La cosecha de cereal de invierno será un 42% menor que la del año pasado. Las lluvias en la siembra y el encarecimiento de los insumos han hundido la producción. Los agricultores, con costes disparados y precios bajos, ven peligrar su rentabilidad.
La campaña agrícola de cereal de invierno en Castilla y León se ha dado de bruces con la realidad. Las previsiones oficiales indican que la cosecha apenas alcanzará los 4,9 millones de toneladas, un 42% menos que la del año pasado. No solo eso: también es un 20% inferior a la media de los últimos cinco y diez años. Los agricultores, que ya venían arrastrando costes disparados y precios bajos, ven cómo el cielo se les viene encima.
Las lluvias torrenciales durante el periodo de siembra impidieron preparar bien los terrenos. Muchos agricultores tuvieron que dejar parcelas sin sembrar o cambiarlas a girasol o barbecho. La superficie sembrada se redujo un 13% respecto al año pasado, hasta 1,57 millones de hectáreas. Y los rendimientos también se han resentido: se esperan 3.100 kilos por hectárea, un 33% menos que los 4.629 de la campaña anterior.
Las provincias más afectadas son Soria, Segovia, Ávila y Valladolid, donde la producción cae cerca del 50%. En cambio, Zamora y León, con más regadío, lo han llevado mejor. Burgos sigue siendo la mayor productora, con 1,25 millones de toneladas, pero también baja un 35%. Palencia y Valladolid completan el podio, aunque con descensos acusados.
Para encontrar una cosecha tan baja hay que remontarse a la sequía de 2012, aunque entonces la causa fue la falta de agua. Esta campaña ha sido el exceso de agua y el mal tiempo lo que ha lastrado los campos. En los últimos diez años, la media se situaba en 6,27 millones de toneladas, muy por encima de los 4,9 de ahora. En 2003 también hubo una caída importante por heladas, pero no tan pronunciada como esta.
Pero lo peor no es solo la cantidad, sino la rentabilidad. Los costes de producción (fertilizantes, gasóleo, semillas) se han disparado, mientras que los precios que cobra el agricultor por el grano están por los suelos.
Así, los márgenes se reducen a la mínima expresión. Muchos agricultores se plantean si merece la pena seguir, sobre todo cuando las ayudas de la PAC no compensan las pérdidas. Esta situación es especialmente grave para los pequeños productores, que no tienen capacidad de aguantar varios años malos.
El consejero de Agricultura, Joaquín Antonio Pino, ha presentado su plan para los próximos cuatro años, basado en menos burocracia, más financiación y diálogo constante con el sector.
Promete simplificar los trámites y dar liquidez a los agricultores. Veremos si las promesas se cumplen y el campo no acaba asfixiado. De momento, el sector reclama medidas urgentes, como ayudas directas o rebajas fiscales, para hacer frente a esta crisis.
Mientras tanto, el sector cerealista de Castilla y León, corazón de la España rural, se agarra a la esperanza de que el próximo año sea mejor. Pero la incertidumbre climática y económica no invita al optimismo. La realidad es que el campo español cada vez tiene más difícil competir con las importaciones de otros países, y esta campaña es un duro golpe que pone en jaque a miles de familias agrícolas.