Perfil de Tiziano Gravier, esquiador argentino, su trayectoria deportiva y sus expectativas para los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026, con énfasis en su aprendizaje, equipo y desarrollo reciente.
El camino de Tiziano Gravier hacia Milano-Cortina 2026 se inscribe en una historia de constancia, aprendizaje y apoyo familiar. Nacido en una Argentina con menor tradición en el esquí de alto rendimiento, su pasión por las pistas nació durante las vacaciones familiares en Bariloche, cuando descubrió las sensaciones de deslizarse sobre la nieve y entendió que aquello podía convertirse en una vocación.
A partir de ese momento, la disciplina y el trabajo se convirtieron en su modo de vida, con una progresión que lo llevó a competir entre las mejores pruebas del circuito y, más tarde, a soñar con las grandes citas mundiales.
La conversación con Clarín, en palabras de su equipo y de Gravier, retrata a un joven que entiende que la competencia se decide en fracciones de segundo y que, por ello, la concentración sostenida es tan crucial como la confianza en su propio cuerpo.
Es en esas bajadas donde cada decisión cuenta: elegir la trazada, anticiparse a cada curva y mantener la calma para que el cuerpo siga el ritmo sin perder el control.
En ese equilibrio entre adrenalina y control reside la emoción de un deporte que, a nivel de Argentina, exige incluso más dedicación para sostenerse entre los mejores.
La historia familiar de Gravier es un pilar: sus padres, Valeria Mazza y Alejandro Gravier, y sus hermanos estuvieron siempre cerca, acompañándolo a veces con viajes para estar presentes en competiciones importantes.
Esa base emocional se conjugó con una formación académica pensada para atletas: un programa universitario le permitió compaginar el estudio de negocios digitales con la exigencia de la competición internacional.
No se trató solo de un título, sino de una herramienta mental y logística que ofrece seguridad ante la presión de la élite.
En el plano deportivo, Gravier ha mostrado una evolución constante. Su primera experiencia en un entorno mundial mayor dejó claro que se puede sostener en el nivel alto y, con los años, sus resultados en las Copas Sudamericanas y la construcción de un ranking regional sólido lo abrieron paso al circuito de Copas del Mundo.
Hoy se ubica entre los primeros 50 del mundo y mira a un objetivo más ambicioso: entrar entre los veinte primeros y acercarse a marcas históricas para el esquí argentino.
Detrás de cada bajada hay un equipo que respalda al atleta. Gravier resalta el papel de su entrenador de esquís, de los preparadores físicos y del equipo de kinesiólogos, además del psicólogo que acompaña su proceso.
Este acompañamiento técnico se acompaña de un conocimiento profundo de la mecánica de los esquís: cantos, afilados y ajustes que permiten responder con precisión incluso en hielo duro.
Todo ello resulta imprescindible para competir con la exigencia que impone el Super G y el Slalom Gigante, que son las disciplinas en las que el joven suele destacarse.
Milano-Cortina representa una oportunidad para que Gravier demuestre que su trayectoria no es solo un relato de promesas, sino la evidencia de un proceso de crecimiento sostenido.
El objetivo no es solo obtener un puesto, sino vivir la experiencia olímpica, aprender de cada minuto en la pista y, a partir de ello, dar un salto evolutivo para las próximas temporadas.
En ese sentido, la expectativa está puesta en sumar experiencia y reforzar la fe en que el esfuerzo colectivo puede abrir camino para el esquí argentino en el escenario mundial.
La historia de Gravier, en suma, es la de un joven que transformó una afición en una carrera, que entendió que cada entrenamiento es una oportunidad para acercarse a la meta y que, ante la magnitud de la cita olímpica, mantiene la mirada en el proceso, sabiendo que la constancia puede abrir puertas entre los mejores del mundo.
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