Análisis en clave coloquial de cómo la fiscalidad foral se presenta como palanca clave para la competitividad, la innovación y la transición verde en Euskadi, con el marco del Concierto Económico y el plan Euskadi 2030.
En Bilbao se celebró una jornada dedicada a una idea central: la #fiscalidad no es solo una máquina de recaudar, es una palanca para orientar el desarrollo económico.
El viceconsejero de Hacienda, Iñaki Alonso, explicó ante empresarios, instituciones y actores financieros que la fiscalidad foral debe servir para reforzar la competitividad, generar #empleo de calidad y ampliar la prosperidad de Euskadi.
La intervención, con el título de la charla sobre la fiscalidad como herramienta de #innovación tecnológica y transición energética, tuvo lugar en la torre B Accelerator de Bilbao, ante un auditorio diverso que representaba al tejido empresarial, a la administración y al mundo de las finanzas.
Alonso defendió que la fiscalidad foral permite a #Euskadi contar con un marco propio para decidir y aplicar impuestos de forma que se adapten a sus prioridades.
Subrayó que este autogobierno fiscal, conocido como Concierto Económico, no es un simple atributo ceremonial: otorga a Euskadi un grado de decisión semejante al de perfiles estatales en materia tributaria y, en un contexto europeo marcado por la centralización monetaria y las limitaciones fiscales, se erige como el principal instrumento de política económica del país.
Con esta base, la autonomía fiscal se presenta como un activo estratégico para la confianza de inversores y la estabilidad de las haciendas forales.
Durante su exposición, el viceconsejero repasó la trayectoria de la fiscalidad foral en las últimas décadas, resaltando su orientación constante hacia la promoción de la actividad económica, la innovación, el empleo de calidad y la cohesión social.
Las reformas fiscales de 2014 y 2018, junto con la revisión de 2025, han consolidado un modelo que sitúa la competitividad empresarial y la transición verde en el centro, al tiempo que facilita el mecenazgo cultural y social.
A su juicio, estas mejoras han permitido equilibrar la recaudación con la capacidad de inversión de las empresas y de la propia Administración, algo que refuerza la seguridad jurídica y la previsibilidad para los agentes económicos.
Un eje central de la charla fue la vinculación entre fiscalidad
Un eje central de la charla fue la vinculación entre fiscalidad, #industria y prosperidad. En este marco, Alonso situó la política fiscal dentro del Plan de Industria – Euskadi 2030, presentado en 2025, que parte de una convicción compartida: la industria es el pasado, el presente y el futuro del país.
Con la consigna de una mayor industria, mejores resultados y menor emisión de CO2 no se trataba de un lema vacío, sino de una estrategia para generar empleo estable y de alta calidad para las próximas generaciones.
El plan se desarrolla en un contexto global de alta incertidumbre geopolítica y económica, donde Europa se enfrenta al reto de mantener su competitividad frente a Estados Unidos y China.
Ante ese escenario, Euskadi apuesta por reforzar su base industrial, alineándose con la nueva política industrial europea y con la brújula de la competitividad de la Comisión Europea.
El viceconsejero resaltó las fortalezas diferenciadoras de Euskadi: un tejido industrial sólido, un ecosistema avanzado de innovación, una red de formación técnica ajustada a las necesidades de las empresas y una cultura de colaboración público-privada que, junto con el Concierto Económico, aporta seguridad y capacidad de decisión.
De cara al futuro, identificó retos clave como consolidar los incentivos ligados a la transición energética, atraer inversiones internacionales, asegurar el relevo generacional en las empresas, desarrollar una plaza financiera propia y reforzar las Haciendas Forales como administraciones modernas, cercanas y comprometidas.
En sus palabras, aprovechar plenamente la capacidad fiscal no es solo una cuestión de autogobierno, es una apuesta por más bienestar, más empleo de calidad y más prosperidad para Euskadi.
También recordó, en un tono analítico, que este marco fiscal permite adaptar tributos a realidades regionales, lo que históricamente ha facilitado la respuesta ante shocks económicos y ha sido un motor de inversión y de servicios públicos sostenibles.
En definitiva, la visión de Alonso es clara: la fiscalidad foral debe integrarse con la estrategia industrial y social para sostener un crecimiento inclusivo y medioambientalmente responsable, que prepare a Euskadi para las próximas décadas y sitúe a la comunidad autónoma como un referente de estabilidad y progreso dentro de una Europa cada vez más exigente.
