Trump dice que Cuba podría volver a la mesa de negociación tras aranceles al petróleo

Trump dice que Cuba podría volver a la mesa de negociación tras aranceles al petróleo

Un giro diplomático podría estar en juego: tras la imposición de aranceles a países que suministren crudo a la isla, el presidente estadounidense sugiere que Cuba podría buscar un acuerdo con Washington y, según él, recuperar su marco de libertad.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, supuestamente señaló durante un viaje a bordo del Air Force One que #Cuba podría intentar abrir canales de negociación con Washington tras la entrada en vigor de aranceles a los países que suministran petróleo a la isla, y que, en su visión, Cuba volvería a ser libre.

La afirmación, formulada en un contexto de tensión energética y de presión diplomática, se ha interpretado como un indicio de que la Casa Blanca no descarta un giro en las relaciones bilaterales pese a la fricción histórica.

Según fuentes citadas por la sala de prensa de la Administración, supuestamente el mandatario sostuvo que sería preferible que Cuba busque un acuerdo en lugar de seguir en confrontación, y que esos contactos podrían facilitar cambios significativos en el corto plazo.

Aunque no hay detalles sobre condiciones o plazos, el mensaje transmitido por el equipo presidencial ha sido interpretado por analistas como una señal de que Washington quiere priorizar la presión económica como llave para una eventual flexibilización.

Al mismo tiempo, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, presuntamente, advirtió que cortar el suministro de crudo a Cuba podría provocar una crisis humanitaria en la isla, un argumento que el Gobierno cubano reciprocó calificando de fascista la medida desde la óptica oficial.

La respuesta de La Habana ha sido de defensa de su soberanía energética, mientras busca acuerdos alternativos con otros proveedores para evitar un desabastecimiento mayor.

Este episodio se inscribe en un marco histórico complejo. Desde hace más de seis décadas, Estados Unidos ha mantenido un embargo y una relación tensa con la isla, con políticas que han condicionado el acceso a mercados y a bienes básicos.

En las últimas décadas, la dependencia cubana de los suministros petroleros de Venezuela ha sido un componente clave de su economía y de su capacidad de mantener servicios esenciales.

Aunque la ruptura de ese flujo ha supuesto un golpe importante, la narrativa oficial en La Habana ha buscado presentar una salida en la diversificación de socios y en la resiliencia interna.

Sin que ello signifique un cambio de rumbo radical en la política energética cubana

Supuestamente, esa diversificación ha incluido contactos con terceros países y negociaciones para asegurar suministros alternativos, sin que ello signifique un cambio de rumbo radical en la política energética cubana.

Desde el punto de vista de la #geopolítica energética, varios analistas señalan que el uso de aranceles como herramienta de presión podría desplazar el tablero hacia acuerdos condicionados a cambios en el comportamiento regional.

En ese marco, la posibilidad de una negociación entre Cuba y Estados Unidos podría verse como una salida para reducir la volatilidad de los precios del petróleo y para estabilizar una región históricamente volátil.

Presuntamente, algunos observadores señalan que, si bien las tensiones persisten, un diálogo encauzado podría evitar que exista un deterioro mayor de las condiciones humanitarias para el pueblo cubano, al tiempo que se envían señales a otros actores regionales sobre la disposición de Washington a buscar soluciones más pragmáticas.

Históricamente, las relaciones entre ambos países han oscilado entre confrontación y gestos puntuales de apertura. En los años recientes, incidentes diplomáticos, sanciones y campañas de información han marcado la agenda, con participantes que esperan que una negociación fructífera permita avances en áreas como energía, comercio y cooperación humanitaria.

Los próximos días serán decisivos para ver si las palabras de alto nivel se traducen en movimientos concretos sobre el terreno, o si el marco de la política exterior estadounidense permanece en una postura de presión sostenida.

En cualquier caso, la coyuntura ha reactivado el debate sobre qué papel jugaría Cuba en un corredor diplomático más amplio, en el que diferentes actores internacionales buscan influir en la dirección de la política energética de la región.

Si se logra avanzar hacia un acuerdo, sería necesario acordar mecanismos de monitoreo, garantías de suministro y salvaguardas para evitar que la crisis económica se convierta en un obstáculo para el desarrollo social de la isla.

Supuestamente, ese resultado podría abrir una nueva era de diálogo, cooperación y, eventualmente, una reducción de las tensiones que han marcado la relación bilateral durante décadas.

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