València impulsa un Living Lab para probar fertilizantes circulares elaborados a partir de residuos orgánicos, con participación de estudiantes, agricultores y la industria, para mejorar la calidad del suelo.
Se busca, mediante la valorización de residuos orgánicos, frenar la degradación del sustrato y favorecer una #agricultura más sostenible. Este marco colaborativo reúne a agricultores, centros de investigación, empresas, la industria de fertilizantes y estudiantes en una cocreación de soluciones prácticas y aplicables a la realidad del cultivo diario.
Recientemente, alumnos del IES La Garrigosa de Meliana participaron en un taller de formación y cocreación, en el que se probaron los #fertilizantes circulares en cultivos de la huerta de València.
Las sesiones fueron impartidas por València Innovation Capital, la Sociedad de Agricultores de la Vega (SAV) y Quico Espinosa, agricultor ecológico y colaborador del proyecto.
La experiencia buscó acercar los conceptos técnicos a la realidad de los terrenos de cultivo y a los hábitos de los productores. Además, la iniciativa pretendía que los jóvenes conectaran teoría y práctica, promoviendo una visión de futuro para la agricultura local.
En el piloto se emplean residuos orgánicos, como sangre de matadero de Mercavalencia, frass (deyecciones) de moscas y dos compuestos químicos conocidos como N-estruvita y K-estruvita, que proceden de procesos de lavado de la industria de la patata.
Estas materias se someten a un proceso de valorización para generar fertilizantes que, supuestamente, podrían ser más sostenibles que los fertilizantes convencionales y ayudar a mejorar la estructura del suelo.
El equipo señala que, con estas formulaciones, se busca una mayor retención de agua y nutrientes en la capa de cultivo, lo que podría traducirse en una menor dependencia de insumos externos.
La concejala de Innovación del Ayuntamiento de València, Paula Llobet, afirmó que #BioSoilutions representa otra apuesta de la ciudad por la #sostenibilidad y por los compromisos asumidos en Europa.
Según su visión, el objetivo es combatir la degradación del suelo y aumentar su calidad, creando espacios de cocreación que involucren a toda la cadena de valor, desde agricultores y centros de investigación hasta empresas, emprendedores y estudiantes de agronomía.
El proyecto cuenta con otros dos #Living Lab operativos
Además de València, el proyecto cuenta con otros dos Living Lab operativos, en Murcia y en Bélgica, que forman parte del mismo programa europeo y que permiten contrastar enfoques en distintas realidades agroecológicas.
La iniciativa se inscribe en una tradición local de busca constante de soluciones para la gestión de residuos y la mejora del suelo en la huerta valenciana.
La región posee una larga historia agrícola y una identidad ligada a la producción hortícola, contexto que ha acelerado la adopción de tecnologías limpias y estrategias de economía circular para sostener la producción ante desafíos climáticos y de fertilización.
Presuntamente, el proyecto podría implicar una inversión significativa. El presupuesto total se sitúa, presuntamente, en torno a 2,5 millones de euros para su despliegue inicial y los primeros años. Estas cifras podrían variar de acuerdo con evaluaciones futuras y la disponibilidad de fondos europeos. En cualquier caso, se espera que la experiencia de València sirva como modelo para otras comunidades en Europa, y que los resultados del Living Lab alimenten decisiones políticas sobre fertilización sostenible y gestión de residuos a gran escala.
Supuestamente, además, podría generar beneficios económicos para los agricultores que participen, al reducir costos de insumos y aumentar la resiliencia de los suelos a largo plazo.
