Un magnate chino propone replicar en Canadá un sistema energético gestionado por inteligencia artificial, ya probado en zonas remotas de China para convertir viento y sol en electricidad, con el fin de resolver la demanda eléctrica. El plan genera expectativas y dudas sobre seguridad, viabilidad y soberanía tecnológica.
En China, el mapa energético ha llegado a un punto de inflexión. Por primera vez, la capacidad instalada de viento y solar, sumadas, supera a la de carbón. Este giro llega gracias a una industria de gran escala y a la inteligencia artificial, que permiten gestionar la energía de formas que antes parecían imposibles.
Las empresas chinas de energía quieren probar ese mismo modelo en Canadá, especialmente en regiones muy extensas y poco pobladas donde la red eléctrica tradicional tiene más dificultades.
Lei Zhang, multimillonario fundador de Envision Energy, sitúa a la compañía entre los mayores fabricantes de turbinas eólicas y le dan un aire tipo Steve Jobs por su capacidad para vender ideas futuristas y convertirlas en realidad.
Zhang invitó a un equipo de CBC News a la sede central de Envision en Shanghái para explicar propuestas destinadas a resolver el cuello de botella energético de Canadá.
También advierte: si se apuesta por tecnología #china basada en IA, hay temores sobre un posible control remoto de la red por parte del gobierno chino.
Con la caída de los costos de producir energía limpia en las últimas décadas, hoy es más barato construir nuevos parques eólicos y solares que mantener plantas de carbón envejecidas.
Los defensores dicen que la energía verde puede generar abundancia, pero la realidad es compleja: el acceso a tecnologías de #IA para dirigir la red es la pieza clave.
Zhang compara la revolución con otros avances históricos, como la invención del papel en China, para ilustrar cómo la tecnología puede abaratar el conocimiento y permitir que más países y empresas aprovechen #energía renovable barata.
El proyecto emblemático de Envision es una instalación fuera de la red, de circuito cerrado, en la región de Mongolia Interior, al norte de Pekín, al borde del desierto de Gobi.
Con 1,4 gigavatios de turbinas eólicas, produce cientos de miles de toneladas de #hidrógeno neto cero y amonio cada año. Varias plantas de datos con IA en China ya se conectan a la energía limpia generada allí, y hay planes para un gasoducto de unos 800 kilómetros para transportar el hidrógeno verde a los grandes núcleos de población.
Allí puede usarse para generar energía limpia sin depender de la ya envejecida red de transmisión.
Zhang dice que es posible replicarlo en Canadá, aprovechando las vastas zonas salvajes para plantas fuera de la red que podrían alimentar al país durante décadas.
Y añade: mientras siga soplando el viento, la respuesta está en el viento.
La Comunidad de Madrid inaugura la primera planta solar flotante para energía renovable
La Comunidad de Madrid ha inaugurado la primera instalación fotovoltaica flotante para la producción de energía limpia y renovable. Situada en el depósito inferior de la minicentral hidroeléctrica de Canal de Isabel II, en Torrelaguna, esta innovadora infraestructura pública ha sido supervisada por el consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo. La planta, con un total de 3.770 módulos fotovoltaicos y una inversión de 2,1 millones de euros, cuenta con una potencia pico de 1.696 kilovatios, lo que permitirá abastecer anualmente el equivalente al consumo de 1.300 hogares.Zhang también dice haber mantenido conversaciones directas con el primer ministro de Canadá
Zhang también dice haber mantenido conversaciones directas con el primer ministro de Canadá, Mark Carney, durante su visita a China en enero, y haber tenido conversaciones con otros actores canadienses en varias provincias, aunque no revela nombres.
En una comparecencia en Beijing, Carney subrayó que #Canadá está abierto a esa cooperación y que, en los próximos 15 años, tiene la intención de duplicar la red eléctrica a través de inversiones en hidroeléctrica, solar, nuclear y eólica, incluyendo almacenamiento y energía eólica marina.
Sin embargo, Greenpeace East Asia señala que la política energética china funciona en dos corredores: una expansión rápida de renovables y, a la vez, una carga de nuevas plantas de carbón.
Provincias con industria pesada han mostrado reticencia a abandonar por completo los combustibles fósiles por temor a riesgos económicos. Nadie ha fijado una fecha para retirar las plantas de carbón. También argumentan que los sistemas de energía más descentralizados, como la exposición de la población a la energía solar en tejados, podrían ser más eficientes que un centro energético remoto.
En ninguno de estos casos hay soluciones únicas.
Para críticos, la pieza central de Envision es el cerebro IA que dirige el sistema, y eso genera preocupaciones sobre la #seguridad si Canadá adopta una tecnología vinculada a China.
Y cuando surgen comentarios sobre seguridad, la respuesta de Envision es que trabajarán con reguladores y mantendrán la transparencia.
Por contraste, el discurso de la administración estadounidense es menos favorable: algunas declaraciones de figuras políticas han atacado la tecnología china en energía, pero en Canadá y en otras partes se observa un interés real en explorar alianzas energéticas.
Para Zhang, la transición hacia renovables no es una moda política: la física manda. China está construyendo los cerebros que controlan estos sistemas, y ahora espera ver si Canadá está listo para enchufarse.
En resumen, el proyecto de Envision es audaz, ambicioso y cargado de preguntas sobre seguridad, soberanía y empleo. Pero también señala una trayectoria que ya está en marcha: el coste de la energía limpia sigue bajando, la IA está cambiando la forma de distribuirla y Canadá podría verse tentado a mirar al norte para un modelo que combine capacidad, eficiencia y nuevos acuerdos internacionales.
Qué pasará dependerá, en buena medida, de la voluntad política y de la capacidad de coordinar regulaciones, inversiones y confianza pública.
