Lionel Messi se convierte en el máximo goleador de la historia de los Mundiales tras marcar dos veces frente a Austria en Dallas, superando a Klose y dejando claro que el tiempo no se le resiste.
La historia de Lionel Messi parece no tener fecha de caducidad. A punto de cumplir 39 años, el astro rosarino volvió a demostrar que vencer al tiempo forma parte de su estilo. En Dallas, ante Austria, Messi no solo sumó un doblete para convertir la clasificación a octavos en una realidad, sino que convirtió ese triunfo en una página histórica: se convirtió en el máximo goleador de la historia de los Mundiales, con 18 goles en total.
El encuentro arrancó con un golpe seco para la emoción de los argentinos: a los 7 minutos, Messi no logró convertir un penal y esa falla dejó a la hinchada un poco aturdida.
Se maldijo el momento, miró al techo durante la pausa de hidratación y, por un instante, pareció que la historia le estaba tomando la delantera. Pero el jugador que suele mirar al frente para cambiar las cosas entendió que la vida, a veces, también es cuestión de gestionar la frustración, de pasar página y de volver a la carga.
Lo que vino después fue una demostración de carácter. Argentina movía la pelota con más insistencia, con esa circulación rápida que ya es marca registrada de la Scaloneta, y Messi, lejos de esconderse, fue el motor del equipo: cuando parecía que la dinámica estaba estancada, apareció la chispa para reenfocar el partido.
En la segunda mitad, el defensor Facundo Medina dejó claro que el equipo no quería esperar más: un pase atrás suyo dio inicio al tramo definitivo y dejó a Messi en posición de romper el cero, algo que tenía escrito en su historia personal.
El primer gol de Messi en este encuentro llegó de la forma en la que ya nos tiene acostumbrados: un disparo preciso tras quedarse con un rebote en el área, puro instinto y experiencia.
Fue el punto de inflexión que necesitaba la Argentina para implantar su ritmo y para que la afición, que llenó el estadio de Dallas, se oyera en cada rincón.
A partir de ahí, el estadio se convirtió en un hervidero: la gente sabía que estaba presenciando algo grande, algo que trasciende un único partido.
Con ese gol, Messi alcanzó 18 tantos en Copas del Mundo, superando al alemán Miroslav Klose, quien ostentaba el récord anterior. En ese impacto homenaje, los rivales y las crónicas extranjeras no tardaron en rendirse ante la magnitud de la hazaña. Diarios austríacos, italianos y españoles destacaron la grandeza de este momento en la carrera del diez; algunos incluso se atrevieron a llamar su actuación “antológica” y a comparar su permanencia en el fútbol con la capacidad de un veterano que parece inmune al desgaste.
Pero la historia no termina ahí. Tras el segundo gol, Messi selló la victoria de Argentina con un nuevo derechazo que cerró el marcador en 2-0 y encendió la conversación sobre la posibilidad de que este Mundial 2026 sea, quizá, el escenario definitivo para confirmar su legado en la historia del deporte.
Las palabras de sus compañeros, que hablan más alto que cualquier titular, dejaron claro que no solo se trata de un logro individual, sino de un fenómeno colectivo.
Julián Álvarez elogió su consistencia y talento; Leandro Paredes valoró la inspiración que transmite a cada entrenamiento y partido; Lisandro Martínez destacó la felicidad que provoca ver a Messi compartir horas y triunfos con su gente; y el propio entrenador Lionel Scaloni remarcó que no hay palabras suficientes para describir lo que representa verlo en acción día a día.
Y, como en toda buena historia, la reacción del mundo no se hizo esperar: la cobertura mediática puntualmente recogió el asombro, el reconocimiento y la admiración que genera un jugador que, a estas alturas, parece vencer al tiempo a cada paso que da.
Messi no ha dejado de competir un instante y, con 18 goles en Mundiales, se ha llevado por delante a la historia previa para hacer su propio libro de récords, dejando claro que, cuando se trata de fútbol de élite, lo que está por venir solo puede entretener a los fanáticos que quieren seguir leyendo la gran novela de su carrera.