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Scaloni, el héroe de Pujato: firmas, selfies y cariño eterno en su pueblo natal

El entrenador de la Selección argentina, Lionel Scaloni, pasó varios días en su pueblo natal, Pujato, donde fue recibido como un ídolo. Firmó autógrafos, se tomó fotos y compartió momentos con los vecinos, demostrando su humildad y cercanía.

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Lo de Lionel #Scaloni es sencillamente extraordinario. El técnico campeón del mundo se recluyó en Pujato, su pueblo natal en Santa Fe, y allí se vive un fenómeno digno de una estrella de rock. Su cara aparece en murales y carteles como si fuese un candidato en campaña, y en cada esquina se escucha su apellido. Todos lo conocen, todos tienen un dato, un recuerdo o una anécdota que lo pinta de cuerpo entero. "Yo de joven anduve con él", suelta una mujer mayor que el DT, pero enseguida se ríe y confiesa: "No, mentira". Como el resto, solo espera una foto con el ídolo.

Scaloni es una celebridad que intenta descansar con los suyos, pero se toma el tiempo para sus devotos. Y no son solo los vecinos de Pujato, que tiene poco más de 3.000 habitantes, sino también gente de localidades vecinas e incluso de provincias lejanas. Todos quieren un recuerdo en imagen o un autógrafo, y ninguno se va con las manos vacías. No es exageración: este jueves por la tarde estuvo dos horas en la puerta de la casa de sus padres hasta que terminaron los pedidos. Y ese fue el segundo turno; a media mañana ya había salido, como desde el primer día que regresó del Mundial de Estados Unidos, Canadá y México.

Él no quería, pero al final pusieron una valla en el frente de la casa. El público es respetuoso, pero la aglomeración se desbordaba. Su hermano Mauro lo escolta y lo ayuda tomando los teléfonos para inmortalizar el momento. También agarra camisetas y banderas para que él las firme. Más tarde, hasta la Policía se suma para agilizar el asunto. Scaloni camina de punta a punta su propio frente, igual que en el área técnica durante los partidos, pero relajado. Atrás no están Pablo Aimar o Walter Samuel, sino su esposa, sus hijos, familiares y amigos. Posa, sonríe, agradece como si ese fuese su trabajo.

Entre tanda y tanda de fotos, este jueves también salió a pedalear. Lo acompañó su hermana Corina. Salieron entre la gente que hace guardia permanente por si el DT vuelve a asomarse. El respeto popular es asombroso, y también la predisposición de Scaloni. La consigna policial es mínima: dos efectivos, tres por la tarde con refuerzo de Tránsito. En #Pujato no se habla de otra cosa, y la cuadra de la casa más famosa, sobre el boulevard de frondosos palos borrachos, está cerrada al tránsito. Así de fácil es saber dónde vive.

Scaloni pilotaba una moto roja

Sobre ese mismo asfalto, hace tiempo, Scaloni pilotaba una moto roja. "Iba para todos lados con esa moto", revela una fuente que parece saberlo todo. La directora actual de la escuela primaria donde Scaloni estudió hasta finales de los 80 da fe de ese rodado. Antes de ser directora, ella fue su profesora particular de Matemática cuando un Scaloni adolescente renunciaba a salir con amigos para cumplir su sueño de futbolista y tenía una materia que le costaba: binomios.

"Claro que aprobó", responde Sandra, la profe, que aún le encuentra los gestos de cuando respondía sobre un binomio cuadrado perfecto. La secundaria la terminó en un pueblo vecino; nadie dice por qué y todos guardan el secreto con una sonrisa pícara.

En la puerta de su casa, un conjunto de chamamé consigue la firma en la guitarra criolla y el acordeón, pero también que Scaloni haga una pausa para escuchar un tema.

Llegan veteranos de Malvinas y cantan el Himno; Scaloni también. Del ventanal se distinguen familiares que miran lo que pasa afuera, y la gente canta: "Scaloni no se va, no se va, Scaloni no se va". Él escucha, pero no hace una mueca. Los chamameceros vuelven con una versión mesopotámica de "Muchachos". El ventanal se abre y sale el padre de Scaloni, don Ángel, a quien se le iluminan los ojos con la música. El "Sca-lo-ni, Sca-lo-ni" es todo para él.

Cae la noche y el frío se nota. La casa nunca deja de tener gente en la puerta. El público se renueva, pero algunos se mantienen estoicos. Piden una tercera salida, tal vez porque saben que Scaloni tiene esa facilidad y eligen creer que lo tendrán otra vez, cada vez que vuelva a Pujato. Y el DT vuelve a salir. Un amor interminable para un hombre que no se olvida de sus orígenes. Scaloni, que pasó de ser un jugador discreto a convertirse en el técnico que llevó a Argentina a la gloria en Qatar 2022, demuestra que la grandeza también se mide en humildad.

En Pujato, él es el hijo pródigo que siempre regresa, y el pueblo lo abraza como merece.