Matan a un líder del Comando Vermelho en Río de Janeiro durante una operación en Morro dos Prazeres: un nuevo golpe a la narcoviolencia
La Policía Militar de Río de Janeiro elimina a Claudio Augusto dos Santos, alias 'Jiló dos Prazeres', cabecilla del Comando Vermelho en Morro dos Prazeres. En la acción también murieron otros cinco miembros y un vecino tomado como rehén; los hechos desatan represalias con incendios de autobuses.
Una operación policial en #Río de Janeiro terminó este miércoles con la muerte de un peso pesado del narcotráfico.
Claudio Augusto dos Santos, conocido como 'Jiló dos Prazeres', llevaba años liderando la red de tráfico en la favela Morro dos Prazeres, ubicada en el distrito de Santa Teresa, una zona clave del centro-sur de la ciudad.
Tenía 55 años y era señalado por las autoridades como uno de los hombres clave para el negocio de estupefacientes que alimenta la violencia en la región.
Según el balance oficial, Dos Santos era el responsable de la red de #narcotráfico que operaba en esa favela y contaba con un historial de más de 130 detenciones, así como al menos ocho órdenes de prisión por tráfico de drogas y extorsión.
En la acción también fueron abatidos otros seis miembros de la organización, que se enfrentaron a la Policía Militar durante el operativo. Además, un vecino de la favela fue tomado como rehén y murió, aunque aún no se esclarece si recibió el disparo fatal por parte de algún integrante del grupo o en un fuego cruzado.
La investigación sobre el origen de ese disparo continúa en curso.
El suceso ocurre en un contexto de lucha constante entre las fuerzas de seguridad y el #crimen organizado en Río. La banda Comando Vermelho, considerada la más poderosa de Brasil y con ramificaciones fuera del país, ha mantenido durante años una red de tráfico de droga y de extorsión que ha empujado a millones a vivir en un clima de miedo, con tiroteos frecuentes y ataques a la infraestructura urbana.
Este operativo representa un golpe importante a su estructura de mando en una zona estratégica del centro-sur de la ciudad, y algunos analistas señalan que podría reconfigurar la dinámica de poder en varias favelas vecinas.
La Policía Militar explicó que la operación se desarrolló de forma coordinada con otros cuerpos y que no hubo necesidad de intervención federal, al menos por ahora.
En este tipo de intervenciones, la táctica suele combinar el trabajo de tropas en el terreno con labores de inteligencia para degradar las redes de distribución de droga y restringir la capacidad de los líderes de la banda para mover recursos.
La lucha contra el narcotráfico ha sido una constante durante décadas
En Brasil, la lucha contra el narcotráfico ha sido una constante durante décadas, con alternancias entre momentos de mayor y menor presión, pero con un denominador común: la violencia que afecta a vecinos inocentes y la necesidad de recuperar espacios públicos.
La reacción de los habitantes de Río no tardó en manifestarse. En represalia por la muerte de Dos Santos, varios autobuses fueron incendiados para bloquear algunas de las principales vías del centro de la ciudad.
Este tipo de incidentes, repetidos a lo largo de los años, muestran hasta qué punto la violencia del narcotráfico no solo es un problema de las fuerzas policiales, sino también de convivencia cívica y de servicios básicos.
Para muchos ciudadanos, gobiernos y autoridades deben priorizar políticas que reduzcan la dependencia de la violencia para resolver disputas de poder, como inversiones en seguridad ciudadana, empleo y oportunidades para jóvenes en zonas vulnerables.
En el plano histórico, el #Comando Vermelho nació en los años 70 y 80 como una fuerza surgida entre presos y ex presos que terminó extendiéndose a varias favelas de Río.
A lo largo de los años ha competido con otros grupos por el control de rutas de droga y por la influencia en los barrios. Aunque cada operativo deja víctimas y preguntas, para muchos analistas la presión constante sobre estas organizaciones ha llevado a una especie de guerra de desgaste que solo se resuelve a través de una combinación de endurecimiento policial y políticas sociales sostenidas.
Lo que está claro es que la ciudad de Río de Janeiro continúa en pie de lucha ante un enemigo que opera en las sombras y que, cuando sube la temperatura, los vecinos de a pie son los que más sufren.
Por ahora, las autoridades prometen mantener la vigilancia y reforzar la presencia policial en zonas sensibles para evitar una escalada de violencia.
Mientras tanto, la historia reciente de Río recuerda una y otra vez que, sin fortalecer las oportunidades de vida en las periferias y sin una respuesta firme al crimen organizado, las calles de esta ciudad seguirán siendo escenario de choques entre pistoleros y policías, y del silencio forzado de quienes viven bajo la amenaza constante de la violencia.