Salmones juveniles en Suecia se exponen a cocaína y sus efectos sorprenden: ¿qué cambia en su nado y por qué importa?
Un estudio realizado en Suecia expone a salmones juveniles a cocaína y su metabolito, descubriendo que estos compuestos pueden hacer que naden más lejos y se dispersen más por el lago, con posibles repercusiones para su hábitat y la gestión de aguas residuales.
En Suecia, un equipo de #investigación llevó a cabo un experimento que, a simple vista, podría parecer ciencia loca: ver qué pasa si a los #salmones juveniles les damos cocaína para estudiar su comportamiento.
El estudio fue liderado por Erin McCallum, una investigadora canadiense y profesora asociada de ecología acuática en la Swedish University of Agricultural Sciences.
Se publicó en Current Biology el mes pasado y forma parte de una conversación global sobre sustancias que terminan en ríos y lagos tras salir de la cadena de consumo humano.
Cocaína y su metabolito benzoylecgonine se han detectado en aguas de todo el mundo, incluso en Canada, y los científicos querían entender qué efectos podrían tener en peces salvajes.
Para acercarse a la pregunta, los investigadores expusieron a salmones del Atlántico juveniles a través de implantes químicos de liberación lenta que liberaban cocaína o benzoylecgonine.
Así es, se trató de un experimento en campo, no en una pecera de laboratorio. El seguimiento se llevó a cabo durante ocho semanas. El hallazgo principal fue llamativo: los salmones expuestos al benzoylecgonine nadaron casi el doble de distancia por semana en comparación con sus pares sobrios, y la dispersión total a lo largo del lago superó los 12 kilómetros.
Los salmones expuestos a cocaína mostraron un efecto similar, aunque más débil y menos consistente.
Como explica McCallum, que un salmón nade más lejos en el entorno natural le abre la puerta a nuevas estrategias de hábitat y posibles fuentes de alimento distintas.
Pero también conlleva riesgos: acercarse a hábitats menos adecuados o encontrarse con depredadores poco familiares puede aumentar la exposición a peligros nuevos.
El experimento exigió un enfoque práctico y, en cierto sentido, audaz: convertir a los peces en una especie de “sensor” viviente para entender el impacto de estas sustancias.
El profesor Mark Servos, de la Universidad de Waterloo, reconoce que lo realizado es novedoso y un paso importante fuera del laboratorio. “El problema es que sabemos medir estas sustancias en aguas residuales y en la superficie, pero no sabemos realmente qué hacen en peces salvajes”, comenta.
Este trabajo aproxima la realidad y sugiere que incluso cambios muy sutiles en el comportamiento pueden tener rutas ecológicas relevantes. Una de las interpretaciones clave es que los metabolitos podrían estar impulsando efectos más significativos que la sustancia original.
McCallum tranquiliza: no hay un peligro inmediato para la salud humana con solo beber #agua cercana a plantas de tratamiento
Sobre el riesgo para los humanos, McCallum tranquiliza: no hay un peligro inmediato para la salud humana con solo beber agua cercana a plantas de tratamiento, ya que la concentración necesaria para notar efectos sería extrema.
Pero sí hay preocupaciones para la fauna acuática. Los investigadores señalan que uno de los riesgos potenciales es la reproducción de los peces, algo que se ha observado en entornos controlados pero aún no verificado en la naturaleza.
Además, la mejora de la filtración de aguas residuales para eliminar estas sustancias es posible, pero costosa, y las comunidades deben sopesar ese gasto frente al riesgo ecológico.
La investigación de #Suecia se sitúa dentro de un panorama más amplio: un estudio de 2025 en Science of the Total Environment encontró trazas de cocaína, tramadol y codeína en aguas de todo el mundo; un informe de Brasil de 2024 halló cocaína en músculos y hígado de tiburones salvajes frente a Río de Janeiro; y en Canadá, un análisis de fósiles de agua mostró presencia de fentanilo, metadona y venlafaxina en peces de ríos que reciben descarga de aguas residuales urbanas tratadas.
Aunque estos datos subrayan que la contaminación por fármacos es una realidad creciente, los científicos subrayan que aún estamos en las fases iniciales para entender sus efectos a escala ecológica.
Para McCallum, el mensaje es claro: no conviene conformarse con monitorizar la presencia de estas sustancias, sino ampliar la mirada a los metabolitos y a cómo actúan en animales salvajes, no solo en tubos de ensayo.
Este tipo de investigación refuerza la necesidad de un seguimiento más completo, que combine muestras de agua, peces y escenarios de hábitat variados para entender mejor el potencial de daño ambiental.
En definitiva, el estudio de Suecia no pretende asustar a nadie ni exigir soluciones rápidas. Su valor reside en abrir una ventana realista sobre cómo llega la cocaína y sus derivados a ecosistemas acuáticos y cómo podrían alterar el comportamiento y la seguridad de los peces.
Es un campo incipiante, pero con un claro llamado a la prudencia y a seguir investigando para saber hasta qué punto estas sustancias pueden reconfigurar las redes tróficas y la salud de los ecosistemas acuáticos.
Sobre el autor: Philip Drost es periodista de CBC Radio, con sede en Fredericton. Puedes contactarle en [email protected]. La entrevista con Erin McCallum fue producida por Sonya Buyting y forma parte de la cobertura de Quirks & Quarks.