su boleto a la definición del torneo continental, y si bien la noticia se resume en el marcador, las historias que rodean al equipo tienen más capas: la idea de continuidad, el crecimiento de los jóvenes y la presión de competir al más alto nivel.

El encuentro demostró, una vez más, la solidez y la concentración que ha caracterizado al conjunto argentino en las últimas temporadas. En el estadio COP Arena Oscar Harrison, el equipo argentino mostró una propuesta basada en la posesión, la lectura de los tempos y la ejecución precisa de los minutos decisivos.

El primer golpe llegó en un momento clave: Kevin Arrieta, en una acción que pareció ensayada, recibió un pase de Lucas Granda y, desde el borde del área, sacó un remate de zurda que se clavó al palo derecho del arquero venezolano, José Villalobos.

Ese 1-0 encendió la confianza de la delegación albiceleste y obligó a la Vinotinto a abrirse en busca de respuestas ante una defensa firme y bien organizada.

Con el paso de los minutos, la presencia de Granda y la experiencia de Angel Claudino en la creación de juego mostraron que la Argentina no solo buscaba conservar la ventaja, sino ampliar la diferencia.

En un cierre de partido intenso, Granda aprovechó una transición rápida, dejó a la defensa venezolana a la expectativa y, con un derechazo colocado, estampó el 2-0 que liquidó el encuentro y envió a la selección a la gran final.

El triunfo fue celebrado con la intensidad de un equipo que sabe que cada torneo representa una oportunidad histórica, y que ha aprendido a gestionar las fases decisivas con una madurez que se va afianzando con cada compromiso.

El choque también dejó detalles que valen para el análisis a futuro. Venezuela, que había llegado a esta instancia como segunda del grupo B, recurrió al arquero-jugador en los últimos minutos para intentar acortar distancias, una estrategia que suele ser efectiva en futsal, aunque en esta ocasión no logró doblegar a un bloque argentino que supo mantener la calma bajo presión.

En ese tramo, la experiencia de Lucas Bolo, capitán y líder dentro de la cancha, fue clave para evitar cualquier acercamiento del adversario y garantizar la seguridad defensiva que acompañó a la Albiceleste durante la mayor parte del encuentro.

En el arco, Lukáš Acosta volvió a rendir a gran nivel. El portero, formado en Boca Juniors y recientemente incorporado al Peñíscola de la Primera División de España, tuvo la responsabilidad de reemplazar a Nicolás Sarmiento tras la lesión del histórico guardameta durante el debut ante Perú.

Acosta mostró claridad, lectura de juego y una actitud decisiva cuando Venezuela intentó presionar.

La historia reciente de la selección argentina en futsal también ofrece motivos de orgullo y memoria. Este grupo ha sido protagonista de una racha notable en Mundiales, con tres finales consecutivas disputadas, una marca histórica para el deporte colectivo argentino.

En el palmarés de la Copa América, Argentina ya logró conquistar el título en 2003, 2015 y 2022, este último en tierras paraguayas, lo que refuerza la idea de un equipo que sabe competir con regularidad en estos escenarios.

Este domingo, la Albiceleste buscará un cuarto título continental frente al ganador de la llave entre Brasil y Perú, un partido que se disputará en la misma sede y que definirá al campeón de la edición vigente.

El horario fijado para la final es a las 17:00, hora local, lo que cerrará una jornada de grandes emociones para la disciplina. Más allá de la gloria, este avance simboliza también una llegada de jóvenes talentos y la consolidación de una idea de juego que, a juzgar por lo visto en Luque, está destinada a prolongarse en los próximos años.

El fútbol sala argentino, que ya ha mostrado su capacidad de sorpresas y triunfos, continúa escribiendo una página de historia que convoca a aficionados y a la prensa para seguir de cerca cada una de las actuaciones de esta generación que ha decidido mirar de frente a los retos globales y disfrutar de cada logro como un paso más hacia la élite del futsal mundial.