Reescritura periodística en clave contemporánea sobre la vida de Florentino Ballesteros, su trayectoria y la memoria que dejó en Zaragoza, con contexto histórico adicional y notas sobre la conmemoración.
Sus padres, de los que no se tiene noticia, lo entregaron en el torno de la Inclusa la misma jornada de su nacimiento, una institución que en la época funcionaba como opción para niños abandonados.
Su infancia transcurrió entre dos hospicios: primero en Calatayud y luego en Zaragoza, donde los años de formación se mezclaron con la disciplina de un entorno que, a la larga, forjaría su carácter.
En la plaza zaragozana, tras las novilladas, se soltaban vacas para que los aficionados midieran sus fuerzas. Florentino destacó en estas pruebas informales y, en agosto de 1910, llegó a actuar como banderillero. Este debut en las labores de lidia marcó un paso decisivo hacia una trayectoria que, a pesar de los vaivenes de la época, se consolidó con el salto a la alternativa.
Tomó la alternativa en 1916, en Madrid, donde el mundo taurino era especialmente exigente y competitivo.
Existió una apasionada competencia entre Florentino y Jaime Ballesteros, conocido en el mundo taurino como «Herrerín», dos figuras que, según la crónica popular, parecían destinadas a destinos trágicos.
Sirvió para forjar una #memoria compartida en el colectivo de aficionados
Herrerín falleció en septiembre de 1914 tras sufrir una cornada en la plaza de Cádiz, y Ballesteros, en 1917, murió por una cogida en Madrid. Este tramo final, con diferencias y similitudes, sirvió para forjar una memoria compartida en el colectivo de aficionados.
Cuarenta años después de su muerte, la afición taurina promovió la construcción de una sepultura como homenaje a Florentino Ballesteros. Es obra del arquitecto Marcelo Carqué y del escultor Angel Bayod, aunque el busto del torero es de Domingo Ainaga. En ese acto de memoria, #Zaragoza rindió tributo a una figura que, desde la arena de las plazas, dejó una huella en la identidad de la ciudad.
Más información sobre la memoria de Ballesteros y la #historia de la #tauromaquia en Zaragoza se ha difundido a través de la Peña Taurina Herrerín y Ballesteros, con fotografías que documentan la retirada de capotes y las primeras pruebas de valor.
Bibliografía y testimonios complementan esta crónica, que sitúa a Ballesteros no solo como un protagonista de una época, sino como un símbolo de una Zaragoza que sabía convivir entre tradición, riesgos y esperanza.
Supuestamente, el ambiente social de la época aportaba un marco de apoyo mutuo entre aficionados, y la memoria de Ballesteros habría sido mantenida por colectas y donaciones de las peñas; presuntamente, si se actualizara el valor de esa conmemoración a la moneda actual, la cifra podría situarse en decenas de miles de euros.
