El boom del deporte femenino ya genera inversión, ¿cuándo igualarán los salarios el talento?
Análisis en español sobre el crecimiento económico del deporte femenino y la brecha entre ingresos y talento, con ejemplos y datos de acuerdos laborales recientes y contexto histórico.
Ya no es noticia que el #deporte femenino se haya convertido en una industria cada vez más lucrativa. Hay más inversión, mejor cobertura y audiencias más grandes que nunca. Con ese giro, los sindicatos de jugadoras reclaman #salarios más altos, mejores beneficios y condiciones de trabajo justas. Pero la pregunta clave sigue siendo: ¿cuándo el dinero de los contratos igualará el talento que ponen en juego cada día?
Entre las señales más claras, destacan los acuerdos laborales de la WNBA, firmados en marzo, que ya permiten permisos de maternidad remunerados, apoyo en cuidado de niños y ayudas mensuales para la vivienda.
El tope salarial para la temporada 2026 es de 7 millones de dólares, casi cinco veces más que el tope de 1,5 millones de 2025. En la NWSL, el #CBA vigente hasta 2030 eleva el tope de salarios hasta 5,1 millones y mantiene permisos de maternidad y paternidad pagados. En la PWHL, las jugadoras ven garantizados salarios mínimos y, además, estipendios mensuales para vivienda, sin un tope de sueldo recomendado; cada equipo debe cumplir una media salarial anual.
Sin embargo, cuando se publicaron las cifras, muchos destacaron la brecha entre las nóminas de las máximas estrellas y lo que gana, por ejemplo, la jugadora estrella de Montreal, Marie-Philip Poulin, que tuvo un salario de 110.216 dólares canadienses en la temporada 2025-26. En contraste, jugadores de la NHL como Auston Matthews, en su contrato de 53 millones por cuatro años, acumulan ingresos mucho más altos. Pero hay que entender que la #PWHL no cuenta con un gran acuerdo televisivo en EE.UU. todavía y ha crecido rápido hasta 12 equipos, con la esperanza de asegurar ese acuerdo y, con ello, volverse rentable.
Una línea de análisis clave es la distribución de ingresos. Aproximadamente el 65% de las jugadoras de la PWHL ganan menos de 60.000 dólares al año, lo que ilustra que la equidad de ingresos no depende solo del sueldo base, sino de la capacidad de la liga para monetizar su negocio.
Los reporteros de CBC señalan que el dinero que circula no se reparte en las mismas proporciones que en el hockey masculino; el CBA de la PWHL no contempla reparto de ingresos de la liga, y eso limita la magnitud de los aumentos para el conjunto de jugadoras.
Que en general financia salarios elevados para las estrellas
En comparación, el negocio de la NHL se basa en acuerdos televisivos multimillonarios; los ingresos se reparten entre propietarios y jugadores mediante un sistema de hockey-related revenue, que en general financia salarios elevados para las estrellas, pero que ha llevado décadas construir.
El gran mensaje es claro: al igual que la NHL, el crecimiento de las ligas femeninas es un proceso de larga duración. Aquel auge reciente no se ha traducido de forma lineal en salarios para todas; la historia del hockey masculino demuestra que lo que hoy parece imposible fue posible tras años de inversión, acuerdos y creatividad empresarial.
En 1917, cuando nació la NHL, el jugador mejor pagado ganaba 900 dólares al año; hoy aparecen contratos multimillonarios como el de Kaprizov, que promedia decenas de millones.
Eso da una pista de que la paridad llegará cuando las ligas femeninas alcancen capacidades de ingresos y de exposición semejantes.
El contexto actual, entonces, es de impulso más que de rectificación. Las jugadoras y sus sindicatos están empujando para convertir el crecimiento de la audiencia y la inversión en salarios reales y beneficios que permitan competir en igualdad de condiciones.
No se trata solo de quitarse el sombrero ante la gloria de abrir mercados, sino de construir un modelo sostenible en el que las deportistas reciban lo que valen y las ligas logren sostenerse.
En ese camino ya se ven avances, pero aún queda mucho por hacer para que el talento femenino reciba la recompensa que merece.