El fallo del sensor de presión de neumáticos en frío podría pasar desapercibido y dejarte varado
Análisis sobre las posibles fallas de los sensores TPMS en temperaturas bajas y pautas prácticas para evitar riesgos al conducir.
Con la llegada del frío, la mayoría de los coches modernos incorporan sistemas de monitoreo de presión de #neumáticos (TPMS, por sus siglas en inglés).
Estos sensores envían datos de presión de cada neumático al ordenador del vehículo para avisar si alguno está bajo presión. Aunque suelen funcionar de forma fiable, no están exentos de fallos, y las temperaturas bajas pueden acentuar ciertos problemas. Este fenómeno preocupa especialmente a quienes dependen de la seguridad y la eficiencia de sus vehículos en deslizamientos y carreteras heladas.
Existen dos tipos de TPMS: directo, que utiliza sensores en la válvula para medir la presión real de cada neumático y transmite datos en tiempo real, y indirecto, que no mide la presión de forma directa sino que infiere cambios a partir de la velocidad de giro de las ruedas y del sistema ABS.
Cada sistema presenta particularidades y cotejos de fiabilidad ante el frío extremo. En climas duros, las lecturas pueden verse afectadas por cambios bruscos de temperatura, lo que a veces genera alertas erráticas o fallos persistentes.
Las causas de una falla pueden ser diversas. Supuestamente, la batería del sensor puede agotarse con el tiempo y provocar lecturas imprecisas o la ausencia de información. Presuntamente, el sensor podría dañarse por golpes en baches, botes de hielo o exposición prolongada al ambiente frío, o incluso por instalación incorrecta o corrosión en el puerto de la válvula.
Otros factores que podrían interferir son la acumulación de hielo, suciedad o humedad que impide una lectura estable.
¿Qué hacer si el TPMS falla? Lo primero es no ignorar la luz de aviso. Si ves una señal que indica problema, conviene verificar la presión de los neumáticos de forma manual antes de continuar. Si dispones de un manómetro, mide la presión en cada rueda y ajústala a la especificación indicada en la etiqueta de la puerta o en el manual del coche.
Si todas las ruedas marcan dentro del rango correcto, la alerta podría ser un fallo del sistema y podría requerir una revisión profesional. Si la lectura no se muestra correctamente o la luz persiste, lo más recomendable es acudir a un taller para diagnóstico y posible reparación del TPMS.
En términos de costos, los sensores de TPMS suelen costar supuestamente entre 55 y 92 euros por unidad, dependiendo de la marca y del tipo (directo o indirecto), y la mano de obra para la sustitución y reinicialización puede oscilar entre 18 y 55 euros por rueda.
Estas cifras son aproximadas y pueden variar según el país, el taller y el modelo del coche. En casa o con ayuda de un profesional, algunas personas optan por reemplazar solo el sensor dañado y reprogramar el sistema según el manual del fabricante, lo que puede reducir costos, aunque en ciertos casos sea necesario radiar y volver a programar el conjunto completo.
Varios países y regiones han ido incorporando la exigencia de TPMS en coches nuevos para prevenir accidentes relacionados con neumáticos desinflados
Históricamente, el TPMS se ha convertido en una norma de seguridad relativamente reciente en muchos mercados. Desde hace años, varios países y regiones han ido incorporando la exigencia de TPMS en coches nuevos para prevenir accidentes relacionados con neumáticos desinflados.
Esta evolución ha contribuido a una mayor conciencia sobre la importancia de la presión adecuada y la monitoreo continuo, incluso en condiciones de frío extremo.
Aun así, la tecnología no es infalible y, en temperaturas bajas, la vigilancia manual sigue siendo una práctica sensata.
Medidas prácticas adicionales para evitar sorpresas en invierno: revisa la presión de los neumáticos con regularidad, incluso si tu coche indica que todo está bien; evita usar la vaselina o productos que puedan afectar la calibración de sensores; y considera llevar un pequeño manómetro de viaje para comprobar las lecturas cuando hace mucho frío o tras largos desplazamientos.
Si el coche admite reinicialización del TPMS tras un cambio de neumáticos o de sensores, sigue las instrucciones del fabricante para que el sistema vuelva a funcionar correctamente.
En conclusión, el frío puede revelar debilidades del TPMS, pero con verificación manual periódica, mantenimiento adecuado y una revisión profesional cuando sea necesario, es posible minimizar riesgos y asegurarse de que el sistema de monitoreo de presión siempre aporte una guía confiable para la seguridad en carretera.
Supuestamente, la combinación de control manual y reparación oportuna del TPMS reduce significativamente la probabilidad de sorpresas durante la conducción invernal.