Adopción de un perro de laboratorio: una historia de vulnerabilidad, resiliencia y esperanza

Adopción de un perro de laboratorio: una historia de vulnerabilidad, resiliencia y esperanza

Relato en español sobre la experiencia de adoptar a Mack, un perro de seis años que pasó su vida en un laboratorio, y cómo su presencia transforma la visión de la ciencia y el bienestar animal.

Nives Ilic cuenta una experiencia que cambió su forma de entender la ciencia y el trato a los animales. Tras años de #activismo y trabajo con grupos que defienden a los animales, decidió acoger a Mack, un perro de seis años cuya vida anterior estuvo ligada a un laboratorio.

Mack había pasado gran parte de su niñez y juventud rodeado de cámaras y protocolos que dejaban huellas visibles en su comportamiento, y la decisión de traerlo a casa requirió una inmensa dosis de paciencia y empatía.\n\nLa primera noche, Mack encontró un refugio en los brazos de su nueva dueña: era pequeño, cabía en el hueco entre el pecho y el brazo, y temblaba ante cualquier sonido o movimiento.

Ilic permaneció despierta tanto como fue necesario, por si el animal aflojaba la presión o si, de alguna manera, el miedo reaparecía. Aquella ansiedad no era solo por la ausencia de su entorno anterior; era la memoria de años de experiencias controladas, de estímulos que le resultaban extraños o amenazantes.

Mack pasó sus primeros años en un laboratorio: pruebas, estímulos y límites que no habían dejado espacio para la exploración libre del mundo.\n\nAntes de la adopción, Ilic ya había trabajado en campañas para instituciones vinculadas a la defensa de los derechos de los animales. En el marco de esa labor, dos denunciantes revelaron experimentos en perros realizados en hospitales de Londres, Ontario, donde algunos canes fueron sometidos a ataques cardíacos simulados durante horas, para ser luego sacrificados.

La reacción pública fue contundente y desencadenó un movimiento que obtuvo resultados concretos. En agosto de 2025, el laboratorio canino de un hospital en Londres cerró sus puertas, un giro que, para muchos, supuso un paso importante en la dirección de un mayor escrutinio ético.\n\nLa historia de Mack no quedó solo en la polémica pública. Ilic se unió a una campaña de protesta en Londres y, poco después, recibió la aprobación para participar como madre de acogida con The Beagle Alliance, una organización dedicada a rescatar y rehabilitar perros provenientes de laboratorios.

En octubre, tras regresar desde Ottawa, se llevó a Mack, uno de los diez perros de investigación que habían sido liberados de otro laboratorio. No conocía el nombre del perro ni el laboratorio de origen, pero sabía que había sido elegido para encontrar un segundo capítulo de vida. También recibió un recordatorio de que, por las condiciones de los rescates, no siempre es posible saber el camino exacto que cada animal recorrió.\n\nMack llegó a casa y el mundo que encontró fue, al principio, lleno de retos. No era educado para estar en un hogar: no tenía experiencia con la higiene básica, subir escaleras, ni siquiera caminar con correa. Los juguetes le resultaban extraños y la idea de explorar un entorno cotidiano causaba miedo. Aun así, cada pequeño avance fue una victoria que Ilic atesoraba. El perro, que parecía marcar distancias con el mundo, comenzó a acercarse poco a poco, siguiendo a su nueva dueña a cada paso y mostrando una paciencia que sorprendía a todos los que lo observaban.

Las caminatas, las luces del día y hasta una simple racha de sol dentro de la sala se convirtieron en descubrimientos que Mack vivía con una mezcla de curiosidad y cuidado.

En su relación con la familia, incluido un gato llamado Beannie, Mack demostró que la suavidad podía coexistir con la cautela: no era ofensivo, era más bien reservado y atento.\n\nEl proceso de recuperación no fue lineal. A pesar de haber sufrido como criatura de laboratorio, Mack buscaba el afecto, una señal de que la vida fuera más que pruebas y jaulas. Su comportamiento sobrio y su ternura con otros animales subrayaron la idea de que incluso aquellos que han conocido el miedo pueden encontrar confianza y seguridad en un entorno amoroso.

En cada avance, cada paso que daba hacia una vida cotidiana, aparecía una pequeña chispa de esperanza que, para Ilic, se convirtió en una evidencia poderosa de la necesidad de proteger a los animales que participan en la investigación.\n\nLas cifras ayudan a entender el marco: en Canadá, se registró un uso significativo de animales para investigación en 2024, con millones de casos documentados.

Esa realidad contrasta con la historia de Mack y de otros perros rescatados, que muestran que la vida puede transformarse cuando se les ofrece una segunda oportunidad, una oportunidad que depende de personas dispuestas a abrir las puertas de sus hogares y de comunidades que exigen mayor responsabilidad ética en la ciencia.

La experiencia de Mack llevó a Ilic a comprender que cada animal tiene una historia única y que salvar a uno de ellos puede ser equivalente a rescatar no solo su cuerpo, sino también su dignidad y su capacidad de enseñar a los humanos sobre la resiliencia y el cuidado.\n\nCon el tiempo, Mack encontró un hogar estable: ahora duerme en una cama suave, corre y juega con otros perros, y aprende a disfrutar de la compañía humana sin dejar de recordar sus miedos pasados.

Adoptar a Mack reforzó su convicción de que el activismo y la defensa de los derechos de los animales deben ir acompañados de acciones concretas: rescatar

Apretarlo contra su pecho le recuerda la soledad que vivió y le da una esperanza compartida: nadie debería sufrir por la ciencia, y cada vida que se rescata añade una mínima pero significativa semilla de cambio.\n\nPara Ilic, adoptar a Mack reforzó su convicción de que el activismo y la defensa de los derechos de los animales deben ir acompañados de acciones concretas: rescatar, rehabilitar y honrar a quienes han soportado pruebas.

Cada historia de adopción comprende un mensaje simple y poderoso: cuando se salva a un animal, se está, de alguna manera, salvando el mundo para ese individuo.

Si hay una enseñanza que quedarse, es esa: la compasión puede convertir una vida marcada por el daño en una existencia que abraza el cariño y la dignidad.\n\nNota histórica: el debate sobre el uso de animales en investigación ha atravesado décadas de debate público y cambios en prácticas y regulaciones.

Más allá de los casos concretos, la sociedad ha ido forjando normas que buscan equilibrar el avance científico con el bienestar de los animales, promoviendo transparencia, supervisión y alternativas cuando sea posible.

En este marco, las historias personales como la de Mack aportan un recordatorio tangible de que detrás de cada protocolo hay seres sensibles que merecen respeto y protección.\n\n¿Tienes una experiencia que pueda ayudar a otros a entender o empathizar con estas cuestiones? El tema continúa evolucionando, y voces como la de Ilic insisten en que la ciencia debe avanzar sin perder de vista la responsabilidad ética que acompaña cualquier investigación.

En la vida real, cada adopción y cada campaña de defensa de los animales contribuyen a un cambio que, poco a poco, redefine la relación entre humanos, ciencia y bienestar animal.

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