El partido entre Newell’s y Boca Juniors estuvo marcado por actos de violencia previa al inicio, lo que ha suscitado reacciones diversas.

El partido disputado en el estadio Coloso Marcelo Bielsa entre Newell’s y Boca Juniors estuvo empañado por una serie de incidentes preocupantes. El arquero de Boca, Leandro Brey, fue alcanzado por un fragmento de vidrio arrojado desde la tribuna local, lo que le causó un corte en el cuello. A pesar de la gravedad de la situación, tanto el cuerpo arbitral como el propio Brey minimizaron el hecho, y continuaron con la organización del encuentro.
Este tipo de violencia no es un fenómeno nuevo en el fútbol argentino, donde los enfrentamientos entre hinchas y la falta de seguridad han sido una constante en las últimas décadas.
Históricamente, el fútbol en Argentina ha tenido episodios trágicos debido a la violencia en las gradas, lo que ha llevado a la implementación de medidas de control más estrictas en los estadios.
Después de estos incidentes, otro arquero de Boca, Agustín Marchesín, que esperaba en el banco de suplentes, también se convirtió en blanco de ataques cuando le lanzaron objetos mientras realizaba su calentamiento.
Marchesín, que mantuvo la calma ante la situación, comprobó el objeto en su mano y continuó con su rutina a pesar de la adversidad. Este incidente levantó aún más las preocupaciones sobre la seguridad en el estadio.
Inicialmente, el árbitro del partido, Darío Herrera, fue alertado sobre la situación y decidió llamar a los encargados de seguridad para evaluar la gravedad del asunto.
Cuando se pensaba que todo había vuelto a la normalidad, justo antes de que comenzara el partido, Marchesín fue nuevamente objeto de agresiones, esta vez siendo alcanzado por latas que se utilizan comúnmente para hacer bengalas de humo.
La situación se tornó tensa y fue evidente la incredulidad del entrenador Fernando Gago, quien presenció el lanzamiento de estos objetos mientras su jugador intentaba concentrarse.
A pesar de los incidentes, luego de una larga espera y discusiones entre las autoridades presentes, el encuentro finalmente pudo comenzar. Sin embargo, la imagen del recinto se vio opacada por las preocupaciones sobre la seguridad de los jugadores y la tolerancia hacia estos actos de violencia que parecen estar integrados en la cultura de algunas hinchadas del fútbol argentino.
Es fundamental que las autoridades tomen medidas contundentes para erradicar este tipo de comportamientos que no solo ponen en riesgo a los jugadores, sino también a los espectadores que se acercan con la intención de disfrutar del espectáculo.
La violencia en el fútbol tiene un largo historial en Argentina, y episodios como el ocurrido en este partido entre Newell’s y Boca Juniors deben servir como un llamado de atención para todos los actores involucrados: clubes, dirigentes y autoridades, para trabajar juntos en la creación de un ambiente más seguro y agradable para todos los aficionados.