La directriz del Ministerio de Medio Ambiente y Bosques de Indonesia ordena el fin de los paseos en elefante en parques y centros turísticos. No es una ley, pero tiene peso práctico porque se aplica a través de permisos de funcionamiento y puede activar advertencias o la retirada de licencias.
La medida no es una ley, pero sí una directriz del Ministerio de Medio Ambiente y Bosques, transmitida a través de su área de conservación, y con un peso práctico claro: afecta a quién puede operar y cómo hacerlo.
En la práctica, las autoridades pueden advertir a los establecimientos y, si no cumplen, incluso revocar sus permisos de funcionamiento.
En Bali, la isla que suele ser el epicentro del turismo en Indonesia, ya se está viendo el impacto. Las autoridades locales han empezado a fiscalizar y a enviar advertencias a centros donde aún se ofrecen paseos a lomos de #elefantes o se mantienen casos de cautiverio.
Según fuentes locales, varios recintos han dejado de ofrecer esta actividad para alinearse con la nueva política y evitar perder sus licencias.
Entre los más conocidos que han ajustado su oferta están #Bali Zoo, que suspendió los paseos a comienzos de este año, y Mason Elephant Park, que también puso fin a la práctica tras recibir advertencias formales.
Estas advertencias incluían la posibilidad de perder el permiso de operación.
Este cambio en la política de #Indonesia se enmarca dentro de una tendencia más amplia: cada vez más destinos buscan equilibrar el turismo con el bienestar animal.
Asociaciones de turismo y entre visitantes
En los últimos años, la crítica a las prácticas de cautiverio y de paseos en elefante ha ganado fuerza en ONG, asociaciones de turismo y entre visitantes, y algunos países vecinos han adoptado reglas similares.
Aunque en Indonesia la directriz no es una ley, su implementación mediante permisos de funcionamiento otorga a las autoridades herramientas directas para hacer cumplir el marco.
Para los turistas, esto se traduce en una reducción de experiencias que implican paseos en elefante en Bali y otros puntos del país. Al mismo tiempo, abre la puerta a que los operadores busquen alternativas más responsables, como visitas centradas en la observación, la educación sobre el trato a estos animales y la conservación de sus hábitats, siempre dentro de un marco regulado.
Los primeros efectos ya se ven en Bali: algunas empresas han cambiado su oferta y otros recintos han priorizado la protección de los elefantes sobre la atracción de un paseo.
Desde el punto de vista económico, la medida puede suponer un reto para ciertos negocios turísticos, que dependían de esa actividad para atraer visitantes.
No obstante, también puede atraer a un perfil de turista más concienciado con la ética y la sostenibilidad, lo que a largo plazo podría traducirse en una economía turística más estable y menos polémica.
El gobierno ha dejado claro que la directriz puede evolucionar, y que si fuera necesario, podría reforzarse con medidas más duras o con sanciones más contundentes a quienes incumplan.
En resumen, Indonesia y Bali dan un giro práctico hacia un turismo más responsable, con un marco regulatorio que, sin ser una ley, ya condiciona lo que se puede hacer con elefantes en parques y centros turísticos.
