El tranvía de Zaragoza regresa con una nueva etapa que podría reformar la movilidad de la ciudad
Aragón Transporte 09 January, 2026

El tranvía de Zaragoza regresa con una nueva etapa que podría reformar la movilidad de la ciudad

Revisión de la historia del tranvía en Zaragoza, desde su concesión en 1885 hasta las fases de 2011 y 2013, con cifras en euros y menciones a posibles costos futuros.

La #historia del tranvía de #Zaragoza no es solo una crónica de #transporte sino un espejo de la evolución urbana.

En enero de 1885 se adjudicó la concesión del #Tranvía del interior y afueras de Zaragoza, conocido popularmente como la línea Bajo Aragón, con paradas en el Coso, San José y Matadero.

El inicio de la red marcó el arranque de una era que conectó barrios y centros de la ciudad en una trama que, con el paso de las décadas, fue definiendo el carácter de la Zaragoza de entonces.

A partir de 1902, la línea de Torrero se electrificó, iniciando un proceso de expansión de la red que adoptó una distribución radial centrada en la Plaza de España.

Este diseño convirtió el corazón de la ciudad en un nudo de #movilidad y permitió que los barrios periféricos ganaran peso en las rutas de pasajeros.

Durante los años cincuenta, la red alcanzó su mayor intensidad, con una flota que daba servicio a múltiples líneas y que convirtió al tranvía en un símbolo de modernidad para la gente de la época.

Sin embargo, en la década de 1960 la creciente cantidad de coches y la desaparición de puestos laborales vinculados al tranvía supuso un paso decidido hacia el reemplazo por autobuses.

El 22 de enero de 1976 dejó de operar la última línea, la denominada 11 PARQUE-SAN JOSÉ, y la ciudad inició una transición que la llevó, durante años, a depender de un sistema de transporte más centrado en vehículos de motor.

Con la mirada puesta en la movilidad contemporánea

Con la mirada puesta en la movilidad contemporánea, el proyecto de Tranvías de Zaragoza resurgió con la primera fase entre Valdespartera y la Plaza Basilio Paraíso, inaugurada el 19 de abril de 2011.

La segunda fase, Valdespartera - Parque Goya, quedó finalizada el 26 de marzo de 2013. Este tramo, que conectó nuevos barrios con el centro, marcó la consolidación de una red que busca equilibrar demanda, coste y sostenibilidad.

supuestamente la inversión total de la modernización habría estado en torno a 320 millones de euros. Además, la primera fase habría supuesto unos 150 millones de euros y la segunda unos 170 millones. Estas cifras deben entenderse como estimaciones sujetas a ajustes según las evaluaciones técnicas y económicas que se realicen a futuro. presuntamente estas inversiones han tenido efectos en la planificación urbana, en el pulso de los barrios y en la vida cotidiana de miles de zaragozanos que hoy ven en la red tranviaria una alternativa viable para moverse sin depender tanto del automóvil.

Más allá de los datos institucionales y las cifras, la historia del tranvía de Zaragoza es también una historia de convivencia entre tradición y modernidad.

En su periodo de mayor auge, la red conectaba barrios como Torrero, Cabañas y el Centro, generando flujos que fortalecieron dinámicas vecinales y favorecieron el desarrollo comercial a lo largo de las arterias principales.

En el siglo XXI, con la reapertura del eje Valdespartera–Parque Goya, la ciudad parece mirar hacia un futuro en el que la movilidad suave y la eficiencia energética ocupan un lugar central.

presuntamente, algunos analistas ven este tramo como un laboratorio urbano para futuras extensiones que podrían incorporar tecnologías de gestión de tráfico, señalización inteligente y servicios de última milla.

Aunque las cifras y fechas que se han citado pueden variar en función de las fuentes, lo que no admite dudas es que Zaragoza ha sabido aprender de su pasado para convertir el tranvía en un eje de desarrollo sostenible.

La memoria histórica, conservada en archivos y en la memoria colectiva, dialoga hoy con proyectos contemporáneos, y añade capas de significado a un sistema de transporte que ya forma parte de la identidad de la ciudad.

supuestamente, la próxima década podría traer nuevas ampliaciones si la demanda y los presupuestos así lo permiten, continuando la conversación entre el casco antiguo y los barrios periféricos y consolidando un modelo de movilidad que equilibra historia, innovación y calidad de vida.

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