Greenspan, el oro y la lección que aún importa: ¿tenía razón el exjefe de la Fed?
Análisis claro y cercano sobre por qué Alan Greenspan defendía el oro como escudo contra el gasto público y la inflación, su evolución hasta hoy y qué significa para quien invierte con cabeza frente a la deuda y las burbujas.
En Estados Unidos,
Cuando en 1996 Alan #Greenspan avisó de una exaltación irracional en las valoraciones de las empresas, pocos tomaron nota y el mercado siguió subiendo durante años.
Treinta años después, con la fiebre de la inteligencia artificial y valoraciones que rozan lo multimillonario, esa advertencia parece cobrar otra relevancia.
Tras el fallecimiento del expresidente de la Reserva Federal a los 100 años, muchos preguntan si su visión sobre el #oro como refugio sigue teniendo peso.
Antes de ser cabeza de la Fed, Greenspan ya defendía una idea simple: el oro no es solo un metal precioso, es un instrumento para proteger el ahorro frente a gobiernos que gastan de más, a una #inflación que puede deslucir el poder de compra y a un dinero fácil que no se detiene.
En su ensayo de 1966, escrito para una publicación vinculada a Ayn Rand, explicó que abandonar un sistema monetario respaldado en oro facilitaría que los gobiernos y los bancos centrales ampliaran la oferta de dinero y, al hacerlo, empujarían a la moneda hacia abajo con el tiempo.
En otras palabras, el oro sería un ancla ante la tentación de imprimir más dinero.
Con el paso de las décadas, esas ideas cobraron más actualidad. Después de la gran crisis financiera, bancos centrales de todo el mundo usaron múltiples rondas de flexibilización cuantitativa, la deuda pública se disparó y la inflación, en distintos momentos, ha superado la meta de referencia.
Muchos inversores ven en esa combinación de deuda, estímulos y precios volátiles una señal de que el oro podría actuar como un refugio de valor a largo plazo.
Como explica el analista Ryan Lee, de Bitget, el oro no suele igualar el crecimiento de las acciones en el corto plazo, pero puede servir de seguro frente a la devaluación de la moneda, la incerteza política y la volatilidad de las políticas públicas.
Pero, ¿de dónde sale esa creencia? Greenspan no formuló su tesis en la era de los ordenadores; nació y se afianzó en la idea de que el oro es escaso, durable, uniforme y fácilmente divisible.
Si alguien intenta sustituir un sistema respaldado en oro por otros activos, podría asumir riesgos desproporcionados: imprimir dinero, prestar contra activos que no son tangibles y arriesgar la confianza en la economía.
Esa visión conservadora fue un eje de su ideario cuando la #economía funcionaba con reglas simples y menos intervención.
Greenspan advirtió sobre una burbuja de valoraciones elevadas que podría estallar y provocar una recesión parecida a la que vivió Japón en la década de los noventa
En su momento más conocido, Greenspan advirtió sobre una burbuja de valoraciones elevadas que podría estallar y provocar una recesión parecida a la que vivió Japón en la década de los noventa.
Los años siguientes mostraron que, aunque la economía siguió creciendo durante mucho tiempo, el mundo cambió: apareció una fase de innovación disruptiva, las empresas tecnológicas crecieron a ritmos febriles y, de fondo, siguió la preocupación por la inflación.
Muchos ven en esa dinámica un terreno fértil para el argumento a favor del oro como protección frente a la devaluación monetaria, aunque otros señalan que las acciones han seguido liderando el rendimiento a largo plazo.
Pero la historia de Greenspan también tiene grietas. En 2008, ante un comité del Congreso, él mismo reconoció haber razonado mal sobre el laissez-faire: “he encontrado un fallo”. Aceptó que dejar que los mercados se autorregularan no siempre funciona y que, en la práctica, esas decisiones pueden agravar crisis posteriores. Ese episodio resalta una enseñanza clave: incluso quien defiende la libertad de mercado admite que hay límites y que la intervención puede ser necesaria para evitar daños mayores.
El debate sobre si el oro protege frente a la inflación y al gasto público no es nuevo, y no todos comparten la misma confianza. Jeremy Siegel, economista veterano, advierte que el oro tiende a conservar valor, pero no ofrece crecimiento sostenido ni ingresos constantes como las acciones, por lo que no debe verse como sustituto de la renta variable.
Quienes defendían la tesis de Greenspan apuntaron a que, a la larga, los movimientos de deuda y la política monetaria podrían erosionar el poder adquisitivo de las divisas, haciendo del oro un ancla útil.
En la práctica, quien siguió la idea de Greenspan y eligió el oro como refugio podría haber obtenido cierta protección ante shocks, pero habría perdido oportunidades de crecimiento si solo se hubiera agarrado a ese activo.
Hoy, con inflación persistente, deuda elevada y estímulos pandémicos que dejaron huella, la pregunta de si el oro merece un lugar en la cartera vuelve a estar sobre la mesa.
En resumen, la clave no es sólo si Greenspan estaba “en lo cierto” o “equivocado”, sino entender qué parte de su razonamiento llega hasta hoy: la idea de que un activo con características intrínsecas —escasez, durabilidad y capacidad de almacenar valor— puede equilibrar un portafolio ante la desequilibrio monetario.
Esa es la clase de concepto que continúa alimentando el debate entre quienes buscan una #inversión más segura frente a la deuda y la volatilidad, y quienes confían en que, a largo plazo, las acciones siguen siendo el motor del crecimiento económico.