Las primeras cifras oficiales sitúan a Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga al frente del escrutinio, mientras miles de votantes quedaron impedidos de votar por problemas en la apertura de las mesas. Este artículo explica qué ocurrió, qué dicen los números y qué podría pasar a continuación.
Este domingo, #Perú vivió unas #elecciones marcadas por la disparidad en la participación y por fallos logísticos que impidieron a miles de ciudadanos emitir su voto.
Según la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), el escrutinio alcanzaba el 52% de las actas cuando aún quedaban por contabilizar votos para completar el cómputo total.
En esa muestra inicial, Keiko Fujimori, candidata de la derecha, y el ultraconservador #Rafael López Aliaga ocupaban los puestos de cabeza, mientras un tercero, el centro-derecha Jorge Nieto, quedaba en tercer lugar.
Estos resultados abren la posibilidad de un balotaje, que se decidiría el 7 de junio si ninguno de los aspirantes obtiene la mitad más uno de los votos.
Las cifras oficiales, difundidas por la ONPE, mostraban a Fujimori con 16,94% y a López Aliaga con 14,74%, con Nieto a la cabeza de los demás contendientes con un 12,90%.
Aunque estas cifras se consideran parciales, permiten ver una contienda estrecha entre las opciones más fuertes y dejan claro que la carrera hacia la segunda vuelta está lejos de estar definida.
En todo caso, el resultado más probable a esa altura apuntaba a que cualquiera de los dos candidatos mencionados podría acumular apoyos suficientes para superar a sus rivales en las siguientes fases, si las tendencias se mantienen.
Uno de los factores que ensombreció el domingo fue la irregularidad en la apertura de mesas. Las autoridades se vieron obligadas a extender el plazo de #votación hasta el lunes para unas 63 mil personas, principalmente en Lima, que no pudieron sufragar el día de las elecciones.
La extensión se justifica por la necesidad de garantizar el derecho al voto a quienes fueron bloqueados por problemas logísticos, aunque también añade incertidumbre sobre la participación final y el resultado definitivo.
El ambiente electoral se vio marcado por una alta diversidad de candidaturas: se registró un récord de 35 aspirantes a la presidencia, con una mezcla de propuestas que iban desde enfoques de austeridad y seguridad hasta visiones más reformistas.
Esta amplitud reflejaba una sociedad polarizada, con votantes preocupados por la delincuencia, la corrupción y la economía, y con un electorado que buscaba garantías de orden y estabilidad.
En el marco histórico de Perú
En el marco histórico de Perú, la representación política ha sido inestable en la última década. Desde 2018, el país ha tenido ocho presidentes y un Congreso fuertemente fragmentado, lo que ha dificultado la aprobación de reformas sustantivas y ha intensificado la necesidad de acuerdos entre fuerzas políticas para avanzar en temas sensibles.
Este contexto explica, en parte, por qué unas elecciones que debían ser un barómetro de apoyo ciudadano se ven atravesadas por dudas sobre la gobernabilidad y la seguridad jurídica.
Las proyecciones previas a la votación ya habían anticipado que ninguno de los candidatos podría alcanzar el 50% de los votos en la jornada, lo que dejaba abierta la posibilidad de un balotaje.
En ese escenario, la atención se centra en cuántos votantes, especialmente en Lima y otras grandes ciudades, acudirán a las urnas en la segunda vuelta para definir quién conducirá el país en un periodo que, para muchos analistas, exige reformas y un marco institucional sólido.
Por ahora, los analistas señalan que el escrutinio continuará durante los próximos días y que el resultado final dependerá de cuántos votos legítimamente emitidos se cuenten en las actas que faltan por validar.
En todo caso, la presencia de Fujimori y López Aliaga entre los líderes sugiere que la próxima fase electoral podría consolidar un choque entre posiciones de corte conservador y de mercado, con amplias repercusiones para la política peruana y su relación con actores económicos y sociales del país.
Mientras tanto, las autoridades llaman a la calma y señalan que el proceso continuará con transparencia, buscando que la ciudadanía tenga confianza en el conteo y, sobre todo, en la eventual definición de un nuevo mandato que se encare con un Congreso que también afronta un periodo de cambio y negociación.
En estas circunstancias, el país observa de cerca cómo se consolidan las coaliciones y qué acuerdos serán necesarios para completar un proceso institucional que, a día de hoy, parece lejos de resolverse de inmediato.
