El exdelantero Mauro Amato, tras 17 años en Primera División, ha dedicado su vida a promover valores y ayuda social mediante el fútbol, apoyando a jóvenes en situación vulnerable y realizando acciones solidarias en diferentes regiones del país.

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En ese tiempo, figuras como #Mauro Amato comenzaban a dar sus primeros pasos en los potreros de Ringuelet, un barrio ubicado al norte de La Plata. Con apenas unos años, el pequeño Mauro ya demostraba destellos de talento y determinación, dejando entrever la mano de un jugador con potencial para destacar en las canchas.

Como la mayoría de los niños de barrio, su sueño era alcanzar la cúspide del fútbol profesional, una meta que parecía distante pero que alimentaba con esfuerzo y perseverancia.

Durante sus 17 años en la Primera División, entre 1992 y 2009, Amato dejó huellas en varios clubes argentinos, destacándose por su entrega y goles memorables, como los dos que convirtió en un clásico para Atlético Tucumán en 1999.

Sin embargo, sus logros en la cancha no fueron solo deportivos; también fue un ejemplo de resiliencia y pasión, atributos que plasmaría en su posterior dedicación social.

Ya retirado del fútbol de élite, con 51 años y una vida más centrada en su familia y comunidad, Mauro Amato ha decidido canalizar su experiencia en acciones solidarias.

Hace dos años, su vínculo con la comunidad se fortaleció al visitar un predio de Estudiantes de La Plata en City Bell, donde se desempeñaba como entrenador de divisiones inferiores.

En ese lugar, se interesó por las historias de los jóvenes que ingresaban buscando una oportunidad, empujados por la necesidad y el deseo de cambiar sus vidas.

Fue entonces cuando descubrió las carencias emocionales y de apoyo que enfrentaban estos chicos, muchos de los cuales provenían de contextos vulnerables y estaban en el Instituto de Menores Francisco Legarra, en Abasto.

Conmovido por estas realidades, Amato propuso crear un taller basado en el fútbol y los valores del respeto, la solidaridad y la cooperación. La iniciativa fue aceptada y rápidamente adoptada por las autoridades, transformándose en un proyecto que busca reducir las desigualdades a través del deporte.

Su labor en estos talleres no solo se limita a la enseñanza técnica o táctica del fútbol; Amato ha priorizado en la formación de la persona, promoviendo la empatía, la autoestima y la recuperación de la confianza en sí mismos.

En varias ciudades argentinas, como La Plata, Córdoba, Tucumán y Junín, sus campañas de ayuda y recolecta de materiales han permitido mejorar las condiciones de vida de muchos jóvenes, quienes juegan descalzos o con zapatillas en mal estado.

Amato también dedica tiempo a actividades educativas, fomentando el interés por la lectura y la cultura, inspirado en figuras como Kurt Lutman, compañero en Huracán Corrientes, un club en el que compartió vestuario y experiencias que marcaron su visión del deporte y la sociedad.

En ese club, además, empezó a entender que el fútbol puede ser una herramienta de lucha social, como cuando utilizaba sus goles para reivindicar causas como la lucha de Madres de Plaza de Mayo o la memoria del fotógrafo José Luis Cabezas, cuya muerte en 1997 sacudió a todo el país.

Su compromiso también lo llevó a visitar cárceles en Córdoba, donde impulsó programas educativos y de integración para presos, ayudando a un fanático del Instituto en su proceso de reinserción social.

Amato creía que el deporte puede ser un puente hacia una vida mejor, siempre que se utilice con responsabilidad y amor.

Estas acciones solidarias le han permitido a Mauro Amato encontrar un sentido profundo más allá de los goles y las victorias

Estas acciones solidarias le han permitido a Mauro Amato encontrar un sentido profundo más allá de los goles y las victorias. Para él, el fútbol dejó de ser solo un deporte para convertirse en una herramienta de transformación social, capaz de brindar esperanza y nuevas oportunidades a quienes más lo necesitan.