Protección para especies migratorias en la ONU: qué se discute en Brasil para búho nevado, tiburón martillo y nutria gigante
En Brasil, más de 130 países debaten ampliar protecciones para especies migratorias como el búho nevado, el tiburón martillo y la nutria gigante, ante amenazas como deforestación, cambio climático y pesca excesiva.
En #Brasil se está gestando una revisión importante sobre cómo proteger a las #especies migratorias que no tienen una casa fija.
Más de 130 países se reúnen para valorar si se amplían las protecciones que ya ofrece la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres, un acuerdo de las Naciones Unidas que coordina esfuerzos entre naciones para frenar las amenazas que atraviesan fronteras cuando los animales se desplazan entre países.
Entre los nombres que aparecen en la mesa de discusión figuran el búho nevado, el #tiburón martillo y la nutria gigante, además de otras especies que migran a lo largo de continentes y océanos.
El punto central es claro: si una amenaza no se queda en una frontera, tampoco debería hacerlo la respuesta de los gobiernos.
La junta de la #CMS funciona como un sistema de apéndices que clasifican a las especies según el grado de protección que requieren y del grado de cooperación internacional necesario.
En concreto, el Anexo II busca promover la cooperación entre países para asegurar que estas especies, aunque no estén al borde de la extinción, reciban medidas preventivas y de #conservación compartidas.
Por su parte, el Anexo I recoge a las especies que están o muy cerca de estar en peligro de extinción y para las que se recomiendan medidas de protección más estrictas.
En la actualidad, Noruega ha propuesto ubicar al #búho nevado en el Anexo II, buscando que la cooperación transfronteriza impulse su beneficio sin imponer medidas tan restrictivas como las del Anexo I.
Mientras tanto, Ecuador ha pedido insertar a dos especies críticamente amenazadas en el Anexo I, lo que daría un marco legal claro para que varios países adopten medidas de protección estrictas en sus aguas y tierras.
Este debate no nace de la nada. La CMS nació en 1979 y entró en vigor en 1983, con la intención de conservar a las especies migratorias que cruzan océanos, desiertos y bosques. Aunque no siempre es fácil lograr acuerdos, la idea es que la acción coordinada haya más impacto que las iniciativas aisladas. Los ejemplos de amenazas son numerosos: la deforestación que destruye #hábitats ribereños y bosques donde estas especies buscan alimento; el #cambio climático que altera los patrones de migración y las cadenas alimentarias; y la #pesca industrial que captura individuos en distintas fases de su vida, a veces sin que los países puedan responder en solitario.
En el caso de la nutria gigante, por ejemplo, la salud de sus poblaciones en ríos de Sudamérica funciona también como un indicador de la calidad del agua y la salud del ecosistema.
Su desaparición o retroceso suele ir acompañada de peores condiciones en todo el tramo ecológico, desde la fauna pequeña hasta los peces y la propia población humana que depende de esos cursos de agua.
La especie se enfrenta a pérdidas de hábitat por sequías, contaminación y modificaciones en los cursos de los ríos, además de la fragmentación provocada por infraestructura como represas.
La propuesta de incluirla en los apéndices enfatiza que la protección no puede quedar en un mapa local, sino que necesita una política conjunta que conecte ríos entre países y mecanismos de manejo sostenible de los recursos hídricos.
El tiburón martillo
El tiburón martillo, por su parte, es una pieza clave de los ecosistemas marinos. Su desplazamiento a gran escala y su papel en la regulación de poblaciones de otras especies hacen que su conservación tenga efectos positivos mucho más allá de su propia supervivencia.
Su vulnerabilidad aumenta con la pesca de aleta y la captura incidental. La idea de listar algunas poblaciones en un nivel de protección más exigente busca establecer bases jurídicas para acciones coordinadas, como áreas marinas protegidas y planes de pesca responsables que reduzcan la presión sobre las poblaciones migratorias.
El búho nevado, símbolo de los ecosistemas árticos, enfrenta caídas de población en varias regiones por cambios en la disponibilidad de alimento y por condiciones climáticas que alteran su hábitat habitual.
Aunque aún hay zonas del norte donde la especie se reproduce con éxito, la expansión o contracción de su área de distribución muestra que la remota tundra no es un territorio aislado: lo que ocurre allí afecta a otros ecosistemas conectados por vuelos migratorios de miles de kilómetros.
La reunión de la CMS se mantiene abierta hasta finales de marzo, y se espera que haya votaciones a lo largo de la semana para decidir la inclusión de nuevas especies en los anexos.
Más allá de las siglas y las listas, el objetivo último es claro: fortalecer la cooperación internacional para que estas especies migratorias tengan una mejor oportunidad de sobrevivir a un mundo cambiante, y que la biodiversidad que sostienen siga formando parte de la vida de las comunidades que dependen de ellas.
El resultado de este proceso podría sentar precedentes sobre cómo se gestiona la conservación de especies que no conocen fronteras y cuyas vidas están entrelazadas con la salud de ecosistemas enteros.