El consejero de Cultura visita los principales monumentos sorianos y reclama al Ministerio inversiones y planes concretos para su conservación, mientras la Junta mantiene su compromiso con el patrimonio.

La Junta de Castilla y León ha dicho basta. El consejero de Cultura, Turismo y Deporte ha visitado estos días los tesoros patrimoniales de Soria: Numancia, San Juan de Duero y el Museo Numantino, y ha dejado claro que el Gobierno de España tiene que mojarse de una vez por todas.

Porque estos lugares son de todos, pero la propiedad es del Estado, y la Junta ya está harta de pagar los platos rotos.

Para que te hagas una idea, Numancia no es un yacimiento cualquiera. Fue la ciudad celtibérica que plantó cara a las legiones romanas durante años, hasta que prefirió la muerte antes que rendirse. Un símbolo de resistencia que debería estar impecable, pero necesita un centro de visitantes, mejor accesibilidad y un plan de mantenimiento serio. Y San Juan de Duero, ese monasterio medieval con un claustro único de arcos entrecruzados, lleva años esperando una restauración integral que el Ministerio prometió pero nunca llega.

Lo que ha hecho el consejero es echarle un pulso al Gobierno. Ha reclamado que cumplan con sus obligaciones: que hagan los estudios arqueológicos pendientes, que ejecuten las excavaciones prometidas, que pongan dinero sobre la mesa.

Porque la Junta, con sus limitaciones, ya está haciendo lo que puede. Mantiene abiertos los centros, financia campañas de investigación, apoya a los arqueólogos y colabora con la Diputación. Pero no puede hacerlo todo sola.

De hecho, en Numancia ya están trabajando en una nueva campaña arqueológica en el sector noreste para seguir desenterrando la historia de la ciudad.

Y hay un Plan Director sobre la mesa, elaborado dentro del Plan de Sostenibilidad Turística, que propone inversiones y mejoras. Pero falta lo principal: que el Ministerio se siente y se comprometa con un calendario y un presupuesto. Lo mismo pasa en San Juan de Duero: el año pasado autorizaron una excavación, pero para 2026 no hay nada previsto. Una vergüenza.

El consejero ha sido claro: "Cada actuación sobre el patrimonio es una inversión en conocimiento, identidad, empleo y futuro". Y tiene razón. Estos sitios no son solo piedras viejas; son motor económico para Soria. Atraen turistas, dan trabajo a hosteleros y comerciantes, y proyectan la imagen de Castilla y León. Si el Gobierno los abandona, está perjudicando a toda la provincia.

La Junta, por su parte, no se rinde. Ya ha anunciado que seguirá impulsando el Museo Numantino, reformas en Tiermes y mejoras en Ambrona. Pero exige que el Ministerio de Cultura, que es el dueño, ponga su parte. Porque no es justo que la Junta ponga los recursos y el Gobierno se desentienda.

En definitiva, el mensaje es claro: el Gobierno de España tiene que espabilar y cumplir con su deber. Soria y su patrimonio se lo merecen. Y la Junta, como siempre, está vigilante. Esto no queda aquí.