Bilbao acoge el V Congreso de la Federación Islámica del País Vasco (FIVASCO) para dialogar entre administraciones y comunidades religiosas y avanzar en la convivencia y la diversidad en Euskadi.
Bilbao acoge la quinta edición del Congreso de FIVASCO, la Federación Islámica del País Vasco, que se celebra bajo el título La sociedad y la religión.
El encuentro reúne a representantes de distintas administraciones, de la Iglesia y de la comunidad musulmana para conversar sobre el papel de la fe en la vida pública y buscar formas de convivir mejor en Euskadi.
Entre los asistentes destacan la consejera de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico, Nerea Melgosa; el concejal de Derechos Humanos y Convivencia del Ayuntamiento de Bilbao, Iñigo Zubizarreta; Aziz Messaoudi, presidente de FIVASCO; Maixabel Albizu, directora de la Fundación Ellacuría; y Kerman López, vicario general de la Diócesis de Bizkaia.
Cada uno aporta una pieza clave para entender cómo la #religión puede sumar en la sociedad si hay escucha y apertura.
Desde #FIVASCO se subraya que hablar de religión no es solo debatir creencias; es mirar hacia la sociedad y reconocer las responsabilidades compartidas.
El objetivo central del congreso es abrir espacios de encuentro y construir una #convivencia más cohesionada. Se habla de escuchar para entender distintos puntos de vista, para derribar barreras y tender puentes entre comunidades; una idea que se repite a lo largo de las jornadas y que pretende convertirse en una guía para la acción diaria de las instituciones y de las personas.
Melgosa ofrece una lectura pragmática de este diálogo: la relación entre las administraciones vascas y la comunidad islámica ha sido constante y productiva.
Gracias a esa relación de escucha y participación, se han podido identificar las necesidades reales de la comunidad y se han fijado compromisos para garantizar la diversidad religiosa en Euskadi.
En su intervención agradeció a FIVASCO por su labor en favor de la integración y la convivencia y, al mismo tiempo, dejó claro que es hora de mirar hacia la paz y la convivencia como básico de la vida pública.
Este reconocimiento a la labor de las entidades que trabajan en la mediación y la inclusión refuerza la idea de que la convicción de vivir en paz debe ser un trabajo compartido y cotidiano.
La clave está en el valor del #diálogo interreligioso como herramienta para forjar una #Euskadi donde la gente pueda vivir la religión con naturalidad y sin miedo
Para Maixabel Albizu, la clave está en el valor del diálogo interreligioso como herramienta para forjar una Euskadi donde la gente pueda vivir la religión con naturalidad y sin miedo.
Según ella, buscar y sumar, más que dividir, es la base para avanzar en la construcción de una sociedad más profunda y estable. En su visión, conversar para entender y entender para actuar se convierte en una ruta necesaria para frenar cualquier intento de manipulación violenta o de atraer a movimientos extremistas.
El diálogo se presenta así como una fuerza capaz de dar sentido a la vida y de reforzar la convivencia entre todas las personas que habitan la región.
Iñigo Zubizarreta aporta la perspectiva institucional: el diálogo entre las administraciones y la comunidad islámica ha sido y sigue siendo una pieza central para detectar necesidades reales y para fijar compromisos que garanticen la diversidad religiosa.
Su balance es optimista: cuando hay escucha activa y cooperación, las decisiones públicas salen mejor y se logra una Euskadi más plural y más justa.
Kerman López, desde la diócesis, aporta la visión pastoral de la presencia de la Iglesia en este proceso: escuchar a cada comunidad, facilitar espacios de encuentro y promover la convivencia como valor cívico.
Su intervención refuerza la idea de que la fe no separa a la sociedad, la complementa, cuando hay quienes trabajan por sumar y no por dividir.
El evento llega en un momento en el que Euskadi ha vivido décadas de cambios profundos: de épocas de conflicto a procesos de reconciliación, y de crecimiento demográfico de comunidades diversas.
Este contexto hace que el diálogo entre instituciones y comunidades religiosas tenga un valor práctico inmediato: mejorar la convivencia diaria, reducir malentendidos y construir una ciudadanía que pueda practicar su fe con libertad y respeto.
En ese sentido, el congreso envía un mensaje claro: la religión y la sociedad no son esferas cerradas, sino partes de una misma vida común, que se fortalecen cuando hay escucha, empatía y voluntad de colaborar.
El objetivo final es una Euskadi donde cualquier persona, sea de la tradición que sea, sienta que su fe es una parte legítima de su identidad y, al mismo tiempo, aporte al bien colectivo.
