Arranca el Masters de Augusta: Cabrera y Pulcini encabezan la presencia argentina mientras la chaqueta verde celebra 77 años de historia

El Masters de Augusta inicia con los embajadores argentinos Cabrera y Pulcini, junto al trío de grandes nombres del golf, y repasa la mítica tradición de la chaqueta verde que acompaña al torneo desde hace décadas.

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El Masters de Augusta arranca este jueves y, como cada año, coloca al #golf mundial en modo alta tensión. En la edición 90 del torneo, destacan los embajadores argentinos: Ángel Cabrera, ganador en 2009, y el joven amateur Mateo Pulcini, que llevan el pabellón de #Argentina en una competición que exige cabeza fría, precisión absoluta y un poco de suerte.

A su alrededor, el famoso trío de lujo del golf moderno —Scottie Scheffler, número uno del mundo; Rory McIlroy, segundo en el ranking y defensor del título; y Jon Rahm, vencedor en 2023— se perfila como los grandes favoritos a llevarse la medalla dorada y el históricamente codiciado trofeo.

Y, por supuesto, cada primavera Augusta vuelve a recordarnos que el objetivo final no es solo vencer, sino ponerte la chaqueta verde cuando termine el domingo, una imagen que forma parte de la tradición del Masters desde hace 77 años.

El color de la chaqueta, apodada “Masters Green”, se asocia a un tono verde centeno brillante que algunos expertos sitúan en el Pantone 342. Dicen las leyendas que hay dos versiones sobre su origen. Una apunta a que Bobby Jones, fundador de Augusta National, se inspiró tras ver a capitanes del Royal Liverpool vestir prendas distintas y decidió adoptar una vestimenta única para la casa.

La otra versión sostiene que Clifford Roberts, el otro motor del club, pensó en un código de identificación para que los visitantes supieran en todo momento quiénes eran los verdaderos informantes del recinto.

En cualquier caso, la chaqueta apareció por primera vez en el club en 1937, apenas cinco años después de la fundación de Augusta.

Las primeras prendas las confeccionó la Brooks Uniform Company de Nueva York, pero los socios no quedaron satisfechos: el tejido era muy grueso para las temperaturas cálidas de Georgia.

En 1967 cambiaron de proveedor y desde entonces la manufactura corre a cargo de Hamilton Tailoring, con sede en Cincinnati. Es la versión clásica de lana “grosor tropical”, de tres botones en una fila y con una abertura trasera. El emblema del club luce en el bolsillo izquierdo del pecho, y los botones de metal llevan el escudo grabado; el nombre del propietario suele bordarse en la etiqueta interior.

Se cuenta que una chaqueta tarda alrededor de un mes en hacerse y, aunque no hay una confirmación oficial, se habla de un precio en torno a 250 dólares.

La tradición de entregar la chaqueta verde al campeón nació en 1949. El primer agraciado fue Sam Snead, y desde entonces también se premiaron de manera retroactiva a ganadores de las ediciones entre 1934 y 1948. En la práctica, cada nuevo campeón recibe la chaqueta del campeón anterior, en un acto cargado de simbolismo y ceremonias.

Uno de los episodios más recordados ocurrió en 1966, cuando Jack Nicklaus defendió su título y, tras un pequeño debate, decidió ponérsela él solo.

Más tarde repetirían Nick Faldo y Tiger Woods, otros dos ganadores de ediciones consecutivas, como muestra de la tradición que ha ido moldeándose con el tiempo.

Cada campeón tiene su propia chaqueta; no es la misma prenda que luce el domingo, sino una versión personalizada que se guarda en las instalaciones del club y que, por norma, debe permanecer allí y solo puede llevarse a casa durante un año, para devolverla en la siguiente edición.

Una anécdota cuenta que Gary Player fue el único que dejó esa regla sin cumplir: tras convertirse en el primer extranjero en alzar el trofeo en 1961, llevó la prenda de vuelta a Sudáfrica y, cuando Roberts se la reclamó, el sudafricano respondió con humor, diciendo que si la quería, tendría que venir a buscarla.

Esa historia resume el tono de una tradición que, pese a su rigidez, está cargada de historias y de un orgullo que trasciende el mero premio.

El Masters no es solo un campeonato

Con tanta historia detrás, el Masters no es solo un campeonato; es un escenario donde el pasado y el presente se dan la mano. Este fin de semana Augusta vuelve a presionar a los golfistas para que demuestren su temple ante la chaqueta verde y ante un público que vibra con cada golpe.

Y mientras Cabrera y Pulcini buscan su hueco entre los grandes, la 90ª edición del Masters refuerza una idea que no envejece: en Augusta, cada detalle cuenta y cada historia suma un capítulo más a una leyenda que nunca se cansa de escribirse.