Informe sobre cómo Oceanía es la primera en recibir 2026 y Howland y Baker, las últimas zonas en celebrar, con Kiribati como protagonista de la apertura.
Este patrón no es casualidad: la forma en que la tierra se reparte los días hace que cada país avise al mundo de la nueva fecha a su manera. En 2026, las noticias de la llegada del año se generan desde las islas más remotas del Pacífico, hasta los grandes centros urbanos de Asia y Europa.
El primer país o territorio que recibirá el año nuevo es Kiribati, un Estado insular situado en el Pacífico Central. La nación está formada por una cadena de 33 atolones y la isla volcánica de Banaba; entre ellas destaca Kirimati, conocida popularmente como la Isla Navidad.
Este conjunto de tierras, que se extiende a lo largo de varias zonas horarias, representa un ejemplo extremo de la distribución temporal mundial: la demarcación de la fecha es tan amplia que algunas islas celebran horas antes que otras incluso dentro del mismo país.
En particular, Kiribati ha sido históricamente protagonista de este fenómeno, ya que su disposición geográfica sitúa a Kirimati en una posición que la convierte en una de las últimas en ver el día finalizar cada día y, al mismo tiempo, en la primera en inaugurar el siguiente.
La diferencia horaria entre Kiribati y Chile llega a 17 horas. En la práctica, cuando en Chile empiezan a sonar las campanas para el 31 de diciembre, las islas de Kiribati están ya celebrando el inicio del nuevo año a primera hora de la mañana.
En concreto, la región de Kiribati donde reside Kirimati celebra el cambio de fecha cuando en Chile aún son las 07:00 del 31 de diciembre. Este detalle, que suena meramente técnico, revela el alcance planetario de una celebración que no conoce fronteras y que se vive de forma distinta según el mapa horario de cada región.
A la otra orilla del Pacífico, las últimas zonas en recibir el Año Nuevo no son países en sí, sino islas dependientes de Estados Unidos: Howland y Baker.
Situadas en pleno océano, cerca de Oceanía, estas islas quedan a la derecha de la línea de la fecha, y por ello son las más tardías en iniciar las campanadas de cada año.
Su condición de territorios ultraperiféricos les coloca en una especie de último capricho temporal, un recordatorio de que el paso del tiempo no se reparte de forma uniforme en el planeta.
Históricamente, Kiribati tomó una decisión audaz en 1995 para reconfigurar sus husos y hacer que todas sus islas vivieran el mismo día. La medida, que desplazó regiones enteras del sistema de fechas, convirtió al archipiélago en un ejemplo extremo de sincronización temporal, una curiosidad que ahora se cuenta cada año cuando su nombre pulsa la primera hora del nuevo año.
Según el reloj del mundo
Desde entonces, Kiribati, y especialmente Kirimati, se convierten en el símbolo de la apertura de la cuenta y de la última frontera para la despedida del año, según el reloj del mundo.
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