Tu HSA podría ser una bomba fiscal para tus herederos: así la desactivas

Las cuentas de Ahorro para Gastos Médicos (HSA) pueden parecer un paraíso fiscal, pero si no planificas bien, los herederos no cónyuges pueden enfrentarse a una factura de impuestos gorda. Guía clara para entender el riesgo y evitar sorpresas.

En Estados Unidos, Las cuentas de Ahorro para Gastos Médicos, conocidas como HSA por sus siglas en inglés, son un instrumento que muchos ven como una especie de ‘cofre’ fiscal para la sanidad.

La idea es simple: puedes aportar dinero con ventajas fiscales, ese dinero crece sin #impuestos y, si se usa para gastos médicos calificados, los retiros también quedan libres de impuestos.

Es, en la teoría, una forma muy eficiente de ahorrar para gastos de salud a lo largo de la vida.

Pero hay una advertencia importante que a veces se pasa por alto, y que puede doler a los herederos que no son cónyuges: lo que ocurre cuando la persona que dejó la HSA muere.

Si la persona fallece y deja la HSA a un cónyuge, la cuenta normalmente continúa viva y la pareja puede seguir usando el dinero para gastos médicos con las mismas ventajas fiscales.

Todo sigue funcionando como si la cuenta fuera de ambos.

El problema aparece cuando el beneficiario no es el cónyuge. En ese caso, la HSA suele perder su estatus fiscal ventajoso al día siguiente de la muerte. El heredero pasa a ser dueño de un activo que se cierra y, en la práctica, el valor total de la cuenta se convierte en ingreso imponible para ese heredero en ese mismo año.

No hay un “step-up” de base similar al que se aplica a otros activos; es decir, no hay una corrección para reducir impuestos sobre esa cantidad cuando se traslada al heredero.

En otras palabras, lo que quedó dentro de la HSA podría convertirse en una factura de impuestos considerable para quien herede la cuenta y no sea el cónyuge.

Datas y tendencias aportan contexto. Según el propio análisis, más de medio millón de hombres y más de un millón de mujeres quedaron viudos en Estados Unidos en 2022. A esa realidad demográfica se suman cifras sobre la estructura de las familias: millones de adultos mayores viven solteros o sin hijos, lo que eleva la probabilidad de que una HSA termine en manos de un heredero no cónyuge.

Estas dinámicas hacen que la planificación de herencias para HSAs gane relevancia entre quienes quieren evitar sorpresas fiscales para sus herederos.

El triple beneficio fiscal sigue existiendo: contribuciones deducibles de impuestos

¿Las HSAs siguen mereciendo la pena? La respuesta corta es sí, pero con responsabilidad. El triple beneficio fiscal sigue existiendo: contribuciones deducibles de impuestos, crecimiento libre de impuestos y retiros exentos de impuestos cuando se usan para gastos médicos calificados.

Además, no existe una fecha de caducidad para retirar fondos ya gastados en gastos médicos, siempre que la cuenta haya estado activa en ese momento. Eso ofrece flexibilidad para quien ha estado ahorrando a lo largo de años y quiere, en un momento dado, recuperar gastos médicos pasados sin penalización.

Ahora, ¿cómo se evita la bomba para los herederos? Aquí van ideas prácticas que recomiendan los asesores. Si la HSA tiene un saldo importante, conviene planificar su distribución de forma que el mayor peso fiscal recaiga sobre el propio titular cuando sea posible, no sobre el heredero.

Algunas opciones incluyen: usar fondos de la HSA para gastos médicos calificados (medicare, primas de asistencia a largo plazo y gastos dentales o de visión pueden ser cubiertos); usar recibos médicos no reembolsados de años anteriores para retirar dinero libre de impuestos; o bien, considerar invertir el saldo restante para que crezca y, al heredar, el heredero reciba un monto con menos carga impositiva si se reparte de forma estratégica a lo largo del tiempo.

Si la intención es dejar beneficios a un heredero, pensar en quién es esa persona, cuánto gana y dónde vive ayuda a distribuir la carga tributaria.

En algunos casos, designar a una organización caritativa o un fondo asesorado por donantes (DAF) puede permitir una transmisión más flexible y, a la larga, menos impuestos para ciertos beneficiarios.

Eso sí, lo básico: siempre designar un beneficiario. Sin beneficiario, la HSA puede quedar sujeta a la liquidación del último contribuyente y no cumplir con el uso para gastos médicos finales.

Para quien estudia estas cuestiones con seriedad, la idea es combinar prudencia y previsión: hacer un plan que minimice la factura impositiva para los herederos, sin perder la ventaja fundamental de la HSA durante la vida del titular.

En definitiva, las HSAs pueden seguir siendo una gran herramienta, siempre que se acompañen de una estrategia de herencia clara y bien discutida con un asesor financiero.

Si se abre la puerta a un cónyuge como heredero principal, la historia cambia, pero incluso entonces existen rutas para que la cuenta siga dando frutos sin asustar al familiar designado en primer lugar.

En el mundo real, planificar hoy puede evitar dramas fiscales mañana.