Perfil humano y deportivo de Osvaldo Rubén Potente, alias Patota: su paso por Boca en los años 70, sus 81 goles en 195 encuentros, su reconocido olfato de juego, su carrera en la selección y su vida después de colgar las botas, con matices históricos que ayudan a entender una era del fútbol argentino.
Osvaldo Rubén Potente, conocido entre la gente como Patota, es uno de los nombres más singulares del fútbol argentino. Nacido para el juego y con el escudo de Boca en el pecho desde chico, dio el salto definitivo a Primera y dejó una marca que aún se recuerda: 81 goles en 195 partidos, un promedio cercano a 0,42 por encuentro, y un dato que a veces se pasan por alto pero que ilustra su peso en los clásicos: fue uno de los grandes verdugos de River, con siete gritos en ese clásico inmortal.
Era un diez de colección, con un cabezazo potente, inteligencia para leer la jugada y una visión de juego que le permitía encontrar el hueco justo cuando el partido estaba por decidirse.
En su década, los años 70, se destacaba ese estilo de jugar con cabeza fría y pensar el fútbol como un tablero de ajedrez en el que cada movimiento tenía su respuesta.
Potente formó parte de un Boca brillante, el equipo de Rogelio Domínguez, uno de esos proyectos en los que el equipo superaba a las individualidades y el ataque desbordaba a cada rival.
Llegó a Boca tras formarse en las divisiones inferiores y, como muchas historias de la época, el camino fue de esfuerzo y aprendizaje. En ese tránsito, la Candela —el complejo de entrenamiento donde se forjaban los jugadores jóvenes— dejó una huella imborrable: allí, un nano Gandulla supo convertir a Potente en un diez de verdad, cambiando su posición de los ocho a la de armador creador, lo que marcó su juego para siempre.
Su debut en Primera fue otro momento de esos que quedan en la memoria: convocado por Silvero para enfrentarse a San Lorenzo y, poco después, titular ante Banfield, Potente empezó a dibujar un perfil de jugador que combinaba potencia y lectura del juego.
La Boca de los 70 era una fábrica de talento y de historias. Potente coincidió con figuras legendarias como Ángel Clemente Rojas, Silvio Marzolini y un plantel que se ganaba el corazón de la gente por su forma de jugar, sin esconder el hambre de gol.
En esa atmósfera, Potente vivió un romance con el club que iba más allá de los goles: la cercanía entre compañeros, los viajes, las concentraciones en La Candela y el escenario de un fútbol que se vivía con intensidad.
En su tiempo, el diez era una especie de orquesta que manejaba el tempo del equipo, y Potente era una de esas partituras que uno recuerda cuando piensa en el Boca de Domínguez.
En lo personal, Potente atravesó una etapa de crecimiento junto a Boca que, sin embargo, encontró un límite en lo contractual. En 1975, el club organizaba los ingresos en categorías y Potente decidió bajar su propio sueldo momentáneamente para intentar subir las del resto. La jugada, vista en su tiempo como una muestra de integridad, terminó generando un conflicto que motivó su salida hacia Central. Esa separación no fue un simple adiós: se vivió como el final de una era, pero su historia en el fútbol seguiría adelante en otros rumbos, incluso en la altura de La Paz, donde jugó para The Strongest.
La experiencia paceña, con el ambiente de la altura y el oxígeno que cambia las condiciones de juego, dejó una nota distinta en su carrera. Allí conoció historias como la del Bambino Veira, que encabezaba un equipo que, a su manera, también escribía su propio capítulo en la historia del fútbol andino.
Tras su paso por Bolivia, Potente regresó a Boca, donde la vida le mostró nuevos roles. A finales de los 80 y principios de los 90 volvió al club para trabajar en las inferiores y, en varias etapas, ocupó cargos como ayudante de campo y técnico de la Reserva, siempre ligado a la idea de formar jugadores y mantener viva la esencia de un Boca que él vivió en sus mejores años.
En ese tramo, vivió momentos de reconocimiento, pero también experiencias complejas: disputas con dirigentes, cambios de directivas y momentos en los que el club tocó fondo o volvió a sonreír con el título en la era de Tabárez, a quien acompañó como mano derecha en la dirección técnica.
La vida fuera del césped también tuvo su peso para Potente. Su familia y su fábrica de trofeos, un negocio que nació con su padre en 1960 y que hoy permanece en Parque Chacabuco, son parte fundamental de su historia.
Su padre era artesano de trofeos y su madre, una mujer que lo acompañó en cada paso. En esa línea, Potente se convirtió en un referente para la comunidad de exjugadores de Boca: forma parte de la mutual, acompaña a otros veteranos y mantiene vivo el vínculo con la gente que lo recuerda en las canchas y fuera de ellas.
A lo largo de años, Potente ha visto cambiar el fútbol. Explica con claridad que la época de los 70 tenía un ritmo distinto, una cancha que dejaba huella y un fútbol que pedía a los jugadores pensar con cabeza y cuerpo, sin depender de las exigencias modernas que, a veces, podrían restar ese toque de intuición que él tanto valoraba.
Aun así, admite que el deporte ha evolucionado para bien: más recursos, mayor profesionalización y, sí, también más presión mediática. En lo personal, Potente vivió momentos duros de salud que le obligaron a repensar su vida: en 2017 sufrió un episodio cardíaco que terminó con cuatro bypass y, más tarde, con la implantación de un marcapasos.
A partir de ese episodio, dejó de fumar y adoptó hábitos que lo acercaron a una vida más tranquila, sin que eso signifique un abandono de la pasión por el fútbol.
Su historia es también un recordatorio de que el deporte de alto nivel es un viaje que une triunfo, esfuerzo, salud y familia.
Hoy Potente continúa relacionado con Boca a través de memorias, anécdotas y su trabajo con trofeos. Entre sus rodajes de recuerdos y sus conversaciones con viejos amigos, sigue siendo un referente para muchos y, sobre todo, un ejemplo de cómo una figura del pasado puede seguir viva en la memoria de una afición que lo recuerda con cariño.
Patota Potente es la historia de un diez que convirtió sueños en realidad y que
Sus nietos llevan la camiseta de Boca, algunos de sus hijos son hinchas del club y, pese a los años y a los cambios, esa conexión sigue intacta. En definitiva, #Patota Potente es la historia de un diez que convirtió sueños en realidad y que, más allá de los trofeos, dejó una forma particular de entender el fútbol y la vida.
