Domo de calor de primavera seca la nieve y eleva el riesgo de incendios en el oeste de EE. UU.
Una ola de calor inusual para marzo ha derretido gran parte de la nieve en las montañas del oeste y adelantado la temporada de incendios. Este reportaje explica qué significa, qué se ha observado en la ciencia y qué podría ocurrir en los próximos meses.
Una ola de calor que se instaló varias semanas a partir de la segunda mitad de marzo ha dejado las montañas del oeste de Estados Unidos con menos #nieve de lo habitual y, en varios lugares, con una tonalidad marrón en lugar de blanca.
Este fenómeno, descrito por los científicos como un domo cálido de primavera, ha encendido las alarmas de cara a la temporada de incendios, que ya viene con un nivel de riesgo más alto que lo normal.
Las temperaturas han quedado 11 a 17 grados Celsius por encima de lo habitual durante gran parte de ese periodo, y en algunos estados se superaron los 30 o incluso los 40 grados durante varios días.
Esa anomalía térmica aceleró el deshielo de la nieve, algo que, a día de hoy, ya se refleja en un mínimo histórico para muchas estaciones de esquí y en la reducción general de la cobertura de nieve en la región.
El derretimiento temprano de la nieve no sólo acorta la temporada de esquí; también seca el paisaje y reduce el nivel de agua disponible para bosques y riachuelos durante el verano.
Expertos como John Abatzoglou, profesor de climatología en la Universidad de California Merced, advierten que todo apunta a una temporada de incendios más temprana y, probablemente, más intensa en el oeste.
Las señales de alerta se activan cuando la combinación de nieve escasa y sequía persiste.
Una #investigación publicada el 20 de marzo, basada en análisis climatológico y registros históricos, concluyó que una ola de calor tan cálida sería prácticamente imposible sin el #cambio climático causado por las emisiones de CO2 procedentes de los combustibles fósiles.
En otras palabras, lo que estamos viviendo no es un episodio aislado, sino una manifestación más de un sistema climático que ya está cambiando gracias a la actividad humana.
La caída de la nieve también está ligada a un impacto directo en la severidad de los fuegos. Balik, científico investigador de Western Colorado University, explicó que menos nieve significa suelos y bosques más secos, lo que facilita que los incendios se inician y se propaguen con mayor rapidez.
Su equipo ha mostrado, a partir de mediciones satelitales, una relación fuerte entre la disminución de la nieve y la intensidad de la temporada de incendios.
Las imágenes satelitales han mostrado la caída de la cobertura nival en la cordillera de Sierra Nevada entre el 26 de febrero y el 26 de marzo; marzo, que suele ser el mes en que la nieve alcanza su punto máximo, terminó siendo un mes con menos acumulación que otros años, acelerando la vulnerabilidad de los bosques.
La nieve ya estaba en mínimos históricos durante todo el invierno y
En Colorado, donde Balik vive, la nieve ya estaba en mínimos históricos durante todo el invierno y, para finales de marzo, casi había desaparecido por completo.
“Es la época en la que menos me esperaba ver la fusión de la nieve en una década”, comentó Balik al evaluar la situación. Este contraste entre temperaturas récord y nieve ausente está contribuyendo a un inicio de temporada de incendios con mayor riesgo, incluso cuando no todas las regiones han recibido la misma carga de humedad.
El impacto no se limita a Estados Unidos. Más al norte, la investigación sugiere que cambios similares en la nieve y la humedad podrían afectar también a Canadá. Hossein Bonakdari, profesor de la Universidad de Ottawa, ha analizado datos satelitales y de sequía para entender por qué grandes incendios atravesaron territorios como Manitoba el año pasado.
En aquella provincia, una baja cobertura de nieve combinada con una ola de calor llevó a incendios que quemaron miles de kilómetros cuadrados y elevaron la alerta en una zona ya condicionada por la sequía.
Bonakdari advierte que, al igual que en Estados Unidos, la nieve reducida aumenta el riesgo, aunque reconoce que no es el único factor: el calor extremo y la sequía general también pesan enormemente en el boreal.
En 2026, con la expectativa de un episodio de El Niño y temperaturas veraniegas más altas en varias regiones, la previsión es de mayor vulnerabilidad en buena parte de Canadá y el oeste estadounidense.
¿Qué se puede hacer para reducir el riesgo? Aunque la nieve presenta una tendencia a la baja a largo plazo por el clima, los científicos señalan que cada invierno ofrece una oportunidad para acumular nieve.
Los patrones de El Niño y La Niña pueden traer inviernos con más nieve de forma irregular, y cuando ocurren, podrían ser aprovechados para realizar medidas de control de combustibles de manera más segura y efectiva.
Algunas estrategias posibles son la quema prescrita en años más húmedos, la gestión de combustible y la planificación de intervenciones preventivas para reducir la cantidad de material inflamable.
En Canadá, la conversación también se centra en adaptarse a la sequía y en cómo prever la severidad de la temporada de incendios. Bonakdari subraya la necesidad de vigilancia climática y de políticas que reduzcan la vulnerabilidad de bosques y comunidades ante un escenario de incendios cada vez más complejo.
En definitiva, el domo de calor de primavera no es un fenómeno aislado, sino una señal de los cambios que ya están transformando los patrones estacionales y la frecuencia de los incendios.
Aunque la ciencia aporta señales y posibles herramientas para mitigar el impacto, la respuesta política, la gestión del territorio y la preparación comunitaria serán claves para enfrentar una temporada de incendios que parece haberse adelantado y ampliado en el oeste de Estados Unidos y sus vecindades boreales.