Derrota ante Vélez expone dudas sobre la capacidad de Boca para sostener la triple competencia, en un contexto de refuerzo reciente y presión sobre la dirección técnica.
La caída en Liniers modificó el ánimo que se había generado en las horas previas. Los hinchas esperaban un rendimiento superior ante Vélez y, sin embargo, Boca dejó pasar una oportunidad para desviar la atención de River, que un día antes había recibido un mazazo por Tigre en el Monumental.
El tropiezo ante Vélez, dirigido por Guillermo Barros Schelotto, un ídolo de Boca, expuso a todos: desde Juan Román Riquelme hasta su cuerpo técnico y los jugadores.
Aunque ya parece confirmada la llegada de Edwuin Cetré, persiste la pregunta de si el colombiano alcanzará para sostener la triple competencia.
El entrenador dio un golpe de timón en la madrugada del lunes: regresó al vestuario tras la conferencia de prensa, y aunque tenía previsto un día libre por la agenda, ordenó una práctica para las 17:30.
Una señal de que no hay margen para el descanso en este contexto.
Ubeda sabe que heredó la responsabilidad y podría ser el primer eslabón sensible si los resultados no acompañan. Y, por más que públicamente se muestre tolerante, las críticas hacia su gestión pueden aumentar en proporción a los resultados y a la confianza que uno pida a un proyecto que necesitó de refuerzos inmediatos, como Cetré.
Al menos, el propio Ubeda mostró autocrítica ante la prensa tras la caída en Liniers. Matías Pellegrini, joven emergente, fue la gran figura del Vélez-Boca, y el técnico no dejó de señalar que la única forma de revertir la situación es ganar, con actitud y rapidez, porque en Boca se exige mucho más que un juego agradable, se valora la intensidad física y el compromiso.
Recién estamos al inicio del torneo, y aunque se analizan todas las fases, seguimos confiando en revertir esta deriva. No es deseable haber perdido dos de los cuatro compromisos, y la obligación es mejorar para doblegar la adversidad y avanzar.
Cetré llega como refuerzo de coyuntura, un viejo deseo de Riquelme. “Me encanta”, comentó Marcelo Delgado en la previa del choque, y el Chelo, como director deportivo, sabe que el colombiano de 28 años comparte posición con Zeballos, lo que podría generar variantes en la ofensiva cuando Zeballos reciba el alta.
Queda por ver qué pasará cuando Exequiel Zeballos esté recuperado del desgarro en el bíceps femoral izquierdo. Mientras tanto, Boca atraviesa una ventana de inestabilidad: la delantera aún no encuentra el remate necesario, y la defensa, que parecía haber ganado solidez, continúa mostrando fisuras sensibles.
El 4-4-2 del domingo, con Zenón por el costado y Delgado interior, no logró rendir a pleno, y la exigencia del técnico es llevar a Boca a jugar con mayor solidez en todas las líneas.
La plantilla llega con lesiones y con un déficit de ritmo que se nota en la alta exigencia de la competencia doméstica e internacional con la que sueña el club.
La historia reciente de Boca también ayuda a entender este momento: desde 2024-2026, bajo distintas combinaciones de cuerpo técnico, la racha fuera de casa ha sido difícil.
Boca registra el 37,2% de efectividad como visitante en ese periodo. De 43 encuentros disputados fuera de casa, ganó 12, empató 12 y cayó en 19, con 46 goles a favor y 49 en contra. “Estoy preocupado porque Boca tiene que salir a ganar en todos lados y jugar mejor de lo que lo hicimos; nos faltó juego, falta intensidad de ataque”, admitió el entrenador, consciente de que el club no admite medias tintas y que, ante el calendario apretado, cada partido debe servir para recomponer el rumbo y encarar con mayor confianza lo que resta de la temporada.