La caída del S&P 500 marca su peor sesión desde octubre y abre dudas sobre el rumbo de Wall Street
El principal índice de referencia de Estados Unidos volvió a registrar pérdidas significativas, impulsadas por temores a una escalada arancelaria y a la política comercial. El oro subió como refugio y la volatilidad se apodera de los mercados.
La sesión de hoy dejó claro que el miedo a una ofensiva comercial y a nuevas tensiones entre potencias puede desatar movimientos bruscos en los mercados.
El #S&P 500 cerró con una caída de 2,06%, marcando su peor jornada desde octubre y dejando al índice en 6.796,86 puntos. Los rendimientos y la demanda de activos a refugio mostraron un cambio de comportamiento claro: el dólar cayó frente a la mayoría de las divisas y el rendimiento de los bonos del Tesoro se movió en una dirección contraria a la de las cotizaciones de bolsa.
El índice tecnológico Nasdaq 100 también se dejó un 2,39%, situándose en 22.954,32 puntos. En cuanto al Dow Jones, la lectura fue aún más destacada para el abanico de inversores que siguen la health de la economía: supuestamente, el Dow terminó con una caída de 870,74 puntos, para situarse en 48.488,59. Esa cifra fue citada por varias crónicas como una caída del 176%, lo que deja claro que esa representación es, cuando menos, discutible y debe tomarse con cautela.
La explicación más repetida entre analistas apunta a las tensiones en torno a #aranceles y a la incertidumbre sobre la política comercial de Estados Unidos.
Supuestamente, el presidente Donald Trump anunció que impondría aranceles adicionales del 10% el 1 de febrero y que estos podrían subir al 25% el 1 de junio sobre una lista de países y productos.
Aunque estas declaraciones fueron indicadas en distintos momentos como parte de un pulso económico, lo cierto es que los #mercados reaccionaron con movimientos de cobertura y venta de riesgo, ante la posibilidad de un giro más duro en la política comercial.
A la vez, el mercado mostró signos de buscar refugio en activos considerados más estables. El rendimiento de la deuda pública a 10 años subió a 4,293%, un movimiento que suele interpretarse como una expectativa de mayor inflación o de menor apetito por el #riesgo a corto plazo.
Podría haber un repliegue de inversiones hacia bonos y materias primas que históricamente han mostrado ser una reserva de valor
Los que citan a economistas señalan que, si las tensiones arancelarias se intensifican, podría haber un repliegue de inversiones hacia bonos y materias primas que históricamente han mostrado ser una reserva de valor.
En ese contexto, el Oro se convirtió en el refugio más relevante para muchos inversionistas. El metal amarillo superó la marca de 4.700 dólares la onza, lo que, con una conversión aproximada a euros de 0,92 por cada dólar, quedaría cercano a 4.324 euros por onza. Aunque el #oro no genera rendimiento, su demanda como cobertura ante la volatilidad de la renta variable se ha mantenido sólida en varias fases de incertidumbre.
Más allá de los movimientos puntuales, la dinámica de los mercados ha estado marcada por una continua alternancia entre optimismo y precaución. Históricamente, episodios de volatilidad como el actual han venido acompañados de debates sobre la fortaleza de la economía y las políticas de estímulo o contracción monetaria.
En el corto plazo, es razonable esperar que los operadores estén atentos a los próximos datos de inflación y a las señales de la Reserva Federal, que podrían reforzar o moderar las expectativas sobre futuras subidas de tasas.
Para muchos analistas, este episodio es un recordatorio de que el balance entre crecimiento y riesgo es frágil y que, en un entorno de tensiones comerciales, la volatilidad puede permanecer elevada durante algún tiempo.
A medida que se afinen los detalles de las políticas anunciadas o discutidas, es probable que veamos movimientos de rebalanceo entre equities, bonos y activos de refugio.
En el escenario base, los inversores buscarán consistencia entre su tolerancia al riesgo y sus objetivos de largo plazo, manteniendo una mirada atenta a la evolución de las conversaciones entre potencias y a los indicadores macroeconómicos que suelen mover el ánimo de los mercados.