En la Copa Africana de Naciones, la #semifinal entre #Marruecos y #Nigeria en Rabat ofreció una escena que trascendía lo deportivo.
Cuando los equipos ya estaban en posición, y el protocolo marcó el inicio con los himnos, el estadio, hasta entonces dominado por silbidos contra los jugadores nigerianos y por los gritos a favor del equipo local, entró en una pausa inesperada.
Sonó el himno de Nigeria y, durante esos segundos, la afición marroquí dejó de lado la beligerancia: no hubo silbidos, no hubo insultos, solo un aplauso colectivo.
Fue un instante breve, casi frágil, pero cargado de significado: el respeto institucional y deportivo que puede coexistir con la pasión de una semifinal tan esperada.
Video de la escena circuló en redes y en las crónicas: los hinchas de Marruecos aplaudieron el himno rival. Ese aplauso no pareció surgir de la casualidad; se sintió como un compromiso compartido de acatar las normas y de preservar la esencia misma del #fútbol como encuentro entre culturas distintas.\nCon la música todavía resonando, el estadio volvió a su dinámica habitual: el aliento dirigido a la selección anfitriona se mezcló con el eco de las vuvuzelas y el murmullo de los técnicos y aficionados.
La escena, al margen de los goles posibles y de las estrategias, dejó una imagen poderosa: se puede empujar con intensidad, alentar con intensidad, y a la vez trazar un límite claro entre la competencia y el reconocimiento del rival.
En tiempos en los que el fútbol suele debatirse entre la pasión y la hostilidad
En tiempos en los que el fútbol suele debatirse entre la pasión y la hostilidad, ese minuto mostró una lectura diferente.\nMás allá de la emoción del momento, la AFCON deja constancia de una de esas postales que Marruecos quiere conservar para el mundo en la década que se aproxima a 2030.
En un país que ha buscado consolidar su rol como anfitrión de un Mundial junto a vecinos europeos, gestos como este alimentan la narrativa de un fútbol africano que persigue la grandeza sin perder la memoria de su convivencia.
Es, por supuesto, una lectura entre líneas, pero se alinea con la idea de que el rendimiento deportivo y el respeto mutuo pueden reforzar la imagen de un deporte que une a los pueblos.\nEn el circuito continental, no es la primera vez que ocurre que la rivalidad se modera ante una demostración de cordialidad de la afición. Este episodio se suma a una colección de episodios que, más que contaminar el relato de una competición, lo enriquecen: el fútbol puede ser emoción y estructura, orgullo y apertura al mismo tiempo.
En Rabat, ese instante dejó una marca que no depende de un resultado: es una afirmación de la cultura del juego limpio y del deseo de que el fútbol africano, con Marruecos a la cabeza, siga construyendo puentes entre naciones.