La exposición East Congo, en el Museo de la Evolución Humana, recoge el trabajo fotográfico de Eduardo Margareto sobre la ONG burgalesa Proyecto Rubare-Kivu Jambo en la República Democrática del Congo, mostrando una realidad difícil y la esperanza de reconstrucción.

El Museo de la Evolución Humana acoge una muestra que no deja indiferente: East Congo, un recorrido visual por la labor de una ONG burgalesa, Proyecto Rubare-Kivu Jambo, que actúa en la República Democrática del Congo para reconstruir vidas destrozadas por años de conflicto.

La exposición, abierta de forma gratuita en la planta -1 del MEH, reúne fotografías y vídeos del fotoperiodista Eduardo Margareto para mostrar, con impacto directo, la realidad de quienes sobreviven entre violencia, pobreza y desplazamientos.

La presentación contó con la viceconsejera de Acción Cultural, Mar Sancho, y reunió a figuras destacadas del mundo museístico y periodístico: el director científico del museo, Juan Luis Arsuaga, el propio Margareto y Tomás Martínez, presidente de la Fundación Kivu Jambo-Proyecto Rubare, que avala el trabajo en el terreno.

La exposición, comisariada por Francisco Alcántara, está formada por cuarenta fotografías y cuatro vídeos que dividen la experiencia en cuatro territorios en los que actúa la fundación: Kivu, Rubare, Goma y Bukavu.

Cada uno de estos lugares revela facetas distintas de una misma realidad: devastación por conflicto, desplazamientos masivos y una pobreza que obstaculiza incluso el acceso diario a comida, agua y atención sanitaria.

En la muestra se muestran imágenes que van desde escenas de pobreza extrema y niños que buscan alimento o refugio, hasta retratos de comunidades que resisten y trabajan para reconstruirse.

Muchos menores han perdido a sus padres a causa de la violencia, las enfermedades o los accidentes derivados de la precariedad y la violencia cotidiana.

La exposición también pone el foco en Idjwi, una isla que acoge a numerosos huérfanos que viven en condiciones precarias; estas imágenes recuerdan que detrás de cada foto hay una historia que merece ser escuchada y, sobre todo, una respuesta concreta.

El proyecto de la ONG Rubare-Kivu Jambo es claro: intervenir en el terreno para ayudar a reconstruir comunidades devastadas por los conflictos y la pobreza.

Su labor incluye necesidades básicas como alimentación, agua, educación y servicios de salud, que muchas familias no logran asegurar por sí solas ante la presión de las guerras y la crisis humanitaria.

A través de estas acciones, la fundación busca no solo aliviar la situación inmediata, sino crear condiciones para que las familias y las comunidades vuelvan a organizar su vida cotidiana con mayor autonomía.

Además de retratar la realidad, la muestra ofrece una visión más amplia sobre las dinámicas que alimentan la crisis en la región: la región de Kivu es famosa por albergar una riqueza de minerales —coltán, cobalto, oro y casiterita— muy solicitados en la industria tecnológica mundial.

Sin embargo, esa riqueza ha sido, y sigue siendo, un motor de conflicto: grupos armados se disputan el control de las minas, impulsando la explotación ilegal, la violencia y un comercio ilícito que financia la violencia y dificulta la protección de derechos básicos.

La exposición de Margareto, por tanto, no es solo un reportaje gráfico; es una crítica a la miseria inducida por la inestabilidad, y un recordatorio de que la responsabilidad de cambiar estas realidades también está en la conciencia de quienes consumen tecnología y recursos mundiales.

Entre lo técnico y lo humano, East Congo logra equilibrar la belleza plástica de la fotografía con la crudeza de la vida cotidiana en zonas de conflicto.

El visitante del MEH puede no solo contemplar imágenes; puede entender el porqué de la existencia de una ONG que decide actuar, incluso cuando la seguridad es frágil y la ayuda, insuficiente.

La recaudación de las fotografías se destina íntegramente a la Fundación Proyecto Rubare-Kivu Jambo, un detalle que refuerza el carácter práctico de la exposición: ver, comprender y apoyar para que esa ayuda llegue directamente a quienes la necesitan.

En suma, East Congo propone un viaje visual que va más allá de la estética: invita a la reflexión sobre nuestra responsabilidad colectiva como habitantes de un planeta interconectado.

Es, a la vez, un testimonio de esperanza y una llamada a la acción para quienes creen en que la solidaridad y la cooperación pueden cambiar realidades tan duras como las que se muestran.

Si te interesan las historias que conectan el arte con la realidad y quieres entender de forma clara qué está en juego en la RDC, esta exposición merece una visita.

Las fotografías están a la venta y la recaudación se destina a apoyar directamente a la Fundación Rubare-Kivu Jambo, para continuar su trabajo de reconstrucción y apoyo a las comunidades afectadas por la violencia y la pobreza.