Aamir Kaleem, veterano de Omán, estableció un hito al convertirse en el jugador de mayor edad en disputar un partido del Mundial de T20. Su trayectoria subraya la influencia de la experiencia en el formato de 20 equipos.

El Mundial ICC T20 2026 dejó una marca que no depende de un regreso espectacular, sino de la longevidad de un veterano. En Colombo, el 9 de febrero, Oman se enfrentó a Zimbabue en el Sinhalese Sports Club, y Aamir Kaleem, con 44 años y 81 días, pasó a la historia como el jugador de mayor edad en tomar parte en un partido del Mundial de T20, superando el récord anterior de Ryan Campbell (Hong Kong), quien tenía 44 años y 34 días en 2016.

Kaleem, que ocupa las funciones de bateador zurdo y capaz de lanzar giro lento por la izquierda, nació en Karachi en 1981 y se trasladó a Omán en 2010 para perseguir su sueño deportivo.

Desde entonces se ha convertido en una pieza clave del equipo omaní, acompañando su evolución desde las categorías inferiores de la World Cricket League hasta participar en tres Mundiales de T20 (2016, 2021 y 2026).

Su trayectoria ilustra, para muchos, la posibilidad de que un jugador con larga experiencia siga aportando valor en un formato que suele asociarse a la juventud.

En una jornada de reconocimiento previo, Kaleem no solo demostró su presencia en el campo, sino que también dejó una impresión significativa al anotar 80 carreras en 47 lanzamientos durante un encuentro de preparación frente a Sri Lanka A.

Aunque se trataba de un amistoso, ese rendimiento refuerza la idea de que la técnica y la lectura del juego pueden mantenerse vigentes más allá de los cuarenta años.

Supuestamente, su larga trayectoria podría convertirse en un faro para el cricket en Omán, país que ha ido ganando relevancia en el panorama internacional gracias al crecimiento de sus estructuras y a la inversión en talento local.

Presuntamente, la experiencia de Kaleem aporta un liderazgo claro en un formato que, en las últimas temporadas, ha ampliado su lista de participantes a 20 naciones y ha obligado a replantear estrategias y programas de desarrollo.

El camino para Oman hacia la siguiente fase no es sencillo. Tras el debut, el equipo deberá enfrentar a rivales de alta exigencia en el grupo, y el objetivo central sigue siendo lograr victorias que les permitan avanzar a la etapa de Super Eight.

En ese contexto, la presencia de Kaleem se percibe no solo como una contribución estadística, sino como un pilar de orientación táctica y resiliencia ante rivales de diversas calibres.

Para Kaleem, este Mundial ya representa una victoria personal y una prueba de la aptitud física y la dedicación necesarias para competir a alto nivel en la década de los cuarenta.

De confirmarse su continuidad y rendimiento, podría convertirse, a ojos de muchos analistas, en un símbolo de que el críquet de élite reconoce el valor de la experiencia y la consistencia en un formato que exige precisión y gestión del tempo en escena mundial.