Curiosity detecta nuevos compuestos orgánicos en Marte y aviva la pregunta sobre la vida pasada
El rover de la NASA identifica cinco de siete compuestos orgánicos en una roca formada por antiguos sedimentos de agua; algunos nunca vistos en Marte. El hallazgo no prueba vida, pero sí amplía el listado de moléculas que podrían haber estado disponibles en el pasado marciano.
La #NASA ha anunciado un nuevo avance en la búsqueda de señales de vida en Marte: el rover #Curiosity ha detectado más compuestos orgánicos en el planeta rojo.
En un experimento realizado con una muestra de roca que se formó en lo que fue el lecho de un antiguo lago cerca del ecuador marciano, el equipo confirmó siete compuestos orgánicos distintos.
De entre ellos, cinco no habían sido identificados en #Marte hasta ahora, lo que amplía notablemente el repertorio de moléculas orgánicas que se han hallado en el planeta.
Además, los investigadores indican que hay indicios de otro compuesto orgánico con una estructura parecida a los precursores del ADN, la molécula que guarda la información de la vida en la Tierra.
Este hallazgo alimenta la conversación sobre el origen de la materia orgánica en Marte: ¿proceden de procesos geológicos abiológicos, o hay alguna relación con la historia de posibles formas de vida pasadas? Aun así, la presencia de estos compuestos no equivale a demostrar vida; solo muestra que existen bloques de construcción que, en la Tierra, suelen estar asociados a la biología.
Para entender su significado, conviene recordar que estos compuestos son moléculas con carbono que, en nuestra biosfera, forman la base de la vida tal como la conocemos.
En Marte, su presencia podría derivarse de varios procesos: desde impactos de meteoritos hasta reacciones químicas en condiciones antiguas de calor y agua.
Los científicos subrayan que, aunque la detección de #organicos no prueba vida, sí sugiere que Marte pudo haber sido hospitable en un pasado remoto, cuando el clima y las condiciones del ambiente eran muy diferentes a las actuales.
La roca analizada procede de Mary Anning, en una región llamada Glen Torridon dentro de la cuenca Gale, y fue molida para ser introducida en un compartimento del instrumento de análisis de muestras (SAM).
Allí se añadió un reactivo que descompone la materia orgánica compleja en componentes más simples que el propio SAM puede detectar. Este procedimiento, repetido en varias muestras a lo largo de la misión, facilita la identificación de moléculas que, de otro modo, serían difíciles de ver en la composición mineral de la roca, que además estaba sedimentada por una antigua corriente de agua.
Una franja de tiempo en la que la gente que estudia Marte piensa que el planeta podría haber conservado ambientes habitables
El equipo ha estimado que esa roca data de al menos 3,5 mil millones de años, una franja de tiempo en la que la gente que estudia Marte piensa que el planeta podría haber conservado ambientes habitables, especialmente cerca del agua.
Curiosity, que aterrizó en 2012 en Gale Crater, fue concebido específicamente para buscar entornos en los que la vida podría haber existido y para estudiar los ingredientes que hacen posible la habitabilidad.
Los científicos señalan que, si bien estos compuestos son signos intrigantes, no constituyen evidencia de vida pasada. No obstante, los resultados aportan evidencia adicional de que Marte albergó, en algún momento, las condiciones que permiten la química orgánica compleja.
Este tipo de hallazgos mantiene viva la vía de la exploración robótica y, de cara al futuro, subraya la importancia de misiones que traigan muestras marcianas a la Tierra para análisis más detallados.
En el marco de la historia de la exploración marciana, Curiosity ha redefinido lo que entendemos por hábitats potenciales y por qué la química orgánica es relevante para la búsqueda de vida.
Aunque el resultado no responde de forma concluyente, refuerza la narrativa de que Marte tuvo, hace miles de millones de años, condiciones que podrían haber permitido la existencia de procesos biológicos o de sus precursores.
Este paso adelante alimenta la curiosidad científica y justifica inversiones en futuras misiones, incluida la posibilidad de traer muestras marcianas a la Tierra para estudiar su composición con tecnologías más avanzadas y, quizás, acercarnos un poco más a responder si alguna vez hubo vida en el planeta vecino.