Una propuesta anunciada por el expresidente Donald #Trump para que las agencias hipotecarias #Fannie Mae y #Freddie Mac compren bonos respaldados por #hipotecas ha generado sorpresa y escepticismo entre analistas y operadores de mercado.
Supuestamente, Trump afirmó en redes sociales que ordenaba a sus representantes adquirir bonos hipotecarios por una cifra cercana a 184 mil millones de euros, con la idea de reducir los costos de los préstamos para la vivienda.
A pesar de la naturaleza inusual del movimiento y de la falta de claridad sobre su viabilidad institucional, el anuncio ha encendido un debate sobre qué impacto podría tener en las tasas y en la estabilidad financiera.
En esencia, Fannie Mae y Freddie Mac funcionan como compradores de última instancia en el flujo de hipotecas: adquieren créditos de los bancos, empaquetan esas hipotecas en valores y los venden a inversores.
Este proceso facilita que más personas obtengan préstamos para casas, al permitir que las entidades obtengan liquidez para seguir prestando. En el entorno actual, la deuda hipotecaria total en Estados Unidos alcanza aproximadamente 13,5 billones de dólares, lo que equivale a unos 12,4 billones de euros, según conversiones aproximadas vigentes.
La posibilidad de que un movimiento tan directo intervenga en ese engranaje ha provocado respuestas mixtas. Por un lado, algunos analistas señalan que una intervención de este tipo podría ayudar a bajar costos si se traduce en un mayor abastecimiento de crédito a condiciones más favorables.
Por otro lado, advierten que podría distorsionar la toma de riesgos y socavar la independencia de la Reserva Federal en la fijación de la política monetaria.
En palabras de varios observadores, “el control directo sobre una parte tan sensible del sistema crediticio podría tener consecuencias impredecibles para la inflación y la nivelación de tasas de interés a largo plazo”.
Desde el lado de los mercados
Desde el lado de los mercados, la idea llega en un momento en que el rendimiento de la nota del Tesoro a 10 años se ha mantenido en niveles elevados, en parte por un déficit presupuestario sostenido y por la necesidad de financiar un gasto público amplio.
Aunque la relación entre la compra de bonos hipotecarios por parte de entidades públicas o estatales y la trayectoria de las tasas no es lineal, la perspectiva de una intervención directa abre debates sobre la eficiencia del mercado y la distorsión de indicadores como las primas de riesgo.
Históricamente, la intervención del gobierno en el mercado hipotecario ha sido más frecuente durante crisis puntuales, como la crisis financiera de 2008 o durante fases de crisis sanitaria donde la Reserva Federal llevó a cabo compras masivas de bonos hipotecarios para calmar la tormenta.
Entre 2020 y 2022, por ejemplo, la Fed adquirió alrededor de 2,3 billones de euros en bonos hipotecarios, una magnitud que hoy algunos analistas comparan con el tamaño de otras intervenciones históricas y que, en su momento, fue vista como un pilar para evitar un colapso del crédito.
Diversos expertos citados en informes previos sostienen que, si el objetivo es reducir la carga de intereses para los solicitantes de vivienda, el nudo crítico no reside solo en la financiación, sino en la oferta de vivienda disponible.
En ese marco, se enfatiza que mejorar la construcción de nuevas viviendas y facilitar permisos podría resultar más eficaz que una solución basada únicamente en reacomodar el flujo de bonos.
En resumen, la propuesta de intervención para comprar bonos hipotecarios, aunque supuestamente podría contener beneficios a corto plazo para los costos de financiamiento, aparece rodeada de incertidumbres sobre su viabilidad, su impacto en la independencia de la política monetaria y su efecto real sobre la asequibilidad de la vivienda.
Para muchos observadores, la clave seguirá siendo aumentar la oferta de vivienda y reducir cuellos de botella estructurales que dificultan el acceso a la propiedad, más allá de experimentos puntuales con instrumentos de crédito y deuda.
Presuntamente, si el objetivo es estabilizar el mercado, las soluciones a medio y largo plazo deberán combinar políticas de crédito responsables con reformas de suministro y planificación urbana.