La gentrificación se dispara en CDMX ante la Copa del Mundo: alquileres, desahucios y resistencia vecinal

Análisis sobre cómo la inminente FIFA World Cup está elevando la presión sobre la vivienda en Ciudad de México, con ejemplos en Tacubaya, Condesa, Roma y otros barrios, y la respuesta de vecinos y autoridades.

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En la Ciudad de México, la #gentrificación no es un fenómeno nuevo, pero se ha intensificado en la última década. La pandemia provocó que gran parte de la población trabajara desde casa y que un perfil de trabajadores itinerantes, los nómadas digitales, llegaran buscando experiencia urbana y costos razonables.

Con la FIFA World Cup a la vista, muchos dueños ven en el turismo una vía para subir ingresos, convirtiendo viviendas de uso largo en alquileres temporales y así aprovechando la demanda de visitantes y aficionados.

Según una coalición internacional de derechos a la vivienda, se estima que tres unidades salen del mercado de alquiler tradicional cada 48 horas para entrar en el nicho de alquileres cortos.

Uno de los casos que ilustra la dinámica ocurre en Tacubaya, donde un edificio art déco alberga a varias familias que temen no renovar su contrato.

La propiedad, gestionada por una fundación, ha puesto en marcha reformas y ha subido las rentas, lo que, junto a cambios de gestión, ha acelerado la salida de inquilinos.

Muchos vecinos describen lo que llaman desalojos silenciosos: prácticas que empujan a la gente a abandonar sus hogares sin una orden judicial visible, dificultando su defensa.

Este miedo se mantiene pese a tener contratos vigentes y, en algunos casos, a pagar puntualmente la renta.

Es el epicentro de la mayor parte de la gentrificación en la ciudad y

El fenómeno no se limita a Tacubaya. Cuauhtémoc, que concentra Condesa, Roma y Juárez, es el epicentro de la mayor parte de la gentrificación en la ciudad y, según la coalición, representa casi la mitad de las unidades disponibles en AirBnB.

Entre 2015 y 2025 se registraron 82 desalojos forzados en la zona, y la oferta de alquileres temporales ha empujado a más residentes a buscar opciones fuera de los vecindarios centrales, aumentando la presión sobre el transporte público y la conectividad de las periferias.

En este cuadro, el incremento de precios no se interpreta solo como una cuestión turística: la llegada de más gente a la ciudad, sumada a la demanda de #vivienda para quienes trabajan a distancia, está acelerando la remodelación del mapa urbano y la segregación espacial.

La administración local ha respondido con algunas medidas. La alcaldía, encabezada por Clara Brugada, ha promovido leyes para ampliar la vivienda social, endurecer los límites a los aumentos de renta y crear una Oficina para la Defensa de los Derechos de los Inquilinos, con competencias de mediación y supervisión del cumplimiento de las leyes.

También se han aprobado restricciones como ligar los incrementos a la inflación y limitar a 180 días al año la capacidad de una vivienda para ser ofrecida en plataformas de alquiler temporal, aunque, según analistas y activistas, la aplicación de estas normas es desigual y aún hay mucha presión sobre el mercado.

Históricamente, la Ciudad de México ha vivido varias oleadas de gentrificación desde principios del siglo XXI. La reconfiguración de barrios tradicionales, la llegada de comercios y servicios modernos y, en años recientes, el tirón de plataformas digitales han ido transformando la vida de millones de inquilinos.

Hoy se estima que más de dos millones de personas viven en alquiler y que unas 500.000 podrían enfrentar desalojos, según estimaciones de organismos y ONG. En la actualidad, la coalición señala que la ciudad ya contaba con unas 27.000 unidades anunciadas en AirBnB y que la presión de la Copa del Mundo podría intensificar ese fenómeno, con la consiguiente tensión entre vivienda asequible y turismo internacional.