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Refugios climáticos en Euskadi: 488 espacios en 11 municipios protegen a más de un millón de personas ante las olas de calor

La red de refugios climáticos de Euskadi ya suma 488 espacios en 11 municipios, beneficiando a más de un millón de personas. Ihobe publica una guía para ayudar a ayuntamientos a identificar, crear y difundir estas redes y se impulsa un distintivo para reconocer de manera rápida estos refugios.

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En #Euskadi ya existe una red de #refugios climáticos que suma 488 espacios repartidos en 11 municipios, y la gente puede acudir a ellos cuando aprieta el calor para protegerse y acompañarse durante las olas de calor.

Esta estrategia, liderada por Ihobe, la sociedad pública del Gobierno Vasco, se ha visto acompañada de una guía para ayudar a los ayuntamientos a identificar, crear y difundir estas redes, y de un distintivo común, Refugios Climáticos de Euskadi, para que cualquier vecino pueda reconocerlos sin dilación en cualquier municipio.\n\nEl aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia de episodios de calor extremo ya son una realidad en la región. Los escenarios climáticos apuntan a que, en las próximas décadas, habrá muchos más días por encima de 35 °C. Este cambio implica riesgos para la salud, especialmente para quienes son más vulnerables: las personas mayores, la infancia, quienes padecen enfermedades crónicas o están en situación de pobreza energética.

En Bizkaia y Gipuzkoa, por ejemplo, se prevé que los días con calor extremo pasen de 3-4 al año a entre 16 y 17 al final del siglo; en Araba, esa cifra podría superar los 20 días anuales.

Estos datos se resumen en el primer informe del Estado del Clima en Euskadi, que indica un incremento sostenido de la temperatura desde 1970 (aproximadamente 0,3 °C por década) y un notable crecimiento de las olas de calor, que pasaron de 4 días en 1970-2000 a casi 9 días en 2014-2023.\n\nLa idea detrás de estos refugios no es abrir nuevos espacios desde cero, sino adaptar y aprovechar los ya existentes para responder a momentos de calor extremo.

Bibliotecas, centros cívicos con climatización, parques con sombra y arbolado, plazas con fuentes y zonas verdes se convierten en ubicaciones de respiro que, además, están distribuidas por los barrios para facilitar el acceso a quien más lo necesita.

En síntesis, buscan ser lugares conocidos, seguros y confortables donde las personas puedan refugiarse temporalmente durante las olas de calor.\n\nLa iniciativa sitúa a los ayuntamientos en el centro de la acción climática: son las administraciones locales las que identifican qué espacios pueden funcionar como refugio, integran criterios climáticos en la planificación urbana y refuerzan la resiliencia de los barrios, promoviendo una mayor equidad ante el calor.

Ihobe ha publicado la guía “Red de refugios climáticos de Euskadi 2026

Con ello se potencia una ciudad más habitable y preparada para el futuro.\n\nPara apoyar este trabajo, #Ihobe ha publicado la guía “Red de refugios climáticos de Euskadi 2026. Criterios técnicos para entidades locales” y, además, se ha promovido un distintivo común de “Refugios Climáticos de Euskadi” que facilita la identificación de estos espacios.

Ambas herramientas permiten señalar espacios que se activan como refugios durante episodios de altas temperaturas, generar mapas informativos y diseñar itinerarios urbanos que eviten las zonas de mayor exposición al calor.\n\nEn clave de salud pública, esta red supone una medida de adaptación eficaz y de bajo coste, al aprovechar espacios ya existentes y acondicionarlos para poder refrigerar y proteger a la población cuando se necesite.

El resultado es un modelo práctico, cercano y centrado en las personas: menos mortalidad relacionada con el calor y una ciudad más resiliente ante un fenómeno climáticamente cada vez más presente.\n\nEn suma, con medidas simples y una visión de largo plazo, Gobierno Vasco y ayuntamientos están construyendo una estrategia de adaptación que podría servir de referencia para otras comunidades.

Euskadi demuestra que, ante el calor extremo, la defensa de la salud y la calidad de vida pasa por gestionar espacios existentes, coordinar a nivel local y poner a las personas en el centro de la gestión climática.